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Diario del Mundial # 30.0

8 07 2006 - 10:41

Sábado 8 de julio. 14.30 hs.

1. Como si formara parte del contrato, cada vez que un cronista de la televisión habla del partido por el tercer puesto agrega una expresión como “el partido que no le interesa a nadie” o “el partido que nadie quiere jugar” o, directamente, “qué plomazo”. Este prejuicio absurdo que se extiende a la prensa escrita es una prueba más del exitismo del medio y de que los periodistas viven copiándose unos a otros.

2. A pesar de su mala imagen, y de que es rápidamente olvidado, el partido por la medalla de bronce suele ser un momento importante y grato del mundial. En primer lugar, no veo por qué a alguien le daría lo mismo salir tercero que cuarto y, además, si el ganador ha perdido en semifinales con el que resulta campeón al día siguiente, sus méritos deportivos resultan iguales a los del que sale segundo.

3. De paso, esa idea de que solo sirve ser campeón y que es elegante rechazar el honor de disputar el tercer puesto, le corresponde bien a los argentinos, que nunca han jugado por ese lugar. Argentina nunca perdió en semifinales, pero es que ha jugado muy pocas para ser un equipo grande. Igual que Uruguay, que dejó de hacerlo hace mucho, apenas cuatro veces llegó a pelear un lugar en el podio, contra once de Alemania, diez de Brasil y ocho de Italia. Incluso Francia ha jugado cinco semifinales. Lo que muestra que al seleccionado argentino le vendría muy bien tener cultura de podio y no estar siempre obligado al todo o nada. La presencia permanente en semifinales, importante para reforzar le tradición, contribuye a quitarle miedo escénico a los equipos.

4. Al mismo tiempo, la historia de este partido es interesante en sí. Por un lado, suele ser pródiga en goles: 3,93 de promedio (y nunca hubo penales). Por el otro suele proponerles una despedida con valor a reconocimiento a equipos que fueron importantes en el torneo sin ser campeones. De los que recuerdo, Portugal en el 66, Polonia en el 74, Francia en el 82, Bulgaria en el 94, Turquía en el 2002 son muy buenos ejemplos. Otras veces, es el equipo local el que quiere irse con una victoria frente a su público, como Chile en el 62, Italia en el 82 o Corea en el 2002. Tengo muy fresco el buen encuentro entre turcos y coreanos del último mundial donde confluyeron ambas tendencias.

5. Y hay otra razón para esperar el partido consuelo con alegría, por lo menos en mi caso. Después de asistir a la aceleración del mundial en las rondas eliminatorias donde todos los encuentros cobran un obligado dramatismo, este nos retrotrae a los primeros días del campeonato cuando no se jugaba con tanta urgencia y nada era definitivo. El defecto de esta confrontación —que no decide nada trascendente— puede hacer de él un partido abierto y donde el puro placer del fútbol sin angustias recobre su lugar por un momento

6. Eso depende mucho de los equipos, por supuesto: deben jugar a ganar pero sin que les vaya la vida en ello. A veces, los jugadores no están lo suficientemente enteros como para poder cumplir con estos requisitos y me temo que esa va a ser la situación en este caso. Alemania y Portugal llegan heridos y con ausencias importantes. Aunque los dos valoran la victoria, me temo que intentarán lograrla sin exponerse a un trámite muy intenso. Si bien se suele jugar bien en esta fecha de los mundiales, puede que éste le imprima a la pequeña fiesta de esta tarde su tono más bien sombrío.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


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