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La Tercera Línea

12 07 2006 - 17:41

Esta es la séptima entrega de nuestra lectura del poema Jing ye si. Anoche, en un hotelucho de mala muerte en Kowloon, frente a la isla de Hong Kong, imaginé que estas notas eran inmanejables. No imaginé, comprendí. Releí todo, dos o tres veces. En cuanto me repuse del horror de leerme a mí mismo, caí en la cuenta de que las primeras entregas del análisis del poema abarcaron hasta una línea completa, cinco signos, mientas que la sexta entrega, la anterior a esta, agotó la paciencia de TP en un solo carácter. Cuando pienso en esto, en el comportamiento telescópico, tal vez fractal de la lectura que encaramos, no sé si alegrarme, si gozar del descubrimiento, del rumbo que toma la cosa, o por el contrario culparme una vez más de mi incapacidad para terminar algo. Después de todo, tal vez sea el caso: hacer algo tan largo como el infinito nos (me) evade de tener que enfrentar la mediocridad de no haber dicho nada. Ahora mismo, mientras escribo, estoy angustiado. Pero ya siento el calor, el abrigo que me dan los signos y sus patitas, sus pelos y sus mesas y cucharas llenas y vacías. ¿Hay acaso algo más hermoso en el mundo?

Hong Kong es una isla degenerada y hermosa, habitada por —digamos algo impropio— dos razas. Después de las once de la noche la raza número uno vuelve a sus cubiles, y sale a pulular la raza número dos. Está compuesta (la raza nocturna) por un cincuenta por ciento de chinos del sur, menores de treinta años. El resto son africanos, árabes diversos, indios e israelitas. Todos conviven en una nocturna armonía. Los africanos toman alcohol en los kioscos, sentados en la puerta, sin mirar nada, o mirando el piso. Los israelitas son bastante ruidosos, y me saludan, dado mi aspecto, en lenguas que ignoro, con gesto amable. Algunos árabes y otros indios chamuyan. Se te acercan despacio, por la izquierda, del lado de la pared, te miran y te dicen al oído una frase que incluye una o varias de las siguientes palabras: hachís, marihuana, girl, girls, massage, sex, boy, boys, cheap, good, look, just look. Las mujeres indias, vestidas con sus ropas típicas, con el Mahal Tipha en la frente, en general recorren la Nathan road (algo así como la Corrientes de Buenos Aires, pero en Kowloon) junto a tres o cuatro chicas, orientales, no chinas, probablemente Tailandesas, de más de un metro ochenta de altura y una tercera parte de mi peso. Las chicas se venden.

Hong Kong es una vergüenza de caro. No puede ser. Pero hay una opción: viajar a Macao. Macao es un grupo de tres islas, Macao, Taipa y Coloane, a sesenta kilómetros de Hong Kong. Desde 1600 fue colonia portuguesa. El resultado de tales acontecimientos, ustedes comprenderán, es impredecible y fascinante. El viaje ida y vuelta de una hora en barco, más una noche en un hotel cinco estrellas sale menos dinero que una noche en un hotel tres estrellas (y con esto estoy siendo muy generoso) en Hong Kong o Kowloon. Por eso estoy ahora mismo en Taipa, frente a Bahía Macau, mirando por la ventana inmensa de mi cuarto y escribiendo estas líneas: para ahorrar, y así durar más en este viaje. La comida macanesa es, por lejos, la mejor que he probado en mi vida, una mixtura perfecta entre cocina cantonesa y portuguesa. Y hay un arroz con leche y canela que no se entiende, no es posible; su perfección supera lo imaginable.

Volvamos, al menos por un rato, a nuestro poema ¿Dónde quedamos? En la tercera línea. Ahora nos toca el segundo caracter. Veamos el signo que nos convoca, escrito en diferentes estilos caligráficos:

1 es la forma simplificada, de uso actual en China continental, mientras que 2 es el tipo de signos que veremos aquí, en Hong Kong, o en Taiwan. 5 es la forma más tradicional. Como siempre, vamos a observar la forma más tradicional un poco más de cerca.

Veamos:

3, en la cúspide, es nuestro signo estudiado. A la izquierda tenemos 1 y 2. Ambos son el mismo signo, con la única diferencia de que 1 está escrito en la grafía más antigua conocida. Este signo representa un plato lleno de alimentos. Con el tiempo se añadió el trazo superior, como puede verse en 2, y desaparece en punto interior. La pronunciación de este signo es dou4, y en nuestro caracter jurga un papel meramente fonético. Nuestro signo (no. 3, en la cúspide), se pronuncia tou2, y significa cabeza. De hecho, la parte componente indicada con el n.5 significa cabeza, y si bien el agregado de piernas (n.6 para dar el n.4) conforma uno de los tantos signos para designar al hombre, a lo largo de los siglos el significado ha ido mutando, hasta significar únicamente cabeza. El agregado a la izquierda de la parte fonética es la última etapa en el período de “desarrollo” del signo, esto, claro está, sin contar la mutilación que significan los caracteres simplificados.

En conjunto con el signo estudiado en la entrega anterior, tenemos ya parte de la tercer línea analizada y, espero, comprendida:

El pin yin de estos dos signos: ju3 tou2. ju3 leventar, elevar; tou2, cabeza.

“Levanto mi cabeza… “
“Elevo mi cabeza…”
“Levanto la cabeza…”
“Levanto la mirada…”
“Elevo mi mirada…”

La próxima, haremos un breve repaso de lo traducido, y trataremos de extraer algunas conclusiones, antes de dar el golpe final.


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Del mismo autor:
Ferro Revisited
China es grande
San Mao
El Poema Completo
Cuchara llena, cuchara vacía
La luna, la cama y el piso
Xiao Baroque
Hola Loco
Los Radicales
Precalentamiento: El título.