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Diario del Mundial # 21.0

29 06 2006 - 14:54

Jueves 29 de junio. 18.30 hs.

1. Acabo de enterarme de una noticia trágica: la sorpresiva muerte de Fabián Bielinsky, cineasta argentino, de un infarto en San Pablo. Tenía 47 años. Conocía su oficio, tenía legítimas ambiciones artísticas y parecía, en lo poco que lo traté, una buena persona.

2. Argentina y Alemania es un partido grande, entre dos seleccionados que quieren tienen legítimas aspiraciones a ganar el mundial y quieren hacerlo atacando y jugando bien. Por más que se digan otras cosas y que el exitismo domine al amparo de las hordas patrióticas y de los que afirman que lo mejor es ganar uno a cero con un gol con la mano es en realidad la imaginaria confrontación de dos equipos nobles que salen a jugar y entregarse lo que sostiene un evento tan oneroso, hipócrita y mercenario como el mundial. El día en el que no haya nada admirable en el equipo contrario o nada en el propio más que su victoria, el día en el que se juegue a puro cinismo, el día en el que la generosidad y la belleza sean desterradas, se acabará no sólo el fútbol como deporte sino el negocio mismo. Esos que con la excusa de trivialidades que se pretenden tácticas o estratégicas han hecho un dogma de predicar contra el sueño de la libertad y el lirismo no advierten que es ese sueño, al que no le adjudican valor alguno, el que les da de comer. Nadie necesita periodistas deportivos para comentar sorteos de la lotería ni ejercicios militares.

3. Árbitros. Se conoció la lista de los árbitros que quedan en el mundial. Son doce. Seis son los mejores que hubo en el campeonato: Elizondo (Argentina), Larrionda (Uruguay), Archundia (México), Shield (Australia), Bussaca (Suiza) y Rosetti (Italia). Es curioso (pero, a la vez, un alivio), que Archundia y Bussaca, que ignoraron olímpicamente las indicaciones de FIFA, sigan en el campeonato. Otros dos réferis corresponden a África y Asia respectivamente y su permanencia obedece a razones geopolíticas (aunque arbitraron un partido bien y uno mal cada uno): Codjia (Benin) y Komikawa (Japón). Hay dos presencias inexplicables: Una es la de Markus Merk (Alemania), que dirigió verdaderamente muy mal, cobró todo al revés y le inventó un penal a Ghana contra EE. UU. La otra es directamente una provocación, el español Medina Cantalejo (España) que lo echó a Australia con un penal inventado a favor de Italia. Está claro que si el perjudicado hubiera sido Italia, Cantalejo no seguía en el torneo. Pero ni EE. UU. ni Australia tienen peso en la FIFA. Y luego, quedan dos malos árbitros, el belga De Bleeckere y el eslovaco Lubos Michel, que dirigieron bastante mal, pero no hicieron demasiado lío hasta ahora.

4. Michel dirigirá Argentina – Alemania. Lo que más me preocupa de él, después de Portugal–México y de Brasil-Ghana son dos cosas. Una es su espíritu tarjetero, de puntillosa aplicación de las tonterías de FIFA, que puede conducir a un partido enrarecido, que se decide por un capricho arbitral y a que el que gane se vaya herido por amonestaciones y expulsiones. El otro problema, acaso más grave es que Michel demostró cierta tendencia a la compensación. Después de un penal legítimo a Portugal (una mano claramente intencional y muy visible), pitó uno a favor de México que no había existido para nada (una mano hipercasual). Después, en Brasil-Ghana, arrancó como para amonestar hasta el masajista del equipo africano y después se frenó, como con miedo a que se le fuera la mano. En su tercer partido, Suecia-Paraguay, dirigió bien pero con muchas tarjetas. Michel no es precisamente una garantía.

5. Hoy, en La Nación se reproducen declaraciones de un ex árbitro y un técnico alemán. Son muy jugosas. Dice un tal Wolf Dieter Ahlenfelder: “Este mundial está muy mal arbitrado y la culpa de todo la tiene el señor Blatter, que presiona a los jueces. Les dio la orden suprema de sacar la amarilla por cualquier abrir y cerrar de ojos.” Por su parte, Hans Meyer, el entrenador del Nuremberg dice: “Michel es un muy buen árbitro pero la presión de la FIFA repartió tres tarjetas amarillas en los primeros 13 minutos de Brasil vs., Ghana. Van a lograr que el fútbol se transforme en un deporte como el básquetbol, sin contacto.” Aplausos para ambos. Pero no puede ser que aquí en la Argentina sean Ahlenfelder, Meyer, Van Bueren y yo los únicos que decimos esas cosas, mientras que los cronistas, bajo la influencia castrillista, siguen sin entender lo que pasa: el fútbol-blatter implica un cambio (indeseable) en la naturaleza del juego y, cuando el sistema estalla, piensan que se trata de errores individuales de los jueces.

6. Blatter es el aprendiz de brujo y al darle a los árbitros instrucciones extremistas pone el mundial en peligro. Pero como además le da miedo su criatura, el mensaje termina siendo contradictorio. Como decíamos, el fútbol ha perdido seguridad jurídica: ni los árbitros saben lo que tienen que cobrar porque no se puede sostener ese ilusorio rigor. En los últimos partidos puede haber un escándalo, pero también puede que las órdenes sean: “Muchachos, hoy cuidado con las tarjetas” y todo termine tranquilo y se finja que se cumplieron las incumplibles instrucciones. Pero lo cierto es que el arbitraje está en crisis como nunca. Y por este camino no tiene arreglo. El fútbol tiene una razón más para sufrir.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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