Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Diario del Mundial # 31.1

9 07 2006 - 16:51

Domingo 9 de julio. 20.30 hs.

1. Hace unos minutos, mientras Fabio Cannavaro levantaba la Copa, Flavia de la Fuente abrió las cuatro persianas (cerradas durante 31 días) de la habitación donde vi los 64 partidos del mundial y escribí las 83 (creo) notas de este diario. Ella, además, no solo corrigió, editó y subió a TP cada artículo, sino que los complementó con la extraordinaria galería de fotos de San Clemente que le dieron aire y categoría a esta absurda empresa. Por la ventana, se ven ahora la luna y el crepúsculo y se adivinan dos pequeños recortes del mar. Somos libres.

2. Italia (1) – Francia (1) (por penales 5 a 3), es la segunda final que se define de esta manera. La primera fue en el 94, un horrible Brasil-Italia. La de hoy no fue tan mala y es muy meritorio lo que hicieron los jugadores de ambos equipos, entregando hasta el último aliento de fortaleza y técnica. Pero también este partido es una confesión de que este mundial fue demasiado pobre y de que no tiene sentido que la mayor confrontación del mayor deporte del planeta sea esta sucesión de partidos en los que el cansancio es el gran protagonista. No es verdad, como sostienen nuestros crueles y desaprensivos cronistas, que fracasaron los jugadores. Si es casi imposible elegir la figura de este campeonato, si los delanteros fueron inoperantes, si los encargados de crear fueron rutinarios y los jóvenes demasiado inmaduros, la culpa no es de ellos sino del sistema. Una mala actuación es un problema individual, la de quinientos futbolistas debe ser revisada desde una perspectiva menos simplista.

3. Ni siquiera es verdad que este fue el mundial de los defensores. Jugadores como Cannavaro, Gattuso, Zambrotta y Grosso, pilares de la zaga italiana, hicieron hoy un partido mediocre y perdieron varias veces con Henry, con Malouda, con Ribery, un poco más frescos que los delanteros alemanes de la semifinal. Pero Francia podría haber ganado en el segundo tiempo, en el alargue o en los penales y hoy se estaría celebrando a Zidane y a Henry, disimulando lo que ocurrió en realidad: ninguno tenía el resto necesario para triunfar normalmente, la cuota de energía que se traduce en despliegue físico pero también en precisión y aplomo para definir.

4. La imagen que finalmente deja este mundial es la Zidane, el jugador más fino del torneo, pegándole un cabezazo a Materazzi, uno de los más violentos: el mundo al revés. Eso fue Alemania 2006. Es verdad que Zidane tiene alguna tendencia al gesto descontrolado, pero lo suyo, en la despedida del fútbol, fue menos un ataque al adversario que una descarga porque el partido se le escapaba a su equipo por falta de ese plus que permite concretar en la red un dominio evidente. Es como si Zidane, la máxima figura del fútbol internacional de esta década, le hubiera pegado un portazo al torneo. Fue una agresión increíblemente simbólica.

5. Unos minutos antes, el arquero italiano Buffon le había desviado al 10 de Francia un cabezazo que hubiera significado el campeonato para su equipo y el último saludo en el escenario de un jugador descomunal. Pero ese gol, aunque iluminara la noche, hubiera sido una hazaña sobrehumana y el capitán francés es, después de todo, de carne y hueso. Esos jugadores geniales que tienen, sin embargo, límites y errores, siempre fueron para mí lo más grande, lo más interesante de un deporte, más aun que los que nacen cada doscientos años y sobresalen sin esfuerzo.

6. No creo que la pobreza de este mundial pueda ser seriamente discutida. Pero me gustaría insistir, a riesgo de ser cargoso, que es innoble atribuírsela a los futbolistas. Jugaron para ganar, dejaron el alma en la cancha y trataron de jugar el mejor fútbol que una situación muy acotada les permitía. Francia e Italia, en particular, fueron los dos conjuntos que mejor expresaron esa actitud de deportistas, de hacer lo mejor que se pueda, de no resignarse a las distintas adversidades, ni siquiera al ocasional mal juego del propio equipo.

7. Italia jugó un primer tiempo aceptable. Tras unos minutos iniciales favorables a Francia, que se encontró rápidamente en ventaja con un penal convertido por Zidane, Italia se fue a la carga. Parecía casi imposible que lograra un gol en una jugada de campo, siempre desbaratadas por la eficaz defensa francesa. Pero Italia dominó el medio campo en ese período, lo desbordó a Francia y se fue a buscar el empate y luego la victoria. Encontró el camino con los corners desde la derecha, magistralmente ejecutados por Pirlo para la cabeza de los altos del equipo. Así empató de cabeza Materazzi y, de cabeza, Toni sacudió el travesaño. La primera etapa terminó con Francia pidiendo la hora. Había salido a jugar preocupada por la subida de Grosso y, por eso, lo colocó a Ribery pegado a la banda. Sin embargo, Italia le creó peligro por el otro lado, aprovechando la debilidad de Abidal, el punto flojo de la defensa en todo el torneo. Después de convertir el gol, el medio campo francés se retrasó, regaló la pelota y permitió el dominio italiano.

8. Pero el segundo tiempo y el alargue fueron otro partido: un monólogo de los franceses. Vieira, Makelele, Zidane y un muy activo Malouda se adelantaron un poco, se ubicaron donde mejor juegan y empezaron a controlar lo que pasaba en ese sector. Ribery, que había estado intrascendente, se despegó del costado, empezó a crear peligro y sus diagonales permitieron las subidas de Sagnol. Y Henry jugó sus mejores minutos del torneo, con tres o cuatro jugadas desequilibrantes que pudieron terminar en gol. Italia mostró que había hecho lo suyo y estaba fundida. Aunque Lippi hizo entrar jugadores de refresco, buscando un efecto parecido al que había logrado con Alemania, los italianos no lograron hilvanar un ataque en la hora final de partido.

9. En ese lapso, Francia se adueñó de la pelota, superó el siempre peligroso aislamiento al que tienden sus jugadores (es una característica del fútbol francés que los atacantes jueguen muy separados entre sí) y atacó constantemente, aun cuando se quedó con diez hombres. Pero, como decíamos, ante una defensa tan aguerrida como la italiana (aunque sus integrantes fallaron más de lo habitual por el cansancio), es necesaria la máxima lucidez para vulnerarla, y los franceses, que además habían perdido por lesión un baluarte futbolístico y moral con la lesión de Vieira, no la tuvieron. Así se llegó a la definición por penales y así ganó Italia con una ejecución perfecta.

10. Supongo que los diarios van a decir mañana que Elizondo dirigió brillantemente, como lo hicieron Niembro y Clos en Telefe. El nacionalismo suele llevar a esos disimulos un poco patéticos. No fue penal el que el árbitro argentino sancionó a los cuatro minutos contra Malouda. No fue penal, ni medio penal ni un cuarto de penal. Fue un invento puro y no es bueno hacer esas cosas en la final del mundo. Después, alternó aciertos con errores, cobrando unas cuantas infracciones porque parecían más de lo que eran. Mostró, eso sí, una gran tranquilidad, casi una máscara de tranquilidad, pero la procesión iba por dentro. Estaba nervioso Elizondo. Y así lo sorprendió el cabezazo de Zidane a Materazzi que el juez no vio ni tampoco sus jueces de línea, salvo en la repetición en la pantalla del estadio. Es evidente que fue una voz en sus auriculares la que le dijo lo que había ocurrido. ¿De quién era esa voz? Es difícil saberlo (y esto nos lleva otra vez a la expulsión de Rooney, donde puede que haya visto el famoso pisotón, pero no reaccionó hasta que oyó algo). Es muy raro lo ocurrido, que la televisión decida un fallo arbitral en la final del campeonato. Luis Figo pegó un cabezazo en Portugal-Holanda que la televisión mostró, pero el árbitro no hizo nada al respecto y, después, la FIFA no suspendió al jugador justamente por que el juez no lo había informado. ¿Cuál es la reglamentación para un caso así? Nadie lo sabe y no creo que se haya hecho pública. Como venimos sosteniendo, en el fútbol no hay seguridad jurídica. El golpe de Zidane fue un caso claro, pero ¿si hubiera sido más dudoso y el árbitro o quien sea hubiera apreciado erróneamente la repetición? ¿Y si no fue el árbitro ni los jueces de línea sino el juez suplente? ¿Y si no fue el juez suplente y hay otra voz a distancia que controla a los árbitros? No es una irregularidad pequeña que el mundial no tenga un reglamento previo y conocido por todos y sí, en cambio, un mecanismo de decisión sorpresa que aparece en la final.

11. Mirando el partido, aunque tenía cierta simpatía para Francia, en un momento, cuando ya se jugaba por inercia, tuve la sensación de que no importaba quién iba a ser el campeón. Que cualquiera fuese el resultado, su única consecuencia sería que ciertas manos tomarían el trofeo en lugar de otras y que los jugadores, los hinchas y los políticos de un cierto país se irián a dormir felices. Pero había algo demasiado aleatorio en el ambiente, demasiado caprichoso. No hubo en la última noche de Alemania 2006 un campeón ni un segundo, sino 28 jugadores prematuramente extenuados, a los que un sistema perverso obligó a un esfuerzo inútil. Ni ellos ni los espectadores merecen este martirio.

12. Pero se terminó. Fue un gran placer, (aunque un placer masoquista por momentos) escribir este diario. Tardaremos en recuperarnos y es muy probable que nunca lleguemos a comprender cuál fue su sentido. A los que nos acompañaron en esta obsesión, a los que nos alentaron como a los maratonistas que recorren las calles, a los que nos leyeron, a los que asintieron y disintieron, muchas gracias y un gran abrazo.

Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.


————————————

Del mismo autor:
Ultimas obsesiones
Fútbol por TV #9
Fútbol por TV #8
Fútbol por TV #7
Fútbol por TV #6
Fútbol por TV #5
Fútbol por TV #4
Fútbol por TV #3
Fútbol por TV #2
Fútbol por TV