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Diario de Beirut (día 2)
Rasha, en el Líbano
17 07 2006 - 13:35

El día fue duro, plagado de bombardeos desde el aire y desde el mar, pero hasta ahora la noche ha sido tranquila. Nos pronostican que no va a seguir así aunque, a esta altura, la mayoría de los análisis se parecen a lecturas del futuro en las hojas de té.

Recibí una amplia gama de comentarios a partir de mi entrega de ayer y pensé en ellos todo el día. Esta mañana fui a visitar amigos en su casa: ahora la gente se reúne en las casas ya que la mayoría de los cafés de “Beirut Oeste” están cerrados. En situaciones como ésta, la ciudad se acurruca en los barrios, se evitan las principales arterias y se prefieren las rutas secundarias y los callejones. Los encuentros se desplazan al miembro del grupo cuya vecindad tiene corriente eléctrica, cuyo ascensor funciona y cuyas obligaciones familiares son suficientemente elusivas como para albergar a una multitud inquieta y sedienta de intercambio social.

En el grupo, yo era la única que tenía experiencia en el desánimo, que estaba auténticamente frustrada por tener que enfrentar otra ronda del conflicto árabe-israelí. Todo el mundo parecía resignado a soportar este momento siniestro. Todo el mundo se entretenía en análisis y especulaciones. Juegos mentales, ficciones, quimeras. Lamenté expresar mi desconfianza en la lucha, en la acumulación de energía para enfrentar a Israel y desafiar la destrucción del Líbano. Sentí que había traicionado un principio, que le había faltado el respeto al dolor y al sufrimiento de la gente. Sé que muchos comparten mis sentimientos en el Líbano y los debates en la televisión parecen volver una y otra vez sobre el tema. Pero, aun así, me sentí más pequeña de lo que demandaba el momento histórico.

Anoche ocurrió algo casi increíble y esta mañana el ánimo de la población había variado palpablemente (a veces me resulta difícil creer que los líderes de Hezbollah no conozcan “La sociedad del espectáculo.) Se produjo un quiebre en la confrontación entre Hezbollah y el ejército israelí. Debería haber tomado apuntes justo después de ese momento, pero no podía encontrar la energía para hacerlo. Estaba tan asustada y tan ansiosa que me dejé absorber por la vorágine de las noticias minuto a minuto y finalmente terminé exhausta. Probablemente escucharon hablar de la nave de guerra israelí hundida, pero quienes no siguen los medios de comunicación árabes se perdieron la espectacular puesta en escena de ese hundimiento.

La exhibición comenzó con las bombas israelíes apuntando a la casa de Hassan Nasrallah [el líder de Hezbollah] en los suburbios del sur. Apenas explotaron las bombas, los medios informaron del hecho y esperaron para confirmar que Nasrallah y su familia habían sobrevivido. Una media hora más tarde, el noticiero anunció que Hassan Nasrallah planeaba dirigirse a la Nación y al mundo árabe por teléfono.

Nunca pensé que Nasrallah fuera carismático, aunque una gran mayoría cree que lo es. Es muy joven para detentar la posición de liderazgo que le ha tocado. Es un orador llano, no particularmente elocuente, pero habla un lenguaje que llega a sus partidarios en el Líbano y también a los que en el mundo árabe se sienten desilusionados, abatidos e impotentes por las fallidas promesas del nacionalismo árabe de derrotar a Israel y restaurar la dignidad. No es un corrupto, vive simplemente y se muestra inclinado hacia un ascetismo espartano. Aunque no es carismático ni seductor, ha cultivado una especie de aura, particularmente desde que su hijo de 18 años fue mártir de una operación comando en el Sur del Líbano en la época de la ocupación israelí. Anoche sobrevivió al atentado israelí contra su vida y le habló a la Nación treinta minutos después. Su discurso fue pragmático, pronunciado una vez más en su habitual lenguaje simple (casi simplista), obviamente dentro de la retórica de Hezbollah, e intentó transmitir una serie de mensajes, responder a los pronunciamientos de los líderes de la región y clarificar la estrategia de Hezbollah frente a la inesperada barbarie del ataque de Israel.

Empezó declarando una guerra abierta al asalto de Israel. Instó al pueblo libanés a unirse en este momento de confrontación, a trascender las divisiones mezquinas y a estar a la altura de las circunstancias. Prometió alcanzar la victoria basándose en la larga lista de victorias de Hezbollah. Lo más poderoso y convincente del discurso fueron sus respuestas a las declaraciones sauditas, jordanas y egipcias de ese mismo día. Los sauditas habían calificado las acciones de Hezbollah de “aventureras”, los jordanos de “irresponsables” y los egipcios de algo intermedio entre los dos epítetos. Nasrallah respondió que él era el líder del único movimiento político árabe y musulmán que había derrotado a Israel forzándolo a retirarse, el único líder árabe que fue capaz de bombardear a Israel y plantearle una seria amenaza militar desde el exterior de sus fronteras. Si sus acciones era aventuras, argumentó, eran sin embargo razonables, aunque no se plegaban a la razón que anima a los líderes y regímenes árabes sino a la que inspira a la gente común en las calles, la razón que desafía la derrota, la razón que trae victorias, salva la dignidad y no teme al enemigo por más poderosos que sean sus arsenales y sus aliados. Llamó al mundo árabe y musulmán a ponerse de pie en solidaridad con los libaneses que se enfrentaban, una vez más, con el salvajismo de la maquinaria sionista.

El tercer mensaje fue para el “enemigo sionista”. Reiteró que Hezbollah no le tenía miedo a una guerra abierta. Que se había preparado largamente para esta confrontación. En un punto importante, afirmó que la organización poseía misiles que podían alcanzar Haifa y “más allá de Haifa, mucho más allá”, admitiendo de ese modo que fue Hezbollah la que disparó los misiles contra Haifa (hasta aquí se había negado que así fuera). No está claro qué quiso decir Nasrallah con “más allá de Haifa.” ¿Tel Aviv? Tel Aviv no está tan lejos de Haifa. ¿Los intereses de Israel y sus representaciones en el exterior? No quedó claro. Más elementos para la especulación.

Su conclusión tuvo que ver con el espectáculo que mencioné antes… En su mensaje al sionismo, le recordó a la audiencia que le había prometido muchas “sorpresas”. Y ahora, había llegado la hora de la primera de esas sorpresas: el barco de guerra que la noche anterior había bombardeado los suburbios del sur y que estaba navegando causalmente en la bahía de Beirut, estaba ahora en llamas y su tripulación se estaba ahogando. “¡Miren!”, dijo, “esta es una de las muchas sorpresas que hemos reservado para el ejército sionista…” Y se quedó en silencio.

No hay imágenes de la nave siendo alcanzada, porque todas las cámaras estaban dirigidas hacia la tierra firme, dedicadas a buscar bombas, destrucción y víctimas. Para el momento en que Nasrallah terminó de pronunciar sus palabras, era demasiado tarde para ver el impacto en la nave, y todo lo que las cámaras captaron fue una gigantesca bola de fuego en mar abierto, pero no se podía distinguir mucho más. Bengalas de socorro iluminaron el cielo alrededor de la nave. Todos salvo cuatro de los miembros de la tripulación fueron rescatados.

Los medios israelíes comenzaron negando el informe, luego confirmaron que el barco había sido alcanzado, luego afirmaron que no había habido bajas, luego que cuatro marinos estaban desaparecidos, luego que el barco estaba siendo remolcado hacia Haifa, luego admitieron que se había hundido en el lugar del impacto. Esta mañana, uno de los cuerpos fue descubierto por Hezbollah.

La noticia del hundimiento del barco sembró el miedo en nuestros corazones. Estábamos seguros de que la represalia sería de una violencia abrumadora. Entonces Hezbollah disparó cohetes contra algunos asentamientos en Galilea y anticipamos una noche infernal. Nada ocurrió en Beirut. El sur fue bombardeado, el norte fue bombardeado, el Beqaa fue bombardeado. Hubo ataques quirúrgicos a carreteras, puentes y a la red de comunicaciones. Lenta pero metódicamente, a sangre fría, el país fue cuidadosamente desmembrado, un ligamento después del otro, en el interior, en la costa y en las montañas. Pero en Beirut la noche fue tranquila. No pude entender cómo el hundimiento de un único barco pudo crear tanto perjuicio a un ejército tan poderoso como el israelí.

El llamado a la solidaridad de Nasrallah resonó con fuerza al día siguiente. Inmediatamente después de la exhibición espectacular, la televisión de Hezbollah fue asediada por llamadas desde Arabia Saudita expresando apoyo. Hubo manifestaciones de protesta en su favor en casi todas las ciudades árabes, que contrastaron agudamente con las reacciones oficiales. Nasrallah había ganado el primer round contra Israel y contra los indolentes, debilitados y empequeñecidos liderazgos árabes.

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Los diarios de Rasha nos llegan en inglés y son traducidos lo más rápido posible por la redacción de TP. Inconsistencias y errores pueden ser culpa nuestra.


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Del mismo autor:
Diario de Beirut (día 5)
Diario de Beirut (día 4)
Diario de Beirut (día 3)
Diario de Beirut (día 1)