Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Diario del Mundial # 12.4

20 06 2006 - 19:24

Martes 20 de junio. 23 hs.

1. Hoy se produjeron dos records en cuanto a tarjetas amarillas. En Alemania-Ecuador se sacaron apenas dos mientras que en Costa Rica-Polonia fueron al menos nueve. En Inglaterra-Suecia también fueron muy pocas: tan sólo tres. Alemania y Ecuador, como vimos, fue un partido muy especial, donde los jugadores no se emplearon a fondo. Pero los otros dos sí fueron partidos como los demás, por lo que es muy interesante compararlos e intentar explicar lo ocurrido.

2. Descartando que la razón sea la diferencia entre los árbitros de cada encuentro (a esta altura está claro que, salvo matices, todos proceden de manera parecida), hay una diferencia importante entre ambos partidos. En Inglaterra-Suecia, los jugadores se cuidaron de las amonestaciones porque seguían en el campeonato. En el otro, en el que se despedían del mundial, nada podía importarles menos que ser amonestados y no se cuidaron. Ahora bien, ¿qué quiere decir que se cuidaran o que no se cuidaran? Los dos partidos fueron muy correctos, como han sido todos los del campeonato. Pero en el de la despedida, los jugadores hicieron lo que hacen siempre: fue un partido “normal”, un empujoncito, una pelota tirada dos metros atrás en un tiro libre, etc. El otro fue un partido “mundial”, con los jugadores preparados para no ser víctimas de las estrictas recomendaciones para los árbitros.

3. Desde ya, no es que en uno hubo juego brusco y en el otro no, la razón supuesta para tantas preocupaciones. La diferencia reside, en cambio, en ese fair play trucho, artificial y tan falso como la corrección política: un acto de hipocresía. De hecho, uno de los caballitos de batalla a erradicar por la FIFA sigue imperando: se simula tanto o más que antes, con la diferencia de que ahora basta exagerar un roce, un empujón, un agarrón, el impacto del choque en una pelota dividida. Es fútbol de mentira, fútbol jardín de infantes. Y, ya lo dije pero es bueno repetirlo: al reducir los recursos defensivos individuales, los técnicos apelan cada vez más a los colectivos. Dicho en castellano, cada vez se defiende con más jugadores y los defensores atacan cada vez menos, porque no se atreven a quedar en igualdad numérica con los atacantes. Por este camino, seguirá aumentando el número de los que tratan de ganar provocando corners y tiros libres o aguardando el error ajeno.

4. Este fútbol cosmético que, como vimos hoy, no se juega ni siquiera en un mundial cuando las tensiones se relajan, no se jugará nunca en todas las ligas, en todas las categorías. Para eso haría falta un cambio mucho más profundo en las reglas y, más importante, una modificación drástica de los hábitos corporales practicados por generaciones. Ya vimos que sólo los equipos más importantes se adaptaron al cambio. Apenas se desciende un escalón en el nivel de profesionalismo, los jugadores no logran entender el nuevo sistema. Pero, al mismo tiempo, con tanto control y tanto rigor, se sigue protegiendo a los poderosos, se cometen errores, arbitrariedades y abusos aunque es un poco más fácil disimularlos. Hoy, es muy difícil darse cuenta si los fallos de un árbitro son acertados. Si una jugada es para roja, para amarilla, para infracción o para nada, sobre todo por televisión. Las repiten diez veces y solo son concluyentes para los periodistas o para Castrilli (que siempre dirigió para los periodistas). Pero, además, todo el mundo sabe que si realmente se sancionara cada minucia como parece querer la FIFA, no se podría jugar a menos que el fútbol cambiara de naturaleza. Se dejan pasar agarrones, protestas, demoras, faltas fuertes. Lo que se está viendo, entonces, es una parodia en la que se pretende que los árbitros son absolutamente estrictos.

5. Y otra cosa. Se viene hablando de los resbalones que provocan los campos de juego con su particular superficie. Hoy, en Inglaterra-Suecia, se lesionó Michael Owen. Fue al minuto de juego y pareció un problema serio en la rodilla. En Paraguay-Trinidad y Tobago, le pasó lo mismo al número 13 de Trinidad, Cornell Glen. En la repetición, se puede ver como el jugador apoya mal el pie y, mientras le claudica la rodilla, se levanta una mata de pasto. Dos lesiones graves de rodilla en un día es mucho para las estadísticas. Da la impresión de que son las canchas las que las provocan y es posible que hayan quedado peor después de la lluvia de ayer. Ya no son solo resbalones, son amenazas serias para la carrera de los jugadores. Espero equivocarme, pero creo que veremos más lesiones de estas. La FIFA y su mascarón Beckenbauer deberían responder por la elección de estos terrenos de juego. Es notorio que a los jugadores les duele cada caída y que el juego se interrumpe a cada rato. Tal vez sea un disparate, pero si es verdad que las canchas son realmente peligrosas, el que corre peligro es el campeonato mismo. Pero, ¿no ven ustedes algo raro en el modo en el que corren a veces los jugadores? Tal vez sea mi imaginación.

6. Escribe Gustavo Noriega en relación con la entrada anterior de este diario: “Cambiasso-Crespo no fue una pared?” Contesto: “¿La del taco? Sí, fue, pero lenta y en la que sorprende el destino de la pelota. La pelota queda ahí y Crespo tira el taco. No es la pared tradicional como la que hizo Pipino, o Pelé–Coutinho, donde los dos jugadores saben cómo es la jugada. Por ahí me expresé mal, vi peor o el tema es muy complicado.” Qué sé yo.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


————————————

Del mismo autor:
Ultimas obsesiones
Fútbol por TV #9
Fútbol por TV #8
Fútbol por TV #7
Fútbol por TV #6
Fútbol por TV #5
Fútbol por TV #4
Fútbol por TV #3
Fútbol por TV #2
Fútbol por TV