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Diario del Mundial # 19.2

27 06 2006 - 15:51

Martes 27 de junio. 19.30 hs.

1. Por fin un partido de jerarquía, un partido de mundial. Francia (3) – España (1) fue, además, una gran sorpresa. A Francia se la había dado por desahuciada (incluso por mi parte) y España era la niña mimada del campeonato. Pero, finalmente, ambos volvieron a su historia. Francia a la solidez, la moral ganadora y el brillo individual, España al equipo timorato, que ilusiona a sus hinchas pero se queda siempre afuera en estas instancias del campeonato.

2. La alineación de Francia fue inesperada: Trezeguet afuera, Henry como único delantero, Zidane suelto para meter algún pase y Ribery, la figura de la cancha, en todas partes: corriendo, desbordando y llegando al gol. El rubio con las cicatrices en la cara había sido de titular en el primer partido, pero no confirmó lo que le habíamos visto en los amistosos. Pero hoy explotó.

3. A Francia le sobró garra con Zidane, Henry, Sagnol, Vieira, Ribery, Thuram, hasta Barthez: tipos complicados, mañosos, indóciles, pero buenos para las difíciles. Hoy a Francia le salió todo. Una defensa implacable con Sagnol a gran altura, un medio juego recuperado con el quite de Makelele, la lucidez y la calidad de Vieira y la habilitación rápida para el pique de Henry o de Ribery.

3. En España, por el contrario todos el mundo estuvo por debajo de sus posibilidades. De entrada, Aragonés juntó en el medio a los jugadores con más manejo —Xavi, Cesc, Raúl— y puso a Villa y Torres adelante. Una formación loable y ambiciosa, pero que resultó poco efectiva. Nervios, miedo escénico, exceso de responsabilidad ante el exitismo desmedido de la prensa, inexperiencia: es posible que esos factores hayan influido. Pero sobre todo, España tuvo una gran falta de personalidad futbolística. Aun ganando bien y fácil como contra Ucrania, nunca dejó de ser un equipo tibio, demasiado mecánico y sin un líder en la cancha.

4. Al principio, fue un ajedrez. Ambos estudiándose, tratando de controlar al contrario y de avanzar cautelosamente. El juego era prolijo y poco profundo aunque Francia insinuaba más. Esa fase del partido se terminó a los 26 minutos cuando el italiano Rosetti le cobró un penal más que dudoso a Thuram contra el defensor Pablo: la típica jugada en la que el pie del defensor hace un contacto leve contra el atacante y este se deja caer. Pero Villa pateó muy bien y España pasó a ganar en un mundial donde solo los grandes tienen la capacidad de revertir un resultado.

5. Y Francia jugó como un grande. No se mosqueó por la desventaja y el partido se hizo más abierto. Un gran pase de Vieira a Ribery, que el feo definió con clase, a los 40 marcó el empate. El segundo tiempo siguió igual, con Francia más peligroso y España confundido. En realidad, los españoles no crearon una sola ocasión de gol (ni la jugada del penal). Francia no tuvo muchas tampoco, pero fueron claras. El técnico español se fue equivocando con los cambios: primero sacó a Raúl y a Villa para poner al embarullado Joaquín (un puntero que nunca las termina bien) y al muy intrascendente Luis García (no pude averiguar de qué juega ni qué sabe hacer, no me parece un jugador de selección). Después, como Francia dominaba, hizo un cambio peor, sacó a Xavi para poner al defensivo Senna y así fue perdiendo manejo y posibilidades ofensivas. Domenech, en cambio, se alentó: sacó al medio Malouda y puso al delantero Govou.

6. Faltando ocho, por decantación como se suele decir, llegó el gol francés. Una carambola después de un tiro libre, cuando España oponía cada vez menos resistencia. En el tiempo restante, los españoles simularon atacar, pero el partido ya estaba definido. A los 91 hubo un contragolpe francés: Wiltord, que había entrado por Henry, le dio un pase a Zidane que entró, gambeteó a un defensor y le pegó a un rincón. Fue el gol que más grité en este campeonato. Zidane fue injustamente vapuleado por esta prensa obtusa, mezquina e irreverente que soportamos a diario. Se merecía esta reivindicación. Ahora van a decir que hoy sí jugó bien. No es verdad, jugó como en los otros partidos: es viejo, está golpeado y tiene un físico muy grande como para recuperarse fácilmente. Pero hace lo que puede para el equipo: tirar los corners, meter algún pase de gol, protestarle al árbitro y contagiar grandeza. Se merecía esta revancha (y nosotros también).

7. Así como hay un feo estilo italiano para jugar, hay un feo estilo italiano para dirigir. Consiste en cobrar todo: contacto, mancha, soplido, mal aliento. Así dirige Rosetti y eso incluye ese penal mistongo, de los que no deberían cobrarse. Pero hizo un arbitraje coherente y, a su manera, desobedeció a la FIFA. Pitó muchas infracciones, pero prefirió advertir a abusar de las tarjetas (sacó la primera a los 67 minutos). Los hay peores. (Pero debo decir que si España ganaba con ese penal, me moría de la bronca).

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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