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Diario del Mundial # 16.1

24 06 2006 - 10:38

Sábado 24 de junio. 14.30 hs.

1. Tenía ganas de ver lo que después resultó Alemania (2 ) – Suecia (0). Eran dos de los equipos nobles del mundial, salían a atacar y no especulaban. Los suecos más limitados, tirando muchos centros. Los alemanes con más recursos, uno de los grandes candidatos. Tenía que ser partido abierto y bien jugado.

2. Lo que sucedió, como suele ocurrir, no fue lo previsto. Pero, en el balance, el partido fue bueno, aunque corto. Duró exactamente 34 minutos. A los 11 minutos, Alemania ya ganaba dos a cero y demostraba una neta superioridad. Se jugaba abierto, pero a cada ataque de los suecos correspondían cinco de los alemanes.

3. Klosse estaba dando una cátedra de cómo debe jugar un delantero. Ingenioso, hábil, generoso, con un gran despliegue en el campo y una enorme precisión en el área. Dos brillantes jugadas suyas habían producido los dos goles de Podolsky. Pero el partido seguía en ese tren y Alemania se floreaba con actuaciones muy sólidas de Lahm, de Frings, de Sneider, de Ballack. El arquero sueco Isaksson salvaba la goleada. De vez en cuando también había algún peligro en el área alemana. Era un partido extraordinario y la actuación de los alemanes descollante.

4. Pero llegó el minuto 34 y el árbitro brasileño Carlos Simon expulsó al número 4 sueco Lucic por dos tarjetas amarillas ante dos faltitas (la primera, para colmo, la sacó para compensar una amarilla anterior a un alemán). Es muy desagradable que los árbitros dejen un equipo con diez sin motivo alguno y arruinen los partidos. Pero así fue en este caso. Para colmo, la expulsión provocó una de las fotos más feas del mundial: la de Podolsky aplaudiendo y palmeando a Simon en la espalda por haber expulsado a un adversario. A ambos debería darle vergüenza.

5. Y el partido, que hasta ahí era de ida y vuelta, de pronto se enfrió completamente. La intervención externa del réferi alterando la lógica del partido lo arruinó. Los suecos se resignaron a la derrota y los alemanes empezaron a pensar que ya estaba definido y a preocuparse por el próximo partido. De nada sirve forzar una goleada contra un equipo disminuido para perder en la siguiente fase. Así que todos bajaron la velocidad y apagaron el entusiasmo y ahí se acabó todo.

6. El segundo tiempo fue un trámite. Pudo revitalizarse de entrada, cuando Simon inventó un penal para los suecos que Larsson tiró a las nubes. Allí los suecos se deprimieron más todavía. Después, Ballack siguió pateando al arco cada pelota que pescó fuera del área, buscando el gol propio que no llegó y el arquero salvando un par de situaciones más. Y así se llegó al final de una dosis demasiado breve del mejor fútbol.

7. Un recordatorio insidioso. De este gran delantero que es Klosse, que está deslumbrando en el torneo, los periodistas decían de él en el mundial pasado que era un burro y, como sólo le tocó convertir goles de cabeza, que no tenía pies. Lo que no tienen algunos comentaristas son ojos.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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