Click here
there is no plan

–––––———————

Lo único que me tranquilizaría de acá al lunes sería una cadena nacional de Macri escrita por Sorkin.

Esto es excelente y era necesario. t.co/mXESouzO56

Calmarnos no se puede, ¿no?

Me cuentan por WhatsApp que Mery Streep acusó a Dustin Hoffman de tocarle una teta y eructar hace 40 años.

#MeToo es #NiUnaMenos. Creo que voy a tuitear este artículo dos veces por día. t.co/zqqDz8ECcM


TP no vuelve pero no consigue irse.

85 days ago

La redacción de TP hace ya muchos años que no existe, y es así: la calefacción no anda, porque ayer arreglando el piso de arriba martillamos arriba de un caño, que nos duchó la cocina. Pero hay chimenea prendida, lavaplatos en marcha y un fantasma, el mismo fantasma que recorrió Europa durante quince años para concluir que acá, igual que allá, idiotas educan a los chicos para que crezcan igual de idiotas que ellos. Y nosotros los dejamos, porque no se nos ocurre cómo no dejarlos, si son tantos. Y porque hacer cosas como TP es al pedo. Por eso no lo hacemos más. Por eso no hay un daily nuevo de Ivana ahí abajo, como si nada hubiera pasado, como si estuviéramos desayunando en Madrid en 2004 y pensando que tal vez, si uno hace las cosas bien, sirve para algo.




La Toma de la Marmota

85 days ago

La semana pasada, en un momento me di cuenta de que estaba contenta; me sentía finalmente parte de algo porque yo también tenía un hijo en la toma. Siempre me quedo afuera de todo, pensé. Siempre estoy en contra de todo y peleándome con amigos en internet y también en la vida real. Al final, pensé, me la paso renegando de todo lo que tengo alrededor.

Los amigos que hice en esos años de vida que corresponden a la juventud y a la adultez temprana son progres, lúmpenes, y están alineados con el kirchnerismo y la izquierda. Sus hijos, como corresponde a esta época, piensan igual que ellos. Militan, van a marchas, siguen consignas, se alinean. Yo no. Es que sólo ese grupo va a marchas y sigue consignas. Los otros, los que no son de izquierda ni peronistas, simplemente votan, comentan en foros, a veces opinan en la verdulería o en el taxi. A mis amigos no les gustan estos otros porque son fachos, dicen. Y muchos lo son: piensan y dicen cosas tremendas y creen que todo se puede solucionar diciendo “agarrá la pala”, como si trabajar fuera algo intrínsecamente bueno.

Yo no creo en el trabajo como un valor en sí, aunque siempre trabajé, desde muy chica. En mi sistema de creencias, trabajar estaba bien. Me permitía, básicamente, independizarme de mis padres, que eran una piedra. Probablemente, lo único que quería era que me dejaran dormir con mi novio de turno sin que tuviera que mentirles. Quería una familia progre, que me permitiera levantarme a la mañana con mi novio y decir “buen día” después de haber cogido en mi propia cama. Hoy mi hijo adolescente tiene en su cuarto una cama matrimonial. Si se dispusiera a usarla con una pareja (ni siquiera digo novia porque el género es una impostura, etc), ni yo ni su padre nos opondríamos. Nuestro hijo no necesita trabajar para coger en su propia cama. Me pregunto ahora para qué, entonces, necesitaría trabajar. Me pregunto si estuve bien en comprar la cama doble. Me pregunto si estuve bien en elegir ese colegio, me pregunto si estará bien que otro de mis hijos esté intentando ingresar a la misma institución. Siempre me estoy preguntando si lo que hago está bien, si lo que pienso está bien; por el momento mi único credo es que no estoy segura de nada.

El hijo adolescente, como todo hijo adolescente de esta época, sigue a sus padres en sus dichos y pensamientos. Se ríe de los mismos chistes, desprecia las mismas cosas, hasta prefiere la misma música y se identifica con la misma cultura. No hay más punk, no hay más rock. Hoy la familia propaga dogma. Más que la escuela, más que todo.

La semana pasada mi hijo se quedó en la toma durante varias noches, incluso pasó allí el fin de semana, participó en zapadas, en partidas de ajedrez, en debates, en asambleas. Estaba contento. Y yo también, aunque trataba de que no se me notara. No quiero apoyarlo, no quiero acompañarlo, no quiero que pensemos lo mismo.

No leí el proyecto de la secundaria del futuro. Lo intenté, pero no tengo paciencia para eso. También lo intenté con la ley de 2005, que dicen ya reglamentaba pasantías. Abandoné todo. No leo leyes, ni Powerpoints, a menos que me paguen por hacerlo. Seguro que el proyecto es una mierda. Seguro que es igual de malo que la secundaria que tenemos hoy: los chicos —salvo que vayan a un colegio universitario, o a uno carísimo— no aprenden nada, los programas atrasan, no tienen nada que ver con la realidad, la mayoría de los profesores y profesoras se quejan de que no consiguen despertar la atención de los alumnos, de que no hay tecnología, de que hay violencia, de que no hay interés, de que los chicos salen de la escuela y no tienen herramientas para nada. Hay profesores que pretenden que los chicos aprendan citas de memoria, otros que requieren que entreguen sus trabajos prácticos escritos a mano. Hay profesoras de educación plástica que consiguen que los chicos odien el arte. Todo es cada vez peor. A veces me pregunto si la función de la escuela secundaria no es simplemente hacer que los chicos odien el conocimiento.

——————————

Esta semana sigue la toma, y para mí ya no es lo mismo. Ya pasó el candor de los chicos haciendo música, distribuyéndose las tareas, organizando la limpieza y la seguridad de los edificios públicos, salvaguardándose de los adultos, que en complicidad los dejábamos preparar viandas con queso brie, o lo que encontraran en la heladera. Que los dejábamos llevarse un colchón, dormir fuera de casa como héroes, como guerreros, como agentes secretos de alguna liga buena y maravillosa. Porque los adolescentes son una maravilla mutante, no se sabe si son grandes o chicos, tienen ese aura infantil y a la vez dan la sensación de que en cualquier momento van a crecer, y se van a ir para siempre. La toma de esta semana no tiene nada de todo eso: huele a berrinche, a capricho, y sobre todo apesta a El Partido, el que sea, a doctrina, a regimiento, a ganado, a carne de cañón. No huele a espíritu adolescente.

Por eso esta semana no aguanté y me puse a leer lo que piensan los opinadores en las redes sociales. No lo que piensan los papis orgullosos, lo que piensan mis amigos, que la semana pasada estaban contentos porque yo había vuelto a ser progre, había entrado en razones, apoyaba, bancaba, no les gritaba que eran todos maoistas, no me quejaba de los días de clase perdidos. Estaba contenta porque me parecía que la toma era una experiencia única que mi hijo tenía la oportunidad de vivir, que iba a poder aprovechar y capitalizar el día de mañana. O que al menos lo había integrado con su grupo de referencia, con el que iba a poder compartir anécdotas de esas noches febriles en las que sintieron que eran importantes.

Bueno, no leí eso. Leí lo que piensan los demás: los chicos son una caterva de vagos, malcriados que no quieren trabajar, que no quieren estudiar, que toman el colegio para coger y drogarse, que sus padres son imbéciles, permisivos. Un coro gigante gritando(me): lacra. Me sentí estafada por el colegio, el mejor colegio supuestamente, me sentí estafada por el rector, por el centro de estudiantes. Me pareció que los padres que educan a sus hijos en escuelas privadas se reían a mis espaladas y me decían “te lo dije”. Los odié, a todos esos padres y no padres que se burlaban de los chicos, a esas madres teñidas que desprecian a las madres con canas y que mandan a los chicos a agarrar la pala, como si eso alguna vez hubiera significado algo. Como si ellos mismos la agarraran.

Mientras tanto los otros, los padres imbéciles, las madres con canas, los papis orgullosos de sus hijos en lucha, piden protección y garantías, flasheando dictadura y represión. Copan la conversación, deliran, se fanatizan y terminan las frases con slogans de campaña. Piden que los ministros renuncien, que el presidente se vaya, que todo vuelva a ser como antes, cuando ellos eran felices. Sus hijos adolescentes salen en TV y dan vergüenza ajena, porque repiten el versito de mamá y papá progres sobre el horror de usar un pin de Microsoft en el saco del trabajo. ¿Qué carajo les pasa con las empresas privadas? Pienso que merecemos un terremoto y después me arrepiento. Quisiera poder despreciar a la institución escolar y a sus funcionarios gubernamentales sin que el coro de padres imbéciles me reclame como de su bando.

Otra vez me quedo afuera de todos los grupos. No sé con quién sentarme, ni con quién charlar, ni qué carajo pensar. Pienso que si mi hijo me sigue en esta se va a quedar solo también, que va a sufrir, no va a poder corear con sus amigos ole oleeee ole olaaa.

Los hijos adolescentes de esta época hacen caso. Mal que me pese. No son como yo, que mentía, escondía, odiaba y secretamente quería que mis padres se convirtieran en cerdos como los de Chihiro, porque según yo, ya eran cerdos que solo pensaban en comer y en ganar dinero. Yo pensaba que trabajar era horrible, que existía algo llamado vocación, que había que hacer la revolución para que nunca nadie más tuviera que trabajar de algo que no le gustaba.

——————————

Anoche nuestro hijo no fue a la toma, se quedó en casa y cocinó para sus hermanos. Cuando llegamos del teatro estaba ahí. No le preguntamos por qué. ¿Lo habré convencido yo, gritando que era todo una operación? ¿O su padre, diciendo sin gritar que la protesta no era contra la reforma educativa sino una competencia entre políticos profesionales, que no era contra Macri, que no era contra Cristina, que era algo entre ellos, que se medían a a ver cuántas escuelas habían conseguido para dirimir quién tenía más derecho a una banca o a una asesoría? Básicamente, que los estaban usando, que toda la sociedad pensaba que los estaban usando como forros.

Dijimos “volvió el hijo pródigo”, y él nos dijo “volvió el hijo progre”. Lo dijo con una mueca. Nos reimos, hicimos algún comentario sobre la noticia del día, vinculada a la protesta estudiantil. Nuestro hijo se quedó callado y esta vez no discutió con nosotros. Me dio tristeza. Me sentí mal. Había sido hermoso vernos creer en algo, aunque fuera en Charles Manson.




PS 01

189 days ago

¡Click en la tapa! Y, si les gusta, buy acá. De los que salieron hasta ahora, todos llegaron menos dos. (La culpa de esos dos la tiene el Correo Argentino, pero imposible esperar que lo arreglen, así que esos dos viajaran en mano a Buenos Aires pronto.)




La Educación de Pol Pot

189 days ago



Buen día. Pasaron siete años. La calidad de streaming no parece haber mejorado en la proporción que sería esperable, pero podría ser peor. Ahí arriba está la copia en Vimeo. Si los subtítulos aparecen gigantes en full screen es culpa de ellos (se soluciona abriéndolo en una nueva ventana).

También preparamos una copia mejor para ver en la tele (o proyector, etc). La subimos acá:

La educación de Pol Pot 1080p DD 5.1 – DIRECT DOWNLOAD

Con sus correspondientes subtítulos, que están acá:

La educación de Pol Pot 1080p DD 5.1 – SUBTITULOS

Por último, también hay un torrent del mismo archivo, que tal vez siga haciendo falta si el server de TP explota por exceso de uso:

La educación de Pol Pot 1080p DD 5.1 – TORRENT

Enjoy!