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Paraguas Asesinos

14 07 2006 - 19:01

Llueven cohetes. No acá, en mi living, pero sí a una distancia similar a la que hay de Buenos Aires a Chascomús. Lo que se venía demorando, que la inflamación islámica sacara de las casillas al siempre cebado Israel, acaba de empezar. Encima hace un calor.

Algunas claves locales (los riesgos en el Líbano son evidentes y los diarios lo informan “bien”):

¿Hay riesgo de que misiles más jodidos impacten en Haifa, tercera ciudad en importancia del país? Verdadero.

¿Existe el peligro de que esos proyectiles destruyan refinerías e instalaciones especiales secretas y haya un desastre ecológico en una de las ciudades más importantes? Verdadero.

¿Israel está dispuesto a correr esos riesgos? Verdadero, porque es quizás el más alto precio que arriesgará para cumplir su plan, el de poner fin a la presencia de Hezbollah en la frontera norte. Es una grave –y hasta quizás inevitable– consecuencia que puede sufrir en su campaña, ya en marcha, para poner su orden en la zona desde donde a diario se tira de la más sensible cuerda del país, la seguridad.

La guerra real de Israel en este momento es contra el tiempo. Y es contra esa variable que en realidad pelea, porque acaba de comenzar una operación que no se terminará hasta que se logre el reemplazo definitivo del control del sur del Líbano. Es decir, expulsar a Hezbollah de la región y forzar de manera estratégica y evidente a Beirut a posicionar a su Ejército regular para que administre la seguridad de la frontera. “Beirut está pagando el precio de su actitud pasiva que prolongó durante años”, dijo el ministro de Defensa Amir Peretz. Más claro imposible.

Lo que algunos interpretan como acciones terroristas de Hezbollah –el secuestro y la muerte de soldados y el lanzamiento de Katiushas contra territorio israelí– para el Gobierno son acciones que partieron de territorio libanés. Con ese criterio, Israel significa los hechos como hostilidades que provienen de un Estado, más allá de quien haya sido el autor intelectual o material (*). Israel considera que debe ahora cambiar las reglas de juego y en eso está. Lamentablemente, los tres soldados secuestrados en el norte están condenados a muerte, ya que no se percibe como viable que Israel se disponga a negociar con los terroristas un canje de prisioneros.

En Gaza se está viviendo una situación paralela con el soldado Guilad Shalit, y era justamente allí donde estaba instalada la tensión bélica y diplomática cuando de repente el frente norte se convirtió en triste protagonista de una guerra que ya tiene un cierto cronograma, no del todo flexible, para lograr su objetivo.
Como dice un analista muy cercano, Mario Wainstein, un estado de alerta permanente es exactamente igual a que si no hubiera un estado de alerta.

La máxima tensión se presenta tan permeable que permite que ocurran hechos como el secuestro y la muerte de soldados en el norte. Porque desde la salida del Líbano en mayo de 2000 luego de permanecer en la zona de seguridad durante casi 20 años, el norte israelí es víctima de los Katiusha de Hezbolla y por ende la luz roja está siempre encendida.

Hezbollah y Hamás golpean de una manera en la que Israel, maniatado, no puede demostrar su despliegue militar por una cuestión de desigualdad. Su poder persuasivo –las rayas negras y amarillas de la abeja– viene sufriendo un desgaste, pero aquí se considera que llegó el momento de recuperar su efecto de manera definitiva. Si hasta ahora Israel no había pegado ni con la cuarta parte de lo que tiene –acá hay cabezas químicas, bacteriológicas, nucleares y de termo– es por ese código común de los enemigos de mantener el equilibrio en la utilización de armamento altamente sofisticado.

En Gaza hay misiles Scud (¿Se acuerdan de 1990 y el Golfo Pérsico?) pero no los tiran para que Israel no devuelva con algo peor, y así. No son gentilezas, es cuidarse el culo. Ahora el que se metió (bah, estuvo siempre bancando a Hezbolla como Washington a Tel Aviv) es Irán, que advirtió que si Israel ataca a Siria se pudre con ellos también.

“Ojalá –me dijo un tachero ayer- entremos a Siria y se meta Irán. Así tenemos la excusa perfecta para borrarlos del mapa”.

—Pero sería una Solución Final, le dije.

—Ya estás comparando esto con términos negativos. Hablo de borrar un territorio lleno de mierda. Haciendo eso vas a persuadir de forma definitiva. Y vas a decir: “Alguna vez hubo un lugar llamado Beirut”.

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Cuando era chico, me enseñaron esta canción en un movimiento sionista de derecha ubicado entonces en la calle Paysandú en La Paternal, Capital Federal:

“Jabotinsky es nuestro estandarte, también Beguin y Arieh Sharón, forjaremos una patria grande, Jerusalén será su corazón.

Ya se oyen los estampidos, de los tanques al avanzar, son los fieros leones judíos, que a Damasco ya están por llegar.

El Canal ya no nos contiene, adelante con nuestro ideal, avanzando con la fe judía, hasta El Cairo nueva capital”.

Un saludo a todos los que me conocen y recomiendo recordar que Buenos Aires tiene el raro privilegio de contar con un cruce de calles que no se repite en ningún otro lugar: Estado de Israel y Palestina.

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*Hezbollah es una organización integrista chiíta (musulmanes con turbante, tipo Irán) que tiene status de partido político en el Líbano y cuenta con parlamentarios en el Congreso de ese país.


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Del mismo autor:
Creer o reventar
La Muerte y la Brújula
Katiushas en el norte y Kasam en el sur
Requiem que no soñó serlo