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Diario del Mundial # 29.0

7 07 2006 - 16:57

Viernes 7 de julio. 20.30 hs

1. La cobertura munidalista del diario La Nación me sigue sorprendiendo. Hace unos días lo hizo el calumniador Arcucci y su persecución a Riquelme que concluyó con la infamia de que el jugador no sólo había jugado mal sino que lo había hecho a propósito. Ahora es el optimista Juan Pablo Varsky que, en su columna de contratapa, parece haber visto otro mundial del que me tocó a mí.

2. Varsky dice que “hemos tenido tenido un torneo bien futbolero, que ha reivindicado genuinos valores del juego, bastante alejados del marketing.” Esos valores se enumeran más adelante. “Las figuras de Alemania 2006 reúnen las mismas características: seriedad, solidaridad, compromiso, espíritu de equipo y, sobre todo, conocimiento del juego.” ¿De qué habla Varsky? La lista parece más bien el discurso del director de una escuelita de fútbol al terminar el año. Estoy seguro de que los padres de los niños aplaudirían entusiastamente si así fuera el caso. Pero tratándose de la máxima competencia internacional entre futbolistas, esos méritos suenan un poco escasos. ¿Acaso es posible que en el mundial se juegue en broma y que los mayores cracks del planeta desconozcan el juego? Lo del espíritu de equipo está, por otra parte, muy cerca del nombre que, justamente, los especialistas de marketing le dieron al modelo de pelota con el que se jugó el campeonato.

3. Sigue diciendo Varsky, para culminar su felicitación a los boy scouts: “Saber como resolver en cada momento, en cada lugar, en cada situación y ejecutar correctamente.” La frase es un poco desconcertante. Por un lado, parece que el fútbol se jugara con un manual que proveyera para cada problema la respuesta adecuada, como si se tratara del código de conducta para el empleado de comercio o la policía de tránsito. Por el otro, Varsky parece insinuar que, dado que se han reivindicado los valores, los jugadores hicieron en general lo correcto y que en el mundial hubo pocos pases mal dados, goles perdidos, tiros a cualquier parte y que el campeonato fue una especie de concierto donde cada músico ejecutó a la perfección la partitura. Si es así, viendo los resultados, lo más probable es que la falla haya sido de los compositores.

4. Varsky, nombra luego a las ejemplares figuras: “Gloria a los Thuram, Cannavaro, Vieira, Maxi Rodríguez, Mascherano, Frings y Gattuso (…) Y talento, por supuesto. ¿No lo muestra un defensor como Gallas, que ganó el 90 por ciento de sus duelos individuales y cometió sólo dos faltas en 630 minutos de asistencia perfecta?” Más allá de que Varsky olvide a Zidane y a Klose, coincidimos en que este ha sido el mundial de los defensores. ¿Alcanza para regocijarse tanto? ¿Es tan bueno que sólo una parte del juego se haya practicado adecuadamente?

5. “Señores”, concluye el periodista, “este Mundial tiene olor a fútbol”. (…) Alemania le ha devuelto un poco de fútbol a los mundiales.” Permítanme hacer un ejercicio. Tomemos al pie de la letra, creamos en lo que dice Varsky. Y ahora, donde dice mundial de fútbol, pensemos en los play-off de la NBA, para elegir un deporte más o menos popular en la Argentina. ¿Se imagina alguien que un periodista americano pueda decir que las finales fueron buenas porque se jugó con seriedad y espíritu de equipo? ¿Porque un puñado de reboteros se destacó en detrimento de los otros puestos? Y que hay que elogiar la temporada porque “tuvo un poco de basket” o “tuvo olor a basket”. Sería absolutamente absurdo. Todas esas cosas, por supuesto, se dan por sentadas en el deporte de máxima competencia. ¿Alguien puede decir que Wimbledon tuvo olor a tenis, que la Serie Mundial tuvo olor a béisbol?

6. Lo curioso es que los elogios y las loas de Varsky sirven como confesión de que el mundial fue malo y de que un par de partidos intensos y un quinteto de defensores eficientes es mucho menos de lo que los espectadores de los 62 partidos jugados hasta ahora pretendíamos. De acuerdo, es posible que no se pueda esperar nada mejor del mundial y que ese sea su estándar, avalado además por el éxito económico.

7. Sí, es posible. Pero manifestaciones como las de Varsky me recuerdan una anécdota de mis tiempos como crítico de cine. Una colega de entonces, la francesa Bérénice Reynaud me contó que una vez se encontró con su compatriota Serge Daney, acaso el mejor crítico de la historia. En esa época, ella había escrito un par de reseñas alabando películas flojas con el argumento de que no eran buenas pero tenían algún mérito. Daney le dijo entonces (nuestra amiga lo contaba en un castellano con mucho acento): “Beguenice, ya es hoga de que dejes de cuidag tu bistec.” Tal vez Varsky debería hacer otro tanto.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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