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Medio oriente y periodismo (I)

9 08 2006 - 19:10

Es llamativa la cantidad de respuestas que tienen los comentaristas sobre la guerra del Líbano. En materia de política internacional se encuentran un sinfín de oportunidades para volcar siempre un mismo mensaje. Todos tienen posicion tomada. Ni hacen faltas las guerras, ni las muertes, ni los cohetes, ya se supone conocido de qué se trata. El periodismo, al menos el vernáculo, hace de las guerras un ejercicio de estilo. Todos concurren a un taller de geopolítica para refrescar sus consignas. No hay dilemas, nada es complejo, las cosas y los acontecimientos hablan por sí mismos, basta recoger sus signos.

James Neilson (*Noticias* 5/8) –periodista intelectual, intransigente, culto, valiente– tiene una versión ilustrada del conflicto. La guerra del medio oriente pone frente a frente a la civilización y a la barbarie. Destaca las masacres intestinas entre chiitas y sunitas, con el fin de resaltar que la violencia islámica puede llegar ser letal y eterna y que los partidos de Dios consideran la entrega de la vida propia, y también la supresión de la ajena como posibilidades de redención. Dice que desastres como los de Caná son inevitables y que pudo haber constituído “un simulacro armado” ya que el edificio se derrumbó horas después del bombardeo. Hasta ahora me resulta incomprensible el enigma que presenta este supuesto ardid. A los masacrados alguien los bombardeó, no entiendo si Neilson dice que fueron los de Hezbollah mismos o quienes sinó. Sigue afirmando que estas masacres dañan a Israel porque sólo la opinión pública occidental juzga con severas pautas estos episodios. Luego se refiere a la judeofobia en los países árabes. “En todos los países musulmanes, se difunde de modo incesante propaganda antijudía virulenta calcada de la nazi o de la rusa, además de la originada en el islam mismo cuyas tradiciones en esta materia son similares”. Dice que el islam es una religión bélica.

Ante la solución final de la clase propuesta por Irán, Hezbollah y Hamás, afirma que Israel para sobrevivir depende de su supremacía militar. “A ninguno de sus enemigos jurados les interesa un desenlace pacífico mutuamente aceptable”.

Neilson dice que la guerra santa, la jihad, se libra a la vez que contra Israel, contra los hindúes en Cachemira y contra los rusos en Chechenia. Para concluir, nos remite a un desastre cultural para occidente si no reinventa una fe convincente en sus propios valores: “En una lucha a muerte entre quienes creen con intensidad en algo y los que en el fondo no creen mucho en nada, los primeros llevarán las de ganar”.

Cualquiera puede escuchar el sonido de furia que despiertan estos argumentos en quienes aborrecen las masacres y los asesinatos a mansalva de los aviones israelíes. Yo no participo de este sentimiento. Neilson fue uno de los pocos que en plena matanza de los torturadores procesistas los denunció en el Buenos Aires Herald y nunca sacó rédito de sus actos y puso en peligro su vida. Es un conservador, un hombre democrático, no tiene pelos en la lengua ni cola de paja, jamás apadrinó torturadores ni ponebombas. Odia a los racistas y a los dictadores, de Franco a Fidel. Pero no estoy de acuerdo con él.

Los árabes también quieren civilización. Además la han conocido durante siglos cuando sentaron las bases del renacimiento europeo. No soy quien para darle lecciones de historia a Neilson que bien las conoce. Las masas árabes no sólo quieren prosternarse no se sabe cuántas veces al día en dirección a la Meca, sino ir a la universidad, estudiar medicina, tener una casa con televisor y computadora. Y podemos estar seguros de que millones de mujeres árabes desearían tener los mismos derechos que los hombres. El fanatismo o fundamentalismo son armas de guerra. La religión se ha convertido en una máquina de guerra. Es el tambor del combate. El islam ha tenido más de una tradición y corrientes teológicas en su historia, no sólo ha invocado el asalto a mano armada y a espada desnuda. Para que esta máquina letal quede sin municiones se necesita la política, pero no a la manera de la invasión a Suez en el 56, de los golpes de estado contra Mossadeh, del apoyo a corruptos crueles como el Shá, y la protección de Sheiks feudales. Menos destruyendo países como Irak.

El descreimiento, el escepticismo, la duda metódica, el pacifismo, que Neilson percibe como conductas suicidarias en occidente, no le han impedido llevar a cabo asesinatos a mansalva, por más real politik que pretenda explicarlos.


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