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Diario del Mundial # 22.1

30 06 2006 - 13:19

Viernes 30 de junio. 17 hs.

1. De lo que suponíamos, no ocurrió nada. Ni el árbitro arruinó el partido ni los equipos tuvieron una actuación descollante. Alemania (1) – Argentina (1) (por penales 4 a 2) fue un partido de gran intensidad, de enorme temperatura emotiva pero en el que ninguno pudo imponer un mejor juego.

2. Argentina estuvo más cerca. El primer tiempo se planteó como una disputa por quién manejaba la pelota. Pekerman hizo entrar a Lucho González y a Tevez. Con eje en ellos y Riquelme ganó la batalla y Argentina controló el partido. Alemania no pudo coordinar su ofensiva y terminó resignado a ver pasar la pelota. Así y todo, la única llegada del primer tiempo fue alemana, un cabezazo muy peligroso de Ballack. Argentina no creaba situaciones de gol, pero lo iba empujando al rival contra su arco. Con decisión y una técnica superior presionó hasta que, finalmente, logró el primer gol, tercero del torneo que llegaba por la ejecución de Riquelme de una pelota parada.

3. Faltaba casi un tiempo y estaba para rematarlo. Los alemanes no se encontraban, pero a Argentina le ocurrió lo mismo que contra Costa de Marfil, el viejo problema del primer partido: apostó a un contraataque que nunca estuvo cerca de prosperar y, en cambio, el control de la pelota pasó a ser de Alemania. Había algo, incluso en el primer tiempo, que no condecía con una actuación tan prolija de los argentinos: la tendencia de la defensa a reventarla o a tirarla afuera, especialmente por el de lado de Heinze, el peor jugador de este equipo, el que tuvo incluso una actitud de matón que pudo terminar en papelón al final. Heinze, que no salió jugando nunca, volvió a jugar mal y además la jugó de malo. A la hora de cuidar la ventaja, cuando había que redoblar el control de la pelota, era una ventaja para los contrarios.

4. Lo cierto es que Alemania, que en un momento pareció casi entregada, empezó a jugar. Con Ballack en una pierna y con el ingresado Odonkor comenzó a arrimar peligro. Argentina, encima, perdió por lesión a Abbondanzieri, que tanta seguridad le daba a la defensa. Y allí, el técnico Pekerman hizo lo que nunca me hubiera imaginado: intentó “cerrar” el partido. Primero sacó a Riquelme para poner al más defensivo Cambiasso. Luego hizo entrar a Cruz por Crespo para ver si un delantero más fresco acertaba con el famoso contragolpe, pero agotó así la cuota de cambios e impidió que Messi, la gran carta para desequilibrar, pudiera ingresar eventualmente.

5. Fue un doble error. Primero porque sin Riquelme, Argentina perdió personalidad. Hasta el final, fue un equipo voluntarioso, pero sin un patrón de juego. Ese esquema rígido y pausado que tanto se le achaca al número 10 era, probablemente, el que le permitiría llegar al final con menos sobresaltos. Pero eso no lo sabremos y es cierto que si el resultado se conseguía, hoy se estaría hablando del acierto del entrenador. Pero, sobre todo, creo que es un error casi de lógica apostar todo a que los alemanes no iban a empatar y quitarse la posibilidad de que Messi entrara a definir en un hipotético alargue. Pekerman apostó a una solución ad hoc, sin respetar el estilo y el talento de sus jugadores. Estos errores son típicos de los técnicos más resultadistas, de los que se exceden en protagonismo sobre sus futbolistas. Personalmente, no lo esperaba.

6. De hecho, los cambios no resultaron y Klose, que hasta allí no había aparecido, pudo demostrar otra vez que es un notable delantero y empató el partido. Argentina no se desanimó y siguió luchando, incluso fue superior a Alemania. Y lo mismo ocurrió en el suplementario. Pero siguió sin crear una sola jugada de gol. Argentina volvió a tener el problema de toda la copa, salvo el ya liquidado partido contra Serbia y unos minutos con México: con el partido más abierto y desordenado, los delanteros fueron ineficaces. Para colmo, los alemanes estuvieron impecables en los penales: convirtieron todos y el arquero atajó dos. Con eso les alcanzó.

7. De todos modos, hubo muchas cosas destacables en el equipo argentino. La capacidad de Ayala una vez más, la increíble entrega de Tevez, que parecía tres jugadores en uno. El mejor trabajo del medio campo colectivamente en el campeonato en el primer tiempo. Y, sobre todo, el haberle salido a ganar a Alemania con una gran convicción y guapeza. Argentina fue uno de los mejores equipos del campeonato y es una gran pérdida para el mundial que se haya ido. Los alemanes jugaron, gracias a la presión y la calidad argentina, su peor partido. Aunque pasaron un obstáculo dificilísimo, lo suyo se deslució.

8. Lubos Muchel dirigió muy bien. Estuvo sobrio y encauzó el partido de entrada, cuando todos estaban un poco nerviosos, sin recurrir a las tarjetas. Me quedan alguna dudas sobre los momentos en los que Alemania buscaba el empate: pareció que fallaba demasiado a favor de los locales. Pero no tuvo errores graves que yo haya podido apreciar.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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