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Diario del Mundial # 23.2

1 07 2006 - 16:28

Sábado 1 de julio. 20 hs.

1. Permítanme empezar por el recordatorio insidioso. Ayer veía por televisión al inefable profesor Córdoba explicar que la eliminación argentina había acontecido por no hacer lo mismo que Brasil. Esto es, un planteo que él denominó “económico y resultadista” que consistía en quedarse atrás, hacer un gol de algún modo y después limitarse a defenderlo. Agregaba Córdoba, un personaje eternamente ofuscado, cuya vehemencia parece provenir de una dificultad de expresión traumática en la infancia, que los brasileños habían entendido que el famoso jogo bonito no conducía a nada y que cuando lo intentó después del lujoso 70 había perdido, hasta que el amarretismo lo condujo a volver a ganar y conseguir “cinco copas mundiales” (olvidando que las tres primeras fueron las que llevaron a inventar esa frase).

2. La verdad es que Brasil ganó un mundial jugando así como dice Córdoba. Fue en Estados Unidos 94, poniendo al cinco entre los defensores centrales y atacando de contragolpe. Jugando partidos malos ante rivales mediocres y apenas ganándole la final por penales a un disminuido Italia. El técnico de esa selección infame era Carlos Alberto Parreira, que tras ser despedido, volvió doce años más tarde a hacerse cargo del equipo, es decir, ahora. En el medio, sobre todo con su anterior técnico Luis Felipe Scolari, Brasil utilizó una fórmula de compromiso: defender, sí, pero poner muchos atacantes y, sin brillar, dominar siempre los partidos atacando masivamente al principio y con un fulmíneo contragolpe después.

3. Lo cierto es que Parreira, en los primeros partidos de este campeonato, imitó el esquema de Scolari. Puso en la cancha a Kaká, Ronaldo, Rondaldinho, Adriano, el rombo al que con el agregado de Ze Roberto, más las subidas de Cafú y Roberto Carlos (y hasta las ocasionales de los dos zagueros centrales, Lucio y Juan), podía perforar cualquier defensa rival sin descuidar la propia. El planteo táctico era sencillo. Siguiendo la idea de Scolari, con tanta ofensiva potencial, nadie se iba a animar a atacar a Brasil. Así transcurrieron los cuatro primeros partidos del campeón del mundo. Jugando de a ratos bien, de a ratos mal, pero sin pasar sobresaltos. Hubo un gran desgaste de los australianos, un gol de entrada de los débiles japoneses y otro en el que Ghana controló la pelota; pero eso fue todo. Brasil, ayudado por la mediocridad general, iba derecho al hexacampeonato, o al menos hasta la final con Alemania, aunque Kaká había bajado mucho su rendimiento, Adriano nunca lo había subido y Ronaldinho se había paseado por las canchas alemanas sin dejar huella.

4. Francia no parecía un rival temible. Había arrancado jugando muy mal, había pasado de ronda con angustia y recién contra España, en los octavos de final había mostrado algo de su viejo fútbol a cargo de sus jugadores viejos, que lo llevaron a ser campeón en 1998, pero del que no se tenía noticias desde entonces. Francia había hecho un papelón en el 2002 y se hablaba de un plantel pasado de edad y con sus integrantes enfrentados entre sí y con el entrenador Domenech que, al parecer, elegía los jugadores de acuerdo con sus cartas astrales. Incluso, desde hace unos años circulaba la leyenda de que sus dos grandes figuras, Zidane y Henry, no se pasaban la pelota.

5. En fin, que nadie previó que Francia iba jugar como hoy, e iba a eliminar a Brasil con la mayor demostración de fútbol que se haya visto en el mundial, dándole un baile al rival y una exhibición a los espectadores. Francia (1) – Brasil (0) fue la clase de partido que habíamos renunciado a ver en este campeonato, especialmente después de presenciar los otros tres encuentros de cuartos de final. Pero el fútbol tiene (al menos todavía) la posibilidad de recordarnos cada tanto cuál es la altura a la que puede llegar y cómo es capaz de acallar con su ocasional belleza los discursos que cotidiana y machaconamente se la niegan (como el que enunciáramos al principio).

6. Francia jugó hoy con extraordinario brillo. Salió a ganarle a Brasil, lo dominó de entrada, le sacó la pelota y le creo varias jugadas de gol en el primer tiempo. En el segundo se puso en ventaja de entrada y se convenció de que el partido era suyo. Curiosamente, el momento y la forma de llegar al gol (tiro libre de Zidane para Henry y definición en la boca del arco) fueron similares al de Argentina contra Alemania. Pero Francia no se replegó, se defendió con tranquilidad, sin excesos de ninguna especie y pudo (y mereció) aumentar la cuenta. Lo curioso es que Brasil también se convenció muy pronto de que perdía. Y se fue del campeonato sin dar batalla.

7. Hay algo que corregir en lo anterior. Hubo alguien que sí se la vio venir y ese fue el técnico brasileño. El Brasil tan previsible que salía numerado del 1 al 11 hizo dos cambios imprevistos que lo demostraban asustado. Entró Gilberto Silva por Emerson (que, al parecer, estaba lesionado), pero jugó entre los centrales, repitiendo aquel esquema del 94. Y salió un delantero, Adriano, reemplazado por un volante, Juninho Pernambucano. Parreira superpobló el medio campo e intentó ganárselo a los franceses. El resultado fue que perdió allí y en todos lados y nunca tuvo reacción. Fue increíble ver la cara de Parreira en el segundo tiempo, al igual que la de sus dirigidos: expresaban la más franca resignación.

8. Francia ganó en todas partes. Su defensa fue perfecta, el medio campo se lució quitando y pasando la pelota, adelante fue una pesadilla para los brasileños. En el primer tiempo, Juan barrió de atrás a Vieira cuando se iba solo (y debió ser expulsado); en el segundo, Dida salvó dos jugadas de gol clarísimas. Vieira y Ribery volvieron a jugar a gran nivel, igual que los del fondo (incluido Abidal, que parece el más flojo), levantaron Henry y Malouda. Francia fue una verdadera orquesta: ambicioso, preciso y punzante. En este partido tan difícil y tan definitorio, volvió aquel fútbol champagne que ya se parecía a un falso recuerdo.

9. Pero lo verdaderamente asombroso de la actuación francesa fue Zinedine Zidane, que hizo el mejor partido que alguien haya jugado en el campeonato. Como si hubiera rejuvenecido ocho años en veinte días, como si estuviera en su mejor forma, Zidane hizo simultáneamente un lujo y un aporte para su equipo en cada pelota que tocó. La performance incluyó un par de jugadas que ningún otro futbolista del planeta parece capaz de ejecutar. Le salió todo, hasta la sonrisa de oreja a oreja para enfrentar la ovación final de todo el estadio. La única explicación que encuentro a que haya alcanzado este nivel es que, cuando empezó el torneo, simplemente estaba fuera de estado y que lo recuperó con el correr de los partidos. A diferencia de varios equipos que se han desinflado, Francia se ha armado en el transcurso del campeonato y, que duda cabe, hoy es el equipo preferido de todos los que gustan del fútbol bien jugado. En este mundial tan irregular, no sé qué pasará en los dos partidos que faltan, pero lo de hoy fue glorioso.

10. Dirigió el español Medina Cantalejo, el del penal inventado a Italia. Trató de no tener problemas con nadie, cobró un ratito para cada lado, se hizo el tonto ibérico. Un referí chantapufi. Pero a quién le importa. Me sorprendió ver a los relatores de TyC Sports, Alejandro Fabbri y Walter Nelson, en el palco de prensa del estadio de Frankfurt. Recién ahora los dejaron salir de la jaula del estudio y parecían más distendidos que transmitiendo entre cuatro paredes. Tuvieron mucha suerte de estar allí en este día inolvidable.

11. Mañana, algo más sobre la eliminación de Argentina.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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