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Diario del Mundial # 25.0

3 07 2006 - 14:53

Lunes 3 de julio. 18.30 hs.

1. Me da mucha pena que la prensa argentina haya liquidado a Riquelme y me da bronca que lo haya hecho con tanta falta de discernimiento futbolístico en el mejor de los casos y con tanta crueldad en los peores (que fueron mayoría). No creo que Riquelme vuelva a jugar en la selección porque seguramente no habrá un técnico que se anime a incluirlo de aquí en adelante. Y también me preocupa su carrera futbolística que corre peligro después de este mundial. Riquelme es un jugador enorme y un deportista cabal. No merecía este linchamiento y espero que logre sobreponerse a sus consecuencias.

2. Desde la izquierda y desde la derecha, en los diarios y la televisión (supongo que también en la radio), la mayoría de los cronistas deportivos coincidió en el resentimiento y la mediocridad para hablar del mejor jugador del seleccionado argentino. Tomaré tres ejemplos que cubren el espectro del rencor y la tontería, pero me imagino que los debe haber habido peores.

3. Uno es el de Fernando Niembro a quien, en el fondo, le importaba menos Riquelme que la futura destitución o renuncia de Pekerman, con vistas a instalar a uno de sus amigos en el cargo de entrenador. Hace cuatro años, cuando Argentina fue eliminado de Corea-Japón, fue un descarado bochorno la autopostulación de Oscar Ruggieri, a la que sirvieron de soporte los programas de Niembro. No lo lograron entonces, pero hoy siguen insistiendo. Niembro, claramente, quería que la selección argentina perdiera por cuestiones de interés personal. El ataque se centró en Riquelme como emblema del buen juego que el periodista se dedicó a despreciar desde el principio, insistiendo en que la fabulosa actuación del equipo contra Serbia no sólo era producto de la debilidad del adversario, sino contraproducente en sí. Niembro, como ya dijimos, es el autor de la teoría por la cual hay que jugar mal para ganar el mundial. Por supuesto, Ruggieri sería una garantía absoluta de la primera parte del plan.

3. Curiosamente, el populismo justicialista de Niembro era acompañado desde las páginas deportivas del diario conservador La Nación, escritas en ese tono melifluo, similar al que el matutino emplea en el resto de las secciones. Allí, capitaneada por Daniel Arcucci (alguien capaz de llamar “José” o “Román” a las personas que acuchillaba con su escritura), la banda antiriquelme funcionó desde el primer día. Según La Nación, Riquelme jugó mal todos los partidos y fue el gran obstáculo para un mejor desempeño del equipo. Al final, la satisfacción por la eliminación se disimulaba apenas en los pliegues de la prosa. Después del partido con México, Arcucci se preguntaba en una columna de opinión cómo era posible que en el extranjero elogiaran a Riquelme con lo mal que jugaba y decidía entonces consultar a su gran referente futbolístico: el actual periodista y ex entrenador, médico, y candidato presidencial Carlos Salvador Bilardo (el mismo referente de Niembro, por otra parte, y de una pléyade de colegas). El sábado, después del partido con Alemania, La Nación se hizo una fiesta. Era evidente para el diario que Riquelme había sido el único culpable de la derrota. “En la tibia decisión del eje creativo y la falta de profundidad, Riquelme fue el peor de la Argentina el día de su eliminación”. Nada se dice del buen juego del primer tiempo y se prefiere ignorar que Riquelme se fue del campo con el equipo en ventaja. Dos artículos a falta de uno, a cargo de Cristian Grosso y del propio Arcucci, insisten en que el jugador había jugado tan mal que hasta Pekerman había perdido la paciencia con él y lo había tenido que sacar. Se dice también que Crespo jugó mal, pero por culpa de Riquelme que nunca lo abasteció. Incluso, el diario se molesta en publicar un recuadro (“El pase de Riquelme a Crespo que nunca llegó”) para demostrar lo mal que jugó Riquelme, acusándolo de fallar en la elección del pase en una jugada inmediatamente posterior al gol, donde prefirió habilitar a Maxi Rodríguez por la derecha. Lo curioso es que el autor de ese texto parece haber olvidado que Tevez hizo exactamente lo mismo unos minutos más tarde y eligió a Rodríguez por la derecha en vez de a Crespo por la izquierda. Ensañamiento se llama esta técnica periodística.

4. El tercer ejemplo es el del Chavo Fucks, que hizo una prédica incesante contra Riquelme (y contra Pekerman) desde la pantalla de TyC Sports, lugar que ocupó durante muchas horas diarias con su invasiva humanidad. Es evidente que de los elementos químicos que componen la inteligencia humana, a Fucks le han sido negado algunos e intenta compensar ese déficit con el empleo desmesurado de su vozarrón para interrumpir permanentemente a sus interlocutores o para emprender soliloquios incoherentes. Fucks denostó a Riquelme durante meses con un único argumento: que no le gustaba, como si él mismo fuera un niño y Riquelme su juguete. Así, la derrota argentina lo dejó como un visionario ante sus propios ojos y creyó necesario rematar su faena diciendo algo así como que Ballack había dado un ejemplo jugando en una sola pierna mientras que a Riquelme habían tenido que sacarlo “porque nos tenía cansados”. Curiosamente, el que estaba cansado era Riquelme (por razones más comprensibles que Fucks) pero nadie le dio la oportunidad de jugar disminuido. En el tiempo suplementario, Ballack siguió en el campo acalambrado porque Alemania había agotado los cambios, mientras que la Argentina empleó uno de los suyos en sustituir a Riquelme por un mediocampista defensivo. Pero la lógica de Fucks permite comparar la actuación de Ballack en la cancha con la de Riquelme sentado en el banco. Pero ¿cómo se hace para discutir con un arado, un arado agresivo para colmo?

5. Pero dejemos al cínico Niembro, al untuoso Arcucci, al obtuso Fucks y a sus análogos. Antes de empezar el torneo dije que prefería perder con Riquelme a ganar con Verón (podría haber escrito Simeone), entre otras cosas, porque Riquelme es uno de los pocos jugadores en el mundo al que invariablemente se señala como culpable en caso de derrota. Es una prerrogativa de los grandes. Lo mismo pasa con Zidane que, antes de que hiciera un gol contra España y sacara de la galera la extraordinaria actuación contra Brasil, estaba listo para ser utilizado como chivo expiatorio de la eventual eliminación francesa y que hasta se le reprochara el egoísmo de seguir en el equipo y sacarle el lugar a alguien más joven. Si el técnico francés le hubiera hecho caso a los periodistas argentinos, nos hubiéramos quedado con la idea de que en el año 2006 Zidane ya no estaba para jugar al fútbol en un alto nivel. Por eso, lo que más bronca me da es que la Argentina no perdió con Riquelme ¡sino sin Riquelme!, que no tuvo la oportunidad de seguir en la cancha y demostrar que podía llevar a su equipo a la victoria o hundirse con él y ni siquiera contó con un reemplazante que hiciera un trabajo parecido. En un instante, pareció que la Argentina dejaba de ser el equipo de José para transformarse en el Estudiantes de Bilardo (con final de trompadas incluido). Si se elige a Riquelme (como a Zidane o a Valderrama), es para seguir con él.

6. Aun cuando no juegue un campeonato brillante. Para eso es esa clase de jugadores, no para que hagan diez goles o ganen ellos solos el partido (como serían Maradona o tal vez Messi en el futuro), sino para que le impriman al equipo un estilo de juego que sirva para sostenerlo y disminuir al adversario. Y eso fue lo que ocurrió en este mundial. Riquelme no hizo goles ni tuvo alguna actuación sobresaliente, pero fue un jugador importante, copartícipe esencial de los picos de gran juego que tuvo Argentina. Tres centros suyos en pelotas paradas terminaron en goles del equipo (aquí debería recordarse el gesto de Ayala cuando convirtió el suyo). Otros dos goles llegaron por asistencias geniales: el de Saviola contra Costa de Marfil y el que le anularon mal a Messi contra México y que hubiera debido definir el partido sin ir al alargue. Tuvo mala suerte allí Riquelme. Si el partido terminaba en ese momento, como debió de haber ocurrido, los locutores de televisión no hubieran podido evitar que su nombre se mencionara en las repeticiones y que su participación en la victoria fuera más evidente. Ese fue un pase increíble, entre los mejores del torneo (recuerdo en esa categoría solamente el de Klose a Podolsky en el segundo gol de Alemania contra Suecia y uno de Ricardinho, suplente brasileño, de taco a Juan contra Ghana, con el partido ya liquidado). Hubo otros pases de gol de Riquelme, por supuesto, incluso en ese controvertido juego contra los mexicanos. Pero, sobre todo, cuando Argentina tuvo el control y pareció que su fútbol era superior al de los otros participantes del torneo (una sensación inusual para los estándares de las últimas selecciones argentinas), Riquelme estuvo en el corazón de ese juego, acaso ejemplificado por el irrepetible segundo gol contra Serbia y Montenegro. Y también por el primer tiempo contra Costa de Marfil y con la levantada final después de sufrir contra los mexicanos. Incluso en el primer tiempo contra Alemania, sin una gran participación pero como referente de un buen juego colectivo. Riquelme, es cierto, no pudo ganar el mundial para la Argentina, pero estuvo muy lejos de perderlo. Por eso su malintencionada crucifixión califica más a sus detractores que al propio jugador.

7. El otro día escuché al profesor Córdoba decir que ya era hora de que la Argentina se convenciera de que el “enganche” —es decir el jugador creativo en el medio juego, el eje de circulación de la pelota como es el caso de Riquelme— era una antigualla del fútbol y que los “equipos modernos” prescindían de ese puesto para practicar un 4-4-2 con los medios yendo y viniendo pero sin un conductor. Por supuesto, ese es el sistema que practican la mayoría de los clubes del Nacional B y también los que vinieron al mundial con pocas aspiraciones. Y estoy seguro de que si mañana Córdoba dirigiera a Temperley y Riquelme le apareciera en el plantel, el técnico no vacilaría en prescindir de sus servicios. Lo que ocurre es exactamente lo contrario de lo que pregona el absurdo Córdoba: quedan pocos jugadores como Zidane o Riquelme y es un privilegio enorme tener uno en el equipo. El problema es que los técnicos, cada vez más reacios a darle autonomía a sus futbolistas, no saben qué hacer con ellos y los suelen mandar al banco o los hacen transferir. Ese fue el destino, por ejemplo, de Iván de la Peña, el mejor pasador de pelotas del fútbol español de los 90, que empezó en el Barcelona y terminó jugando en clubes mucho menos importantes (y nunca pudo hacer pie en la selección española, que tanto se hubiera podido beneficiar con su capacidad). Riquelme, casualmente, fue despedido del Barcelona y este equipo tiene hoy a Xavi, que debe jugar más atrás y callarse la boca para que su talento no sea demasiado evidente. Jugadores como Zidane o Riquelme no sólo escasean, son el blanco del autoritarismo de los entrenadores, que van haciendo que la especie desaparezca como las ballenas.

8. Los periodistas deportivos argentinos colaboran esmeradamente con la caza de los que quieren conducir desde adentro de la cancha. Los cronistas son ejemplares en el arte del tiro al virtuoso, al jugador diferente (no por talento puro e innato, como Maradona o Messi, sino por elección voluntaria y consciente de un estilo). La excusa que dan algunos es que prefieren a Messi, como si Riquelme y Messi fueran incompatibles. Claro, lo serían con toda seguridad si jugaran para Italia. Después de todo, es una casualidad muy grande que la Argentina haya tenido a Riquelme en el plantel a los 28 años, después de que Bielsa lo ignorara completamente a lo largo de varios años. Tuvimos la suerte de poder verlo unos partidos en un mundial. Por mi parte, me doy por satisfecho, salvo por que me duelen y me molestan los ataques de los que parecen odiar que en el fútbol alguien haga una pausa, la toque para el costado o se haga patrón del juego. No llego a entender qué es exactamente lo que molesta a priori de Juan Román Riquelme, pero lo más probable es que se trate de su obstinado instinto de libertad, algo tan absurdo y tan anómalo en el fútbol como en la vida.

9. Dentro de un rato, algo sobre el futuro técnico de la selección argentina.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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