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Diario del Mundial # 20.0

28 06 2006 - 17:41

Miércoles 28 de junio. 21 hs.

1. Hoy es el primer día sin partidos. Para satisfacer la inquietud de Tomás Abraham, debo decir que me siento un poco raro, pero de un humor excelente. Aunque lo mío fue de orden compulsivo y no haya mérito en esta tarea, siento el cansancio de los héroes, esas ganas de fumarme un Camel. En San Clemente, efectivamente hace frío y en estos días llueve con la presión atmosférica muy alta. Hace tiempo que tenemos una especie de barómetro electrónico que pronostica lluvia cuando la presión baja pero desde hace tres días hay un sol radiante en la pantalla y llueve a cada rato. Un meteorólogo que explique esto, por favor.

2. Correspondencia atrasada. Agradezco a varios lectores que durante estos días corrigieron errores o aportaron datos útiles. Menciono sólo a los últimos. Diego Batlle se enteró casi de inmediato que el ruso Ivanov había batido el record mundial de tarjetas y me lo hizo saber. Marcelo Menéndez mandó la foto del gol de Crespo contra México, donde se ve claramente que el pie del delantero se hunde en la pelota, cuando todos los comentaristas decían que había sido claramente de Borgetti. Mientras que la foto terminó saliendo en todos los diarios, no he logrado ver todavía una toma de la televisión que lo muestre. Este debe ser el mundial en el que menos se han repetido los partidos. En lugar de ello, asistimos a la cobertura de los cronistas (y conductores varios) apostados en Alemania, transmitiendo a las cinco de la mañana de allá (cuando no se genera ninguna noticia) exhaustos, entrevistando alemanes borrachos y demostrando que si miran los partidos, no ponen atención.

3. Ayer lo vi a Dolina en el programa de Santo Biasatti quejarse de la cobertura del mundial. Intentaba sugerir que podía ser mejor, que no había razón para que fuera así de espantosa. El reclamo cívico no encontró mucho eco en los otros escritores del panel. Giardinelli decía que él apagaba la tele cuando terminaban los partidos (como sugiriendo: “Esos problemas no los tengo, porque no soy grasa como vos”), mientras que el posmoderno Sergio Olguín negaba de plano: “La cobertura es inmejorable”, decía. Y Sasturain (creo que era Sasturain), generalizando, repetía que como todo era un gran negocio pasaba lo que pasaba. Había también una mujer que protestaba, pero no la reconocí. Es como si el sencillo rechazo de Dolina fuera absurdo porque todo el mundo debería resignarse a que el fútbol sea reducido a su mínimo denominador intelectual.

4. Por ejemplo, también se supone que hay que resignarse a los arbitrajes y a su absurdo e hipócrita sistema ideado por el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, que antes se desempeñaba como presidente del comité arbitral. Nuestro corresponsal Van Bueren lo llama “este estúpido Blatter, el corrupto Guasón”. Al respecto, también nos escribió desde España el lector José María de la Paz Aguilar, para contar que “este año la FIFA ha organizado un comité especial para designar y controlar a los árbitros, y el que dirige este comité es Ángel María Villar, presidente de la Fed., Española de Fútbol: UN CORRUPTO DE LOS BUENOS. Si buscas en Google verás algún que otro escándalo…”

5. A lo que no hay más remedio que resignarse es a que Riquelme sea destruido por la prensa argentina. Si Argentina no gana el campeonato, será el exclusivo culpable de la derrota (junto con Pekerman, claro). Sería muy cruel y muy desagradable que pase eso, dado que se trata de uno de los grandes jugadores que tuvo la selección argentina, moral y futbolísticamente. Cuando Riquelme asume el peso del partido (¿vieron jugar a España, ayer, con los jugadores escondidos?) se dice que juega para él y que hace lento al equipo. Contra México, además de sacrificarse y correr como nunca, además de lograr finalmente imponerle al partido el ritmo que necesitaba su equipo, Riquelme metió cuatro pases de gol, entre ellos el del gol mal anulado. Si lo hubieran convalidado y Argentina ganaba de ese modo, hubiera sido inocultable que la victoria provenía de una genialidad de Riquelme. ¡Pero el pase fue genial igual!

6. Igual, me temo que esto no tiene arreglo. Siempre el mejor es el que no juega. En el mundial anterior eran Aimar y Crespo. Esta vez serán Aimar, Messi y Tevez. Hay algo peor, que es la bronca que nuestra crítica deportiva tiene con alguien que se anima a confiarle el equipo a un jugador como Riquelme y con el jugador mismo, por su valentía y su genuino protagonismo. El otro día veía como después de Argentina – México se hablaba de la buena actuación del equipo mexicano, pero no de los futbolistas: todo el mérito era del entrenador Lavolpe. No sé qué reflejo autoritario hace que los periodistas locales (una inmensa mayoría, al menos) odien a los jugadores con calidad y carisma y prefieran que los partidos los manejen técnicos dictatoriales, de los que sacan siempre al que más sabe jugar.

6. Es gracioso, porque de todos los técnicos de este mundial, el que más se ajusta a ese parámetro, el más amarrete, defensivo, calculador y mañoso es el sueco Eriksson, que dirige a Inglaterra. Los comentaristas deberían hacerle un monumento, porque es el que más se identifica con el estilo que les gusta. Pero como también son nacionalistas, no pueden elogiar al equipo inglés, no sea que los acusen de cipayos. Al respecto, es curioso que todos estos tipos que se envuelven en la bandera quieren secretamente que Argentina pierda, para volver a predicar sus verdades de tres centavos que se reducen a un único precepto: que no es mejor el que mejor juega sino el que menos arriesga.

5. Seis de los ocho equipos que siguen vivos son ex campeones y ninguno ha quedado afuera, lo que consolida las tendencias que marcamos antes de empezar el torneo. Argentina tiene un fixture imposible: si le gana a Alemania, le esperan probablemente otros dos ex campeones. Es muy difícil que pueda lograrlo.

6. El recordatorio insidioso. Después de lo de ayer de Zidane, ¿qué habrán dicho esos periodistas que antes del partido afirmaban que, dada su vejez y su lentitud, el técnico francés tenía que sacarlo del equipo si los franceses querían tener alguna chance contra España? Era otra vez el mismo esquema de razonamiento que con Riquelme. Lo que me asombra de estos discursos es su elevado grado de crueldad, no sólo contra los jugadores (a los que tratan como si fueran capitalistas que justifican el despido de sus obreros), sino contra los aficionados, a los que se les dice que sólo pueden admirar al que hizo el último gol y que no deben esperar otro placer del juego que el de una victoria obtenida del modo más avaro.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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