there is no plan

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Volviendo a casa a las dos de la mañana me encontré con un gaucho. Un gaucho joven, real, de La Pampa. En los South Downs.

Tengo un pelotudo de Perfil defendiendo a Graña. Se hace un favor enorme.

Una agresión terrible: les pidieron que dijeran la verdad. t.co/JNI1FeK3oS

Odio el invierno pero esta parte me gusta. t.co/R8Y1ikqv1I

Mi teléfono ya sabe todo lo que tiene que saber sobre critica de cine. t.co/tOFE0yJT1U

los trabajos practicos

In Memoriam J.H.

6 08 2009 - 13:13

Malas noticias. Se murió John Hughes, nuestro Chéjov de los ’80, el tipo que nos justificó en nuestra condición de mencheviques aclarándonos que no era una enfermedad, sino más bien lo contrario. Nunca pensamos que su soporte terapéutico nos fuera a hacer falta dos décadas después, pero así están las cosas. A Hughes le perdonamos todo: las tres Home Alone (la culpa es de Columbus), las películas que hizo después de Plains, Trains & Automobiles y, por supuesto, su desempeño como musa involuntaria de Marcelo Piñeyro. Y ya nos estamos haciendo los cancheros sin darnos cuenta. Error. Porque a Piñeyro también habría que perdonarle Tango Feroz y Caballos Salvajes a esta altura, ¿no? Todas las personas que aprenden, todas las personas que intentan hacer su trabajo un poco mejor, todas las personas que cambian de opinión: el piso de la existencia civilizada es hoy un techo altísimo, y en homenaje a Hughes vamos a reconocerle brevemente el mérito a sus pares esta noche, empezando por Fito Páez.

No pasó nada con Fito Páez. No es noticia. Pero hoy, en la playa, me acordé de Un vestido y un amor, una canción fronteriza de Páez que nunca pude escuchar entera porque la letra me daba vergüenza, y de pronto, en una epifanía cuya relevancia está por verse, mientras se desataba una tormenta sobre las ruinas de Bishopstone, me di cuenta de que estaba bien igual (la canción) y de que el problema es uno. Dejemos vivir.

Hace semanas que no aparece nadie en la redacción de TP, y los viejos amigos dedican su tiempo a hablar mal de “el campo”. Es una depresión absoluta. Mala suerte. La vida es breve. No habrá radio en vivo hasta nuevo aviso, porque acá es verano y la idea de hablarle a la pared un domingo a la noche resulta mucho menos tentadora que darle de comer a los erizos (tuvieron cría, hay como siete dando vueltas por el jardín). En cuanto al resto, nadie sabe. Seguimos improvisando.