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Diario del Mundial # 25.0.5

3 07 2006 - 16:42

Lunes 3 de julio. 20 hs.

1. Ayer, a la noche tarde, estaba viendo televisión y apareció Maradona en TyC Sports. Debían ser las cinco de la mañana en Alemania. Se lo veía muy tranquilo y muy lúcido, hasta mucho más serio que de costumbre, pero al mismo tiempo relajado. Es la mejor imagen que tuve de Maradona en mucho tiempo y su conversación destilaba inteligencia y pasión por el fútbol.

2. Supongo que no será una primicia para nadie, pero lo fue para mí: Maradona quiere seriamente convertirse en el próximo técnico del seleccionado argentino. No lo dijo explícitamente, pero lo dio a entender. Lanzó su candidatura con elegancia, afirmando justamente que nunca se autopostularía, “aun cuando se estuviera muriendo de hambre”. Se limitó a hacer saber que no se va a postular él mismo, pero que no se excluye de una posible oferta.

3. Después de la sorpresa y de pensar un rato el tema, llegué a la conclusión de que sería una muy buena decisión que la AFA lo designara para el cargo. Trataré ahora de explicar las razones.

4. Antes, volvamos un poco a la actuación del equipo de Pekerman. Más allá de que se le pueda reprochar al entrenador que se equivocó en los cambios o aun en la alineación titular, más allá de que se pueda señalar que en la Argentina faltan jugadores de jerarquía en algunos puestos, no hay duda de que este equipo tuvo no solo una actuación más que digna, sino una jerarquía que no alcanzaron las versiones recientes del seleccionado. Hace mucho tiempo que el mundo futbolístico no se asombra por el juego y el potencial de la Argentina. Aun así, como venimos viendo, no alcanzó para ser campeón: los jugadores no tuvieron la convicción para ganar un encuentro decisivo.

5. Es cierto que el azar del fútbol podría haber llevado a la Argentina más lejos en el mundial. Pero también es cierto que todo el proceso fue muy traumático y terminó con Pekerman renunciando con señales de hartazgo, casi como renunció Bielsa en su momento, negándose a completar un segundo período que marchaba exitosamente. Se nota que a las personas de bien les está costando cada vez más estar a cargo del seleccionado: hay demasiadas críticas injustas, demasiados detractores apresurados e interesados, demasiado poco respaldo institucional. Y demasiada presión, por supuesto. Argentina parece tener la obligación de ganar el próximo mundial, como tuvo la de ganar este. Y esa obligación le queda grande a cualquier entrenador honesto y sólo la pueden aceptar con naturalidad los oportunistas y los mentirosos.

6. La causa es evidente. Aunque está entre los mayores productores de talento, Argentina no tiene los mejores jugadores del mundo como Brasil. Tampoco tiene un estilo de juego que comparten todos sus equipos y se traslada automáticamente a los seleccionados, como Italia. Ni sus jugadores actúan con la firme convicción de que, aun sin ser los mejores se puede ganar igual, como Alemania. Ni siquiera hay una generación de campeones que aspire a repetir, como Francia este año. Por el contrario, aunque se espera mucho de Messi, la Argentina debe partir para el próximo mundial de una hibridez de estilos, de una confusión con respecto a sus tradiciones, de una excesiva juventud en el plantel, de una ausencia de jugadores en algunos puestos claves.

7. En esa situación, la elección del técnico es un problema muy complicado y hay tres soluciones posibles, además de las insensatas que son muchas, como la de elegir a un vendedor de humo como Ruggieri, que se postula como un gran ganador después de haber perdido todos los torneos que encaró como técnico.

8. La primera solución es contratar a un entrenador coherente con el reclamo periodístico: esos tipos estudiosos, batalladores, defensivos y resultadistas de los que hay todo tipo de ejemplos. El candidato mejor perfilado de este lote me parece Miguel Angel Russo. Pero no nos olvidemos que ayer mismo Mariano Clos propuso a Bilardo. No me gustaría que hubiera un chiflado a cargo de la selección. El nombramiento de Bilardo me puede hacer considerar seriamente la posibilidad del exilio o el silencio trapense (bah, basta con abandonar el fútbol de selecciones, como Tomás Abraham, pero yo tampoco me dedicaría al de clubes). Con Russo o similares, Argentina tendrá un equipo duro, que “no regala nada” y que, como carece de generosidad, va a ganar muy poco. Es la historia de Pasarella, técnicos buenos para el cabotaje, que nunca están a la altura de una competencia como el mundial, la gran zanahoria por la que se sacrifica todo (desde ganar los amistosos a decir la verdad) y al final se pierde.

9. La segunda solución es la más sensata de todas. Consiste en contratar a un técnico que, antes de empezar, diga lo siguiente: que la Argentina no está, en principio, para salir campeón. Que llegar a las semifinales sería un gran éxito (un éxito pocas veces alcanzado, por otra parte) y que para ganar el título ya se depende de un milagro. Ese técnico debería ofrecer como complemento un trabajo en conjunto con las selecciones juveniles con vistas al largo plazo y un juego que no sea de calidad inferior al del seleccionado de Pekerman. Es importante señalar un detalle: a los técnicos del inciso anterior les está vedado un planteo modesto. Porque ¿quién quiere un equipo que no gane y encima juegue mal? Con los Russo, los Gallego, los Bilardo, los Pasarella, los Pumpido (ni quiero imaginar un Lavolpe, pero por qué no), etc., Argentina va a jugar mal (no solo feo, sino especulando en cada amistoso) por lo cual esos técnicos no tienen más remedio que prometer la Copa del mundo y no lograrla. De todos modos, no tengo la menor idea de quién podría ser un técnico de la segunda variante. Pekerman parecía el último de la especie.

10. De modo que la segunda categoría está vacante, pero aunque no lo estuviera, el mundo del fútbol argentino no está dispuesto a aceptar algo semejante, que el técnico no prometa un campeonato. Pero es muy peligroso elegir un resultadista que no tenga manera de cambiar realmente las cosas. Porque en cuatro años más (ni en ocho), los jugadores no van a tener la calidad de los brasileños, ni la disciplina de los italianos, ni la garra de los alemanes, ni la experiencia de los franceses. Será, indefectiblemente un equipo mediano, de los que pueden llegar más o menos lejos, pero que se pueden quedar también en la primera ronda como pasó en el 2002. Pero sobre todo, a menos que Messi o algún desconocido pegue un salto de calidad y de madurez tan rápido) esos equipos no tendrán ningún plus, nada especial que los diferencie de los otros.

11. El problema, como venimos diciendo, es que sin ese plus no se gana un mundial desde hace mucho tiempo: el plus es ser local, ser Brasil, ser Italia, ser Alemania, tener mucha suerte o tener un Maradona en el equipo. Es un problema casi insoluble. Argentina solo ganó hasta ahora con el plus: local durante una dictadura o visitante con Maradona. Como el próximo mundial es en Sudáfrica y el apartheid se terminó hace rato, como Maradona está retirado, solo queda la posibilidad de que el equipo esté no solo bien preparado (eso ocurre en general con los equipos argentinos) sino motivado de una manera muy especial, convencido de que va a ganar. En ese esquema entra la idea de Carlos Bianchi, un gran motivador de sus dirigidos, según se dice, y con muchos torneos locales ganados. Esa es su gran arma. Sus fracasos como entrenador de clubes extranjeros no cuentan, ya que deberá ocuparse de jugadores argentinos. Es el candidato de muchos y despierta esperanzas en el público.

12. Pero en esa línea, Maradona es una alternativa muy superior. De ser el técnico, no habrá un hincha que no se convenza de que Argentina tiene una carta de triunfo, ni un jugador que no se sienta alentado ante la posibilidad. Maradona conoce mucho de fútbol y, por lo que vi ayer, está él mismo extraordinariamente motivado. La Argentina futbolística sigue bajo la influencia de Maradona, bajo la dependencia de Maradona. Ponerlo a cargo es la única manera de terminar con la división, con las pequeñeces y con las críticas que agobiaron a los dos últimos entrenadores. Es posible que los dirigentes vacilen ante la decisión de darle tanto poder a Maradona, alguien siempre capaz de cuestionarlos. Pero es su mejor alternativa, la única interesante que tienen.

13. Maradona tiene otra ventaja sobre cualquier técnico. Puede decir que va buscar el campeonato sin que suene a presunción exagerada. Después de todo, él mismo es el plus que necesita el equipo. Por otra parte, el Maradona real estará presente y será juzgado, no su mito o su recuerdo, y eso ayudará también a los jugadores.

14. Y si gana, será una fiesta. Si pierde, un velorio como siempre. Pero en ese caso, también habrá una ganancia. Habiéndolo intentado todo, será el momento de la sensatez y será desterrada la idea de que la Argentina está obligada a ser campeón. Entonces tendrá finalmente cabida el discurso de que el objetivo debe ser llegar a las semifinales, estar entre los cuatro mejores (o entre los ocho, como ahora). Los aficionados al fútbol viviremos más tranquilos, seremos más maduros, menos prepotentes e irracionales. De un modo u otro, el camino hacia el equilibrio y la serenidad pasa por Maradona. Poner al gran campeón como técnico será, como mínimo, una novedad y un sinceramiento.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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