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Diario del Mundial # 13.3

21 06 2006 - 15:41

Miércoles 21 de junio. 19.30 hs.

1. Es difícil evaluar a los equipos en un partido como Argentina (0) – Holanda (0), que fue intenso pero en el que ninguno se empleó totalmente. No es que hayan salido a empatar, pero el resultado los conformaba a los dos y eso es fundamental a la hora del análisis. ¿Cuánto resto tienen Argentina y Holanda que no han sido probados a fondo hasta ahora? Todavía seguimos sin saberlo.

2. De todos modos, Holanda demostró ser un equipo sólido, que tiene lo necesario para seguir adelante en el torneo. Lo respetó mucho a Argentina, salió a marcarlo con dedicación y mientras los dos estuvieron enteros, fue el que llevó la peor parte. Al final, en cambio, terminó dominando el campo y teniendo la pelota aunque sus centros nunca llevaron un peligro extremo. El termómetro del partido lo dan las tarjetas amarillas. Con un árbitro que las sacó ante cada foul más o menos fuerte (y por ninguna otra causa) y aunque los jugadores se cuidaron de recibirlas, fueron tres para Holanda primero y dos para Argentina después, de acuerdo con la dosis de preocupación por el ataque del otro que tuvo alternativamente cada equipo.

3. Por lo visto hasta ahora, Argentina es un equipo de primeros tiempos. Con Crespo y Saviola o con Tevez y Messi, en los tres partidos jugó mejor en la primera parte que en la segunda. Si contra Serbia tuvo un renacer al final fue, en buena medida, porque los jugadores de refresco entraron contra un equipo destruido anímica y físicamente. Hoy, hacia la media hora del primer tiempo, Argentina parecía netamente superior. Con un control prolijo y casi absoluto de la pelota, con Riquelme perfecto y con momentos de extrema exquisitez, con Tevez y Rodríguez inspirados y el resto del equipo apretando a los holandeses contra su arco, parecía que los goles eran una cuestión de tiempo. Pero el mismo minuto de la segunda parte, marcó el momento en que Argentina necesitó de los cambios porque se ahogaba: ya no llegaba y Holanda le había sacado la pelota. Como había ocurrido en el primer partido, los suplentes (Cruz y Aimar en este caso), no resolvieron el problema.

4. Es que Argentina es un equipo cuando avanza con mucha gente, cuando toca y se asocia con movilidad, cuando está al máximo físicamente, que cuando empieza a cansarse, intenta jugar al contragolpe y depende de una corrida aislada, de que la habilidad individual de uno de sus jugadores resuelva el partido. Ni contra Costa de Marfil ni contra Holanda se produjo ese acto heroico. Como contrapartida, cuando el rival empieza a tener la pelota, el sufrimiento va en aumento. Hoy (aunque, en el descuento, un pase de Abbondanzieri a Tevez casi define el partido) terminó pidiendo la hora después de cinco minutos finales en los que Holanda atacó sin tregua.

5. Cuando está entero, Argentina juega mejor que ningún equipo en este torneo (y en muchos otros torneos). Cuando baja su rendimiento porque el cansancio disminuye la precisión, está parejo con varios, tal vez un poco por debajo de los que tienen un gran poderío físico. Holanda, Alemania y Brasil tienen esa ventaja. Curiosamente, no parece una cuestión de nombres. Las largas polémicas sobre la formación del seleccionado argentino comienzan a parecer estériles frente a tres partidos en los que los de adelante son casi parejamente eficientes, pero los del medio no tienen reemplazo y se van cansando con el correr del partido. Cuando eso ocurre, las líneas argentinas quedan cortadas, la pelota no llega arriba y es la hora de sufrir.

6. Pero, antes del torneo, incluso antes del partido de hoy, todo el mundo (desde los hinchas hasta los rivales) sabía que Argentina tenía un arma secreta para definir los partidos. Por supuesto, estamos hablando de Messi. Hoy Messi no jugó mal, participó de la circulación argentina del primer tiempo, pero le quitaron la pelota cada vez que intentó penetrar en el área con una jugada personal. Messi es un jugador distinto. La expresión es un lugar común del fútbol. Pero en este caso es cierto y ese es un problema para él. Porque siendo dueño de una destreza superior a casi todos o tal vez a todos los colegas, ¿cómo juega Messi? De qué juega, cuales son sus rutinas, sus circuitos, sus perfiles, sus jugadas favoritas. Es tan joven y, sobre todo, ha jugado tan poco (no tiene como Maradona a esa edad muchos años de primera división y de selecciones) que es una incógnita hasta para sí mismo. La cara de Messi, con toda la presión que su condición de prematura estrella le ha impuesto, habla hoy de un joven en conflicto que sigue sujeto a examen. Messi todavía tiene que explotar en este mundial, pero no es seguro que vaya a hacerlo.

7. Carlitos Tevez, en cambio, está en la plenitud de su juego, de su contagiosa alegría futbolística y humana. Y también lo está Maxi Rodríguez. No sé si Rodríguez jugó alguna vez al nivel actual. En el primer tiempo ganó todas las pelotas que disputó y tuvo una enorme lucidez para jugarlas. Y hay otro jugador que parece haber progresado con la camiseta nacional: es Abbondanzieri. ¿No parece, incluso, más elegante que siempre? En otros puestos, Argentina sintió hoy la ausencia de Sorín: Cufré no jugó mal pero fue menos al ataque. Milito no es tan seguro como Heinze, Collocini sufrió como Burdisso por la derecha de la defensa. Ninguno desentonó.

8. Me gustaría conocer más al equipo holandés, distinguir algo más que una colección de camisetas naranjas en las que es muy difícil ver los números. Creo que esperaron con paciencia su momento y casi les llega. Y estoy seguro de que son un buen equipo, al que no le vendría mal un poco más de habilidad y tirar menos pelotazos. Su próximo adversario es Portugal, al que le debería ganar y después le toca posiblemente Inglaterra. Tampoco es un rival tan difícil.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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