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La biaba y el rango

26 06 2006 - 14:01

Veo que la gente va comprendiendo que cuando juega Argentina no estamos viendo un partido de futbol sino a nuestros corazones perseguidos por los cuchillos aztecas que los quieren llevar a la pira sacrificial. No pudieron. Ifigenia los distrajo y Agamamenón se las embocó.

Me parece que el desmadre que produce este mundial es más agudo que los anteriores. Mi mujer sucumbió de espaldas bajo el sillón-hamaca cuando se tiró para atrás en el momento en que Crespito se perdió el gol por milímetros. Tiene un hematoma y el viernes no juega, está como Burdisso. A mi hija que cumplirá veinteseis años la vi dolorida hasta las lágrimas cuando el Maxi encañonó a Tenochtitlán. Lloraba de goce. Yo, bueno, yo, mientras mis amigos y familia, hasta el número de diesciseís estaban en el living frente al 29 pulgadas, me escondí en el dormitorio solo ante el de 21, encendido y sin voz, parado frente al espejo, gambeteando mi imagen. ¿Nunca se paran frente a un espejo y hacen morisquetas, en este caso tiros libres y gambetas con la puerta cerrada por si acaso pasa un enfermero?

No es fácil vivir uno por uno siete mil doscientos segundos. No se trata de contar hasta esa cifra sino de vivirla de una por vez. Perdón por lo que voy a decir: pero hay que ser boludo para aparecer en público y decir que el futbol tiene que ver con el fascismo o que los futboleros no son imparciales o que el machismo argentino se refleja en las actitudes de los hinchas. Los odiadores de hinchas ya que no es a la pelota a la que odian (¡la pelota no se ensucia, dijo Diego!) sino a nosotros porque estamos enamorados en vez de recitar burradas sociológicas no entienden que los verdaderos intelectuales – me refiero a los griegos de Atenas – sabían que la filosofía era una especialidad más de las famosas Olimpíadas, los pensadores no eran, todo lo contrario, odiadores del cuerpo.

Sócrates y Platón, por más ideas que se les ocurrieran, bien que iban a los gimnasios para jugar al rango con los pibes. Todos los que hemos jugado a las figuritas, los que hemos armados equipos con ellas y campeonatos con estadios de fantasía, quienes han esforzado sus gargantas con contracciones sonoras para simular el ruido ensordecedor de la tribuna, los que han construído un nido secreto a escondidas de los adultos para poder relatar sus propios partidos, quienes hemos jugado con pelota de trapo o con medias ( en mi casa habia muchas gracias a la labor paterna), aquel que se pasó las tardes solitarias tirando la de goma al frontón siendo delantero y arquero intermitentemente, quien tuvo la suerte de tener un hermano menor para golearlo día por medio, todos los que hemos vivido así en otros tiempos estamos marcados por el destino: somos HINCHAS.

Así es, somos hinchas de Platense, de Vélez, de River, del que sea, y todos juntos somos hinchas de la selección que es todos los equipos juntos. Por eso le ganamos nosotros a Méjico, por eso les daremos la biaba a las morcillas blancas con sus dos salamines de Cracovia incluídos.

Soy un hincha fisurado, como otros que escriben aquí y que prefiero no nombrar; nada tengo que ver con las hinchadas de completitos y sus bocinazos. Pertenezco a la banda de los irrecuperables, del hincha solitario que se comunica con otros hinchas solitarios a través de los dos Guillermos, el Raffo y el Gates.


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Del mismo autor:
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #4
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