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Picando II: Coppola

17 07 2006 - 17:27

Buenos Aires está de fiesta. El más grande director cinematográfico viviente ha elegido nuestra ciudad para gozar de felicidades como los viñedos, las comidas, la literatura latinoamericana, San Telmo y La Boca, el tango, y no dijo el futbol porque se olvidó.

Ya es nuestro, hay tierra de Coppola en Mendoza, metió plata y cepas en casa. Salgo a la calle para buscarlo. Dicen que estuvo por mi barrio, en Palermo. Lo metieron en uno de esos adefesios kitsch para degustar en vez de morfar y pidió que no lo llevaran más porque era demasiado fashion. El hombre ha conocido mejores ambientes protocolares y caretas antes de ver estos arcaísmos posmodernos regenteados por chefs de plástico. Si viviera el Gato Dumas, habría entendido lo que es nuestro comer y hacer de comer a un grande y gordo como él, ya lo veo cocinándole un bifacho a la criolla, o una cazuela negra de caracú o la gran milanesa sin cordones número 48. Pero no, los cholulos lo lleva a encomiar civilización refinada a la créme bruleé como si fuera Alan Faena en Carlos Paz.

Salgo y recorro las cantinas para ver si lo agarro con las manos en la masa de una pizza para pedirle un autográfo, una firmita nada más, otra para mi mínima pero valiosísima colección a sola firma: la de Muhamad Alí conseguida en Tokio en 1972. Con Alí y Cóppola tengo lo mejor de los yanquis después de Whitman.

Volvamos a la política. En la nota anterior dije que no me lo banco a Kirchner, ahora agrego: no me banco ni al Ché, ni a Fidel, ni a Chávez, ni a ninguno de los que se agasajan con una sociedad de poetas muertos y oftalmólogos famosos. Y dale con los oftalmólogos ahora en Bolivia, los famosos médicos cubanos que junto al vaso de leche son el emblema de la revolución.

Putos y periodistas en la cárcel y leche gratis. Sería tolerante y comprensivo si las aleluyas a la revolución me las diera un lactante y no un supuesto militante. Los bebés tienen derecho a lo suyo, y trataría de explicarles por mi parte —me llevo muy bien con los bebés— que una vez destetados de la revolución hay más cosas en el cosmos que no serán gratis pero sí preciosas. Pero ver a intelectuales de café hablarme de la leche cubana o a ciegos de alma de la cura de ojos, me hace de derecha. ¡Viva la derecha!, ¡viva los gorilas!, ¡viva Menem! Hasta me gustaria decir, si no fuera judío, ¡viva los antisemitas!, para expugarnos de las palabras intimidatorias que nos cortan la lengua para que sigan hablando los amargos.

No quiero mezclar el arte con la política, pero los he mezclado. Ahora por ejemplo, que recuerdo que hay un vino FF, los de la Finca Flichman, es decir que el malbec FF (Francis Ford) deberá cambiar de empalme nominal y llamarse FFS, que no es Francis Ford Selección, sino Sofía, la perla de la familia.

Debo terminar con un cierre más o menos coherente que anude los cabos de la madeja: la leche está bien, pero el vino es mejor.


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Del mismo autor:
Diccionario político argentino #5
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