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Diario del Mundial # 26.0

4 07 2006 - 11:28

Martes 4 de julio. 15.15 hs.

1. Hoy es un día muy hermoso en San Clemente. El aire está tibio y diáfano, no hay nada de viento, todo es de una serenidad maravillosa. Andrés Trapiello, un escritor español, dice en un libro llamado justamente El escritor de diarios (un libro altamente recomendable) que cuando el autor empieza cada día hablando del tiempo, se nota que no tiene mucho que decir. Estoy de acuerdo.

2. En esta calma, el único motivo de inquietud es futbolístico. Me parece que a los tanos no los para nadie. En octavos de final y en cuartos, les tocó Australia y Ucrania. Encima, al primero le ganaron con un penal inventado y a los muy débiles ucranianos les metieron el segundo gol cuando los estaban peloteando. Encima, con sus típicas artimañas de paparazzis, lograron sacarle un jugador importante a los alemanes.

3. Correspondencia. Agradezco los mails recibidos en estos días. Entre ellos el de Flavio Lopresti, que afirma que Elizondo echó bien a Rooney, los de Diego Parente y Jorge Blumenfeld, que argumentan largamente en contra de Riquelme, el de Agustín Masaedo, que se indigna ante la sola posibilidad de que nombren a Maradona como técnico y el de Gabriel Franze, que discurre sobre las dos escuelas en el fútbol argentino. Los cuatro primeros disienten conmigo y yo coincido con Franze en que el único fútbol interesante es el que corre riesgos. Me cuenta Guillermo Raffo, nuestro editor, artista y guía espiritual que en un rato estarán disponibles en el TP.

4. El sinuoso Daniel Arcucci prosigue en La Nación la cacería de Riquelme. Hoy insiste con lo del pase que no le dio a Crespo y lo vuelve a hacer responsable de la eliminación argentina. Incluso, ya no se trata de un error cometido por un jugador que corre a toda velocidad, sino que insinúa que se trata de un acto deliberado. Con su prosa miserable, en la que siempre se castiga a los futbolistas y se adora a personajes como Bilardo, Arcucci está intentando ser el creador de una leyenda urbana, como la de que Zidane no le daba la pelota a Henry. La maledicencia es peligrosa: hubo que esperar hasta el gol francés contra Brasil para desmentir esa estupidez. Probablemente, Riquelme no la pueda desmentir nunca. Y Arcucci vuelve a cometer la canallada de llamar “Román” al jugador mientras lo destruye. ¿Quién le dio permiso para tutear a la gente? Tanta crueldad me ofusca.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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