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Diario del Mundial # 28.0

6 07 2006 - 19:19

Jueves 6 de julio. 23 hs.

1. Es hora de decirlo: el mundial fue un desastre. A tal punto que ha puesto en crisis la idea misma del campeonato. No sé si la FIFA tomará nota de que no se puede seguir así y hará algo al respecto, pero no creo que este sistema defrauda sistemáticamente las enormes expectativas que crea.

2. Se podrá decir que el negocio es tan grande que en el fondo no importa que todo salga mal mientras los sponsors sigan aportando dinero. Pero no sé siquiera si estarán dispuestos a hacerlo en Sudáfrica 2010 si la estructura sigue siendo la misma. Fue muy pobre, muy opaco lo ocurrido. El fútbol ha experimentado un retroceso.

3. Los problemas no son nuevos pero se han agravado. De los 32 equipos, menos de la mitad mostró la jerarquía mínima para justificar su intervención en el torneo. De ese modo, se llegó a tener dos y hasta tres equipos en cada grupo clasificatorio que tenían muy poco que ofrecer: nunca fue la primera ronda un trámite como esta vez.

4. La etapa clasificatoria fue irrelevante como competencia y sirvió para que los clasificados perdieran energía y jugadores y llegaran disminuidos a la segunda parte. Solo Francia e Italia, justamente los finalistas, mejoraron a lo largo del torneo. Mucho tuvo que ver el poco desgaste que les tocó hacer a lo largo de los partidos (salvo Italia contra Alemania, y hay que ver como repercute ese esfuerzo el domingo). Cada vez que un equipo afrontó un alargue, llegó en pobres condiciones al compromiso siguiente. No hubo un solo jugador creativo en esta copa que llegara al final de los encuentros dueño de la precisión y la claridad que lo hicieron célebre.

5. El agotamiento contribuyó notoriamente al mal juego. Y también a reforzar los sistemas defensivos y la superpoblación del medio campo. Jamás se arriesgó tan poco como en este mundial. No hubo un equipo que mantuviera una actitud atacante a lo largo de todo el torneo. Los que la manifestaron en la primera parte, como Argentina o Alemania y, hasta cierto punto, Brasil y Portugal, la redujeron en la segunda. Antes de jugarse los dos últimos partidos, ya se sabe que no habrá un delantero que se haya consagrado en este campeonato y apenas uno, el alemán Miroslav Klose, goleador casi seguro del torneo, tuvo una participación importante en más de dos partidos. Pero más que de fracasos individuales de los atacantes, hay que hablar de lo poco y mal que fueron abastecidos. Tampoco brillaron los mediocampistas creativos, con la notoria y casi milagrosa excepción de Zinedine Zidane.

6. Las figuras de cada equipo, y aun de cada partido, fueron entonces casi invariablemente defensores y, sobre el final del torneo, se habla de Cannavaro, de Thuram, de Lahm y, en la Argentina, de Ayala, mientras que las estrellas anticipadas se fueron en silencio. Hay que señalar, sin embargo, que tampoco hay ya muchos jugadores que despierten verdaderas expectativas. Por eso, tal vez, Ronaldinho tuvo una prensa desmesurada en relación con su campaña para no hablar del casi debutante Messi. Fue también un mundial para los veteranos: no hubo consagración de nuevas figuras (tal vez lo sea el francés Ribery si hace una buena final).

7. Los resultados fueron muy previsibles y el campeón del mundo será otra vez un equipo que ya lo ha sido. No hubo siquiera un país que, sin tradición previa, irrumpiera entre los grandes para llegar a una semifinal como hicieron los turcos, dignos terceros del mundial anterior. Lo de Portugal, sin ser del todo malo, no pude considerarse una hazaña sino el producto de un fixture favorable y algunas casualidades. Pero es muy revelador que su técnico, que no aportó ninguna novedad en la táctica, sea el más solicitado después del campeonato.

8. No contribuyeron a mejorar las cosas los campos de juego ni los arbitrajes. Los primeros fueron inaceptablemente deficitarios para la alta competencia y no solo produjeron lesiones en los primeros partidos sino, muy probablemente, que los futbolistas retacearan algún tipo de esfuerzo de allí en adelante. Los segundos mostraron que la FIFA es irresponsable e inepta para administrar su patrimonio deportivo. El anunciado sistema terrorista basado en la amonestación por nimiedades sirvió para reforzar las precauciones defensivas de los equipos: si los jugadores tenían miedo de tirarse a los pies y de disputar la pelota libremente, la única manera de compensarlo fue amontonando hombres en la retaguardia. Para colmo, el método se reveló ridículo e inaplicable hacia la mitad del torneo y fue abandonado sin disimulo en los últimos partidos. En lo individual, los árbitros volvieron a equivocarse demasiado y los fallos erróneos decidieron varios encuentros importantes (incluyendo la silenciada expulsión de Rooney por parte de Elizondo y el muy dudoso penal a Henry sancionado por Larrionda).

9. Excesiva previsibilidad, partidos grises, tácticas defensivas, escasez de figuras, equipos cansados, malos arbitrajes, pésimos terrenos de juego, ausencia de revelaciones individuales y de equipo, preeminencia de los veteranos, miedo escénico, agotamiento, lesiones, calor, monotonía. Esas fueron las constantes del torneo. Como cierre y símbolo de este panorama, solo en los dos países involucrados la final despierta alguna expectativa.

10. Con estos resultados. Los defensores de las tácticas cerradas y los resultados, al menos en la Argentina, estarán de parabienes por los próximos cuatro años. Pero tengo una pregunta que podrá inquietarlos. Dado que con la excepción de un puñado de técnicos y preparadores físicos (más algunos cronistas deportivos en el caso argentino), la mayoría de los aficionados, jugadores, dirigentes, sponsors y demás, desearían un juego más ofensivo y más vistoso, ¿no podría ocurrir que se decidiera, finalmente, cambiar las reglas para asegurar que se vuelva a jugar de otra manera? Ha sucedido en otros deportes y el fútbol no tiene por qué ser la excepción. ¿Qué es lo que obliga a jugar a un juego en el que, a la hora de su máxima competencia, los jugadores no puedan aguantar noventa minutos enteros y lúcidos?

11. La discusión de posibles cambios excederá en lo sucesivo las páginas de este diario. Hasta ahora, las modificaciones en las reglas fueron solo fantasías, pero la necesidad de una renovación empieza a ser indispensable. Incluso, es posible que haya que jugar el mundial de otra manera. Mientras esto sucede, quedarán de Alemania 2006 las imágenes de una gran fiesta para el público, especialmente para los jóvenes de todo el mundo que celebraron el verano, la confraternidad y el alcohol en las calles. Según pudimos comprobar, hubo gente que se divirtió mucho en este torneo. Lamentablemente, no fuimos los telespectadores.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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