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Diario de Beirut (día 1)

16 07 2006 - 18:17

Escribo esto en un café, en el distrito Hamra del oeste de Beirut. Está lleno de gente que, como yo, trata de escapar por un rato de las noticias. Hace un rato cortaron la luz, y la ciudad entera sobrevive bajo el viejo generadores, tan familiar en tiempos de guerra. Los habían dejado descansar un tiempo, pero ya están de vuelta. Hace calor, el lugar está oscuro y húmedo. En vez del ruido habitual de las licuadoras y las máquinas de espresso se escuchan hoy conversaciones, rumores, distintas formas de la frustración atravesando el bar. Estoy mejor acá que en casa viendo las noticias en vivo. Cada tanto se escucha algún avión israelí que nos pasa por encima. Tiran volantes como parte de la guerra “psicológica”. Ayer los volantes advertían a los habitantes de los suburbios en el sur de que la noche iba a ponerse “caliente”, que mejor se fueran. Hoy los volantes anuncian el plan de bombardear todos los otros túneles y puentes de Beirut. La gente arrasa los supermercados haciendo acopio de comida.

Esta mañana contesté varios mails de amigos preocupados. Les dije que estábamos bien, que los blancos parecían estar circunscriptos a áreas de Hezbollah y su entorno. Ahora me arrepiento de haber escrito eso. Hasta hace poco, las bombas no pasaban de las pistas del aeropuerto, como si intentaran controlar el daño posible. Hace unas horas cayeron cuatro bombas sobre los nuevos edificios del aeropuerto.

La noche fue terrible. Las bombas sobre el aeropuerto y los suburbios del sur venían del aire y del mar. Desde mi departamento se ve la bahía de Beirut, y los barcos israelíes bombardeando sin problemas. Es asombroso la comodidad con la que avanzan sobre Beirut, desplegando su violencia y felicitándose a sí mismos.

La burguesía anglo y francoparlante ya se refugió en las montañas, bajo la histórica convicción de que los israelíes no van a atacar las pobladas montañas cristianas del Líbano. Tal vez se equivoquen esta vez. Los sauditas, kuwaitíes, nativos del Golfo y otros expatriados ya se fueron del país, casi todos, en micros via Damasco, antes de que bombardearan la ruta. Se suponía que iban a ser la mano de obra barata de Beirut. Había algo casi cómico en el contraste entre el pánico inmediato de ellos y la actitud desafiante de los habitantes de los suburbios del sur. Igual, esta vez, no tengo más ganas de desafiar a nadie por la causa que sea. Ni hay causa, en realidad. Lo único que hay son negociaciones siniestras post-kissingerianas. Casi se puede oir la voz de Kissinger, racionalizando lacónicamente la destrucción de un país, las muertes de familias enteras, para que los israelíes ganen algo más.

Aunque yo no lo veo, todo el mundo habla de un motivo, un diseño, una estrategia en los ataques. La estrategia militar a corto plazo parece ser la de anular los transportes y las comunicaciones. Y las usinas eléctricas. La zona sur está a esta altura reconfigurada en pequeños enclaves que no se pueden comunicar entre sí. La mayoría tiene suficiente combustible y comida hasta mañana o pasado, pero después de eso el aislamiento va a producir catástrofes. Los gobernadores gritan en la tele pidiendo ayuda.

Todo esto me hace acordar a 1982, cuando Israel sitió Beirut. Mi pesadilla constante. Bueno, una de mis pesadillas. Esa vez también era verano. El ejército israelí marchó desde el sur y tomó la ciudad. Durante tres meses, la administración de los Estados Unidos se la pasó despachando comunicados preguntando si los israelíes estaban actuando de manera apropiada. Y les contestaban que sí. En esa época había un comando de la OLP; la verdad que los extraño, me sentía segura con ellos. Entre Hezbollah y el ejército libanés no me siento para nada segura. Estamos expuestos, indefensos. Es patético. Y yo ya tengo 37, y una idea más clara del peligro. Me asusta el ruido de los aviones. No quiero desafiar a nadie ni luchar contra nada. Ya no.

Lo que sí estoy es indignada porque nadie parece saber lo difícil que fue la reconstrucción durante la posguerra, el precio que tuvimos que pagar por eso. Hariri no hizo milagros. La gente trabajó mucho y sacrificó mucho para que las cosas salieran. Cada puente, cada túnel, las autopistas, ese aeropuerto, todos sudamos para construir eso, al triple del costo que debería haber tenido porque cada miembro del gobierno, cada personaje en la Junta de Gobierno siria, los altos funcionarios en la administración de Hariri y más, eran todos ladrones. Y nosotros aceptamos el robo y el saqueo con la idea de que las cosas por lo menos se hicieran y pudiéramos terminar con todo esto. Todos teníamos dos trabajos (con la excepción de la elite gobernante), todos pagamos impuestos demenciales y sumas extra para alimentar el “contrato social”. Resistimos el ataque neoliberal, la arrogancia de los consultores económicos y los créditos impagables para conseguir un país más o menos normal. Una sociedad civil árabe que funcionara mínimamente. Sacrificamos escuelas públicas para que se construyeran rutas en áreas rurales olvidadas y unos cuantos funcionarios sirios se hicieran ricos. Y lo aceptamos; la ruta hacía falta de veras y había que proteger el “precario consenso nacional”. Las redes de seguridad social desaparecieron, los sindicatos se rompieron o fueron cooptados, los espacios públicos desaparecieron, y todos bajamos la cabeza y aceptamos. A los refugiados palestinos los fueron empujando más y más hacia el olvido, escondidos, lejos de nuestra vida cotidiana “para preservar su identidad”, nos dijeron, y aceptamos. Cambiamos todo eso por un país secular en el cual Hezbollah y las Fuerzas Libanesas pudieran pelearse en el parlamento, no con balas. Nos mordimos la lengua la mayor parte del tiempo. A veces protestamos infructuosamente, o salimos a la calle, desafiando el toque de queda militar, intentando proteger el mínimo de derechos civiles propio de una mínima apariencia de democracia. Y no hace falta más que un ataque aéreo para que todo eso vuele también en pedazos. No es el aeropuerto; es lo que construímos durante la posguerra.

Como suele suceder con el Líbano, no se trata sólo del Líbano. Las especulaciones abundan. Mucha retórica, claro, pero también algunas teorías:

Teoría número 1

Esto tiene que ver con Siria, Hamas y Hezbollah tratando de tener las mejores cartas en las negociaciones con Israel. Hezbollah dejó claro desde el momento en que capturaron a los soldados israelíes que estaban dispuestos a negociar de manera conjunta con Hamas la liberación de los prisioneros árabes en cárceles israelíes. Irán estaría simplemente respaldando a Hamas y Siria.

Teoría número 2

Esto no tiene nada que ver con Gaza o con fortalecer las variables de negociación de los palestinos respecto de los presos en las cárceles israelíes, sino con la bomba nuclear en Irán y las negociaciones con Europa y EE.UU.

El negociador iraní se fue de Bruselas antes de que las negociaciones terminaran y, en vez de volver a Teherán, aterrizó en Damasco. Dos días más tarde, Hezbollah secuestró a los soldados israelíes. En este momento está reunido el G8, y se supone que Irán tendrá una respuesta lista. Pero antes, le muestran al mundo que tienen una amplia esfera bajo control en la región: Afganistán, Irak y el Líbano. En el Líbano son una amenaza real para Israel. Los misiles “nuevos”, de mayor alcance, que Hezbollah lanzó en Haifa son un mensaje. Los reyes de Jordania y Arabia Saudita difundieron declaraciones haciendo a Hezbollah único responsable en la escalada, y eso se entiende como un mensaje hacia Irán. Irán, por su parte, prometió pagar por la reconstrucción de las casas y la innfraestructura destruídas en el sur. Y amenazó a Israel con el “infierno” si ataca Siria.

Teoría número 3

Esto tiene que ver con el Líbano, Hezbollah y la 1559 (la resolución de la ONU reclamando el desarme de Hezbollah y la retirada de las tropas libanesas en la zona sur). Esta teoría supone como eje una conspiración entre Siria, Irán y los Estados Unidos para cerrar el archivo Hezbollah para siempre, resolviendo la crisis que vive el Líbano desde el asesinato de Hariri. El hecho de que Israel no haya tocado Siria se enuncia como evidencia de esta conspiración, y quienes sostienen esta teoría dicen que la idea de Israel es golpear fuerte a Hezbollah y llevar la economía libanesa al punto en el cual se produzca una crisis política. El resultado sería que Hezbollah deponga las armas y una zona “almohadón”, un buffer entre Israel y el Líbano, bajo control del ejército libanés en el Líbano y el ejército israelí en el norte de Galilea. Otras evidencias posibles para esta teoría son las declaraciones de Jordania y Arabia Saudita condenando a Hezbollah y haciéndolos responsables de los horrores cometidos contra el pueblo libanés.

Hay otras teorías, y yo ya no tengo idea de qué pensar. Pero estoy cansada de pasar el día y la noche esperando la bomba que me toque a mí, como blanco intencional o no. Cansada de ver gente masacrada, sin casa, o preparándose para llorar a sus familiares y amigos.

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Los diarios de Rasha nos llegan en inglés y son traducidos lo más rápido posible por la redacción de TP. Inconsistencias y errores pueden ser culpa nuestra.


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Del mismo autor:
Diario de Beirut (día 5)
Diario de Beirut (día 4)
Diario de Beirut (día 3)
Diario de Beirut (día 2)