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Corrupción

11 07 2006 - 16:33

Para realizar de alguna manera el tránsito de la magia del futbol a la vieja realidad de todos los días, y cambiar de tema, propongo el siguiente punto de partida; la AFA. Me lo sugiere una entrevista televisiva el lunes diez de julio, ayer, de los periodistas Cherquis Viale y Julio Ricardo, al dirigente de Vélez Sarsfield y candidato a la presidencia de la asociación del futbol argentino Raúl Gámez, junto al empresario que contrató a la selección argentina para doce amistosos de aquí al 2011.

750 mil dólares por partido más los derechos de la televisación en nuestro país, le aseguraban a la entidad nacional un plus de un cincuenta por ciento de lo que cobraba de promedio hasta hoy, para una serie de encuentros en Europa que sabemos que no son frecuentes en la programación de nuestro seleccionado.

El empresario argentino representa a un gigante petrolero ruso también con intereses en el futbol a la manera de otros como el que se adueñó del Chelsea. Mundo raro, mundo caro. No se entendía la posición crítica de Gámez que había votado a favor de la propuesta contractual de Grondona. Una vez disipados los rumores que circulaban acerca de la renuncia de Pekerman que se decía tenía que ver con las condiciones impuestas por los rusos, que habrían pedido participar de las charlas técnicas y tener representantes que pernoctaran en el mismo lugar que la selección argentina, una vez aclarado que era un infundio infantil e iresponsable que ni el mismo Gámez tomaba en serio, seguían oscuras las razones por las cuales el vicepresidente de Vélez denunciaba el contrato más aún cuando confesó que no conocía sus claúsulas. No hacía más que hilvanar frases y lanzar palabras atractivas como “ grondonadependencia” y “privatización” de la selección nacional. Votar a favor y luego denunciar, hacerlo sin conocer las cláusulas, no parecía serio.

Insistía en que era un contrato demasiado largo, que firmarlo antes del Mundial había sido una aventura riesgosa que de ser campeones, o si Messi se revelaba como un nuevo Maradona, ni siquiera hubiera sido conveniente desde el punto de vista económico. Materia de opinión, el riesgo sin duda existía, tanto de aquello que argumentaba el dirigente como la posibilidad de que se repitiera lo de Japón, con la vuelta en la primera ronda.
Por eso se habla hoy en día de compromisos inmediatos del seleccionado en agosto, y hasta fin de año de al menos otro cotejo más, con lo que urge nombrar un nuevo técnico de la casaca patria. Brasil cobraba un millón, Inglaterra ochocientos mil, nuestra selección se acercaría a las grandes selecciones del mundo en honorarios, ya que, según el empresario, autorizado para este tipo de contratos por la FIFA, el futbol es hoy uno de los mayores “ entretenimientos” del mundo, y se habla de que con Messi, Tévez, Mascherano, Agüero, Palacios, y otros más, Argentina podría llegar a concitar el mismo interés que Brasil después de Japón.

Si bien es cierto que los asiáticos pagan más, las giras europeas tienen la ventaja de los horarios y de una agenda concertada con los equipos europeos de los que forman parte la inmensa mayoría de los jugadores.

Pero Gámez, dale que dale, diciendo que hay gato encerrado pero nunca diciendo el color. Por eso diré lo que él no pudo decir, quizás adivine su pensamiento secreto. Hay plata por debajo de la mesa cada vez que se hace un negoci(ado). Por eso nombró varias cuestiones arregladas los últimos tiempos, con un tal futbol.com o algo así, con la compra de cámaras de video para controlar e identificar hinchas violentos, permanentes acuerdos comerciales entre amigos, a veces familiares, y séquito del presidente de la AFA.

Gámez dice que siendo Grondona vicepresidente de la FIFA podía esperar hasta después de mundial para firmar contratos, y que estaba destruyendo lo que habia construído con anterioridad.

El modo extraño en que se dirimen en nuestro país los problemas del futbol, que se aprueben contratos que no se leen, que se levante la mano para obtener unos pesos para el club que se representa, la recaudación obtenida por un arreglo que se supone espúreo, nos hablan de un entretenimiento con trastienda en el subsuelo.

Gámez es un reconocido dirigente de un club con cuentas a la vista de los socios, con la mistica del hincha trasladada al directivo, un anacronismo para la época. Pero, además, para los incrédulos, representa al club social y de futbol más próspero del país, que no compra jugadores sino que los forma, los hace jugar años para la entidad, para desprenderse sólo de algunos.

Lo que no dice Gámez a pesar de manifestar su desaprobación y su tácita denuncia tiene que ver con este asunto que algunos llaman corrupción y otros justifican como un legítimo premio de los responsables de obtener beneficios para entidades que se siguen llamando sin fines de lucro.


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