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Diario del Mundial # 26.1

4 07 2006 - 17:39

Martes 4 de junio. 21 hs.

1. Faltaban dos minutos del suplementario y se iban a los penales, donde Alemania nunca perdió un partido e Italia nunca lo ganó. De haber terminado cero a cero y Alemania ratificado su tradición de infalibilidad en la definición final, muchos hubieran concluido que el mundial era muy mediocre, que los italianos eran un equipo del montón y que el equipo local, como se preveía, iba rumbo a su cuarta copa del mundo.

2. Pero a los 118 minutos de juego, Fabio Grosso, el defensor italiano que contra Australia había penetrado por la izquierda en el área y simulado un penal que le dio la victoria a su equipo, entró esta vez por la derecha y pateó de zurda con extremada precisión y después de un frío, inteligente pase de Pirlo. Fue gol de Italia y dos minutos después, Del Piero volvió a convertir para cerrar Italia (2) – Alemania (0).

3. El fútbol tiene esa extraña capacidad de convertir lo que estaba destinado a ser un partido irrelevante en uno de los más memorables de este mundial.

4. Después de hablar mal de los italianos durante todo el torneo, después de hacer cábalas para que se fueran lo antes posible, si fuera un cronista deshonesto debería aferrarme a las conclusiones que se podrían desprender de los párrafos anteriores: el mezquino equipo italiano estuvo a punto de irse sin dejar rastros y nada cambia que la historia se haya torcido a último momento.

5. Pero mi integridad intelectual y mi espíritu de buen deportista me lo impiden. La verdad es que Italia jugó muy bien y el partido fue de los mejores que hemos visto. Hay una lección en Italia (2) – Alemania (0), y es que cuando los jugadores se entregan de verdad, no sólo porque corren mucho y lloran cuando perdieron, sino porque cuando todos confían en ganar y hacen de cada intervención individual la mejor posible, el fútbol es digno de verse aunque no sea técnicamente brillante. El partido de hoy fue eso, una final anticipada en la que los italianos jugaron de verdad 120 minutos bajo un calor terrible .

6. Llegó mejor Italia, no caben dudas. Alemania venía de la guerra con Argentina, con Ballack herido, con Frings suspendido, con el equipo cansado. Ya no había resto para el despliegue y el entusiasmo de las primeras fechas. Alemania mantenía la actitud ofensiva, pero era una máscara vacía. Italia, en cambio, había tenido un torneo tranquilo, había hecho muy poco gasto de energía. Y no le habían convertido más que un gol, fruto de un error absurdo de un defensor. En los italianos, la autoestima futbolística se edifica desde la defensa. Cuando no le hacen goles después de varios partidos, se agrandan, se sienten invencibles e incluso están dispuestos a arriesgar un poco más que de costumbre.

7. El planteo italiano no fue, desde ya, el ataque desenfrenado. Un solo punta (el Lucatoni, ese bicho torpe), un media punta (Totti, en mal estado físico), Camoranesi en la derecha para tapar la subida del marcador de punta Lahm, Gattuso barriendo detrás de Perrota y Pirlo y los cuatro tigres del fondo, el implacable Zambrotta, el brutal Materazzi, el perfecto Cannavaro, el sorprendente Grosso. Y Buffon, un arquero que está entre los mejores de un campeonato de buenos arqueros. ¿Cómo diablos se le hace un gol a Italia?

8. También es buena la otra pregunta: ¿Cómo hace goles Italia? Le cuesta mucho, por supuesto. Hoy, al menos de entrada, apostó a una jugada principal: dársela a Totti para que este, de primera, sacara un pase profundo para Toni. Pero el pase fue siempre imperfecto y Toni no pescó una. Variantes alternativas eran la subida de un volante o un marcador de punta para provocar aunque sea un corner. Lograron varios, pero Totti tiró todos los centros a las manos de Lehmann. Sin embargo, los italianos jugaron asociados, se pasaron la pelota e intentaron escalar posiciones en el campo. Gattuso quitó todo y Pirlo la jugó bien casi siempre. Parecía un equipo renovado, superior al de los partidos anteriores.

9. Alemania, por su parte, no tenía mucho más. Con Ballack parado, con Lahm frenado, con Borowski siempre improductivo y con Podolsky siempre torpe, sólo quedaba Klose para inventar algo, cosa que orilló antes de agotarse sobre el final. Su única compañía fue el lungo Kehl, un jugador que casi no había entrado hasta aquí. Muy poco en lo individual y una dinámica muy disminuida en lo colectivo no eran armas como para ganarle a la defensa italiana.

10. Sin embargo, el partido era de ida y vuelta y los dos intentaban por todos los medios. Hubo situaciones de gol claras que, al fallar, provocaban contragolpes tremendos. Esos pasajes del partido eran realmente impresionantes. Y también era muy estimulante ver como se disputaba cada pelota con fuerza pero con técnica y se trataba de sacarle provecho, de recuperarla para el equipo y de no tirarla a cualquier lado. La intensidad del primer tiempo fue alucinante e Italia jugó mejor.

11. En el segundo, los italianos se tomaron un descanso y el dominio fue de los alemanes, pero no se acercaron demasiado. Klinsmann sacó al flojo Borowski y puso al más flojo Schweinsteiger y a Odonkor por Schneider, un cambio que siempre le había dado resultado. Lippi fue más prudente y reemplazó a Toni por su doble Gilardino. Italia parecía interesado en llegar al alargue.

12. Pero por primera vez en mi vida, veo un equipo que quiere el alargue, pero no los penales. Evidentemente, la estrategia se basaba en el desgaste de los contrarios, que cada vez tenían menos piernas, y la mayor lucidez de los propios, a los que les quedaba resto. Era cuestión de aguantar 90 minutos para tener ventaja en los 30 siguientes. La primera sorpresa fue antes de empezar el suplementario: entró Iaquinta, un segundo delantero por el correcaminos Camoranesi, que lo dejó cansado a Lahm pero no jugó bien una sola pelota. Italia tenía dos puntas en la cancha y a Totti. De entrada Iaquinta pegó un tiro en el palo y, en seguida, Zambrotta otro en el travesaño. Alemania tuvo alguna réplica, pero Italia empezó a ser netamente superior. Para la segunda mitad del alargue, hubo otra sorpresa: Del Piero reemplazó a Perrotta. Italia jugaba ya con dos creadores y dos delanteros (aunque Totti no tuvo una noche feliz).

13. Y así, con ese impensable espíritu ofensivo italiano, con los defensores también sumados al ataque, llegó finalmente el gol de Grosso, muy bien elaborado y, enseguida, un contragolpe y un remate lujoso del partido a cargo de Del Piero. Italia había ganado con justicia, con una combinación exacta de prudencia, paciencia y riesgo, apoyada en una convicción colectiva inquebrantable. Un gran triunfo y una prueba de que los mundiales los ganan los que llegan más enteros al final. Alemania fue hoy una sombra voluntariosa. En cambio, la pálida y mezquina imagen de Italia se borró parcialmente con este gran trabajo, lo que no impide que en el próximo partido vuelva el amarretismo en estado puro. Pero los italianos, aunque los odiemos, tienen pasta de campeones y, como en aquel 82 en España, cuando clasificaron de casualidad, mejoraron al final y volvieron a ganarle con justicia a Alemania.

14. Para probar que la FIFA dice una cosa y hace la contraria, el mexicano Benito Archundia, el árbitro que menos tarjetas mostró (muy pocas amarillas y ninguna roja) fue el designado para dirigir más partidos. Este fue su quinto e hizo lo de siempre: dejar jugar, olvidarse de todas las recomendaciones especiales, usar poco las tarjetas (tres en los 90 minutos, siete al final, pero con los jugadores exhaustos) y su estilo, una vez más, le hizo muy bien al juego y a su continuidad. Cobró, eso sí, algo muy raro a los 81 minutos: un tiro libre a favor de Alemania apenas fuera del área por una infracción inexistente pero cuyo supuesto autor estaba dentro del área. Uno de los peores fallos de un torneo en el que no escasearon los errores arbitrales.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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