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Medio oriente y periodismo (II)

9 08 2006 - 19:18

No haré sutilezas ni distingos ni matices entre Eduardo Galeano, Horacio Verbitsky y Juan Gelman, respecto de lo que piensan de la crisis de medio oriente. No serán exactamente iguales, podrán ser o no apostasias de una misma sustancia o clones ideológicos. Podrán odiarse entre sí de acuerdo a la tradición sectaria o amarse en La Habana, para el caso es lo mismo.

Y el caso es que dejaré de lado su oportunismo ideológico que los hace hablar de las víctimas de los bombardeos israelíes, mostrase compungidos y atribulados ante los inocentes masacrados (Verbitsky, El niño gris, Página 12 6/8), hacer un listado de todo lo que se cobró el ejército israelí en las últimas décadas, usar el Holocausto como muletilla que haga sentir a los judíos que no siempre son víctimas, y siempre dejar para un último momento residual la hipócrita aclaración de que los actos de terrorismo en Tel Aviv también están mal, pero no tanto.

Dejo de lado su condición de matriceros ideológicos que los hace moldear siempre el mismo producto, y les otorgo la buena fe. Supongamos que la base de la que parten pretende ser sencillamente histórica: los judíos invadieron una tierra que no les era propia, expulsaron a los palestinos, y les deben mucho más que explicaciones. Ninguno de los tres acepta el argumento político sellado por las Naciones Unidas en 1947 porque lo consideran simple coartada de un occidente culposo de haber dejado exterminar a seis millones de judíos. Europa y EE.UU, más la URSS expurgaron un problema a costa de los árabes y esto no determina legitimidad alguna. Partamos entonces de que Israel es opresor en Palestina desde hace más de cincuenta años y que no tiene derecho a la existencia. ¿O lo tiene? ¿Lo tiene o no lo tiene? Si no lo tiene, hay que preparar los barcos para los que quieran irse a EE.UU, Australia, Argentina, Méjico, o crear un Estado Palestino con los judíos en minoría. Invertir la situación. Por lo tanto los judíos nuevamente serán los sin tierra, y conformarán como durante dos mil años una minoría ínfima de tipo religioso en medio de un occidente con algunos skin heads, por ahora, en Alemania, Francia con Le Pen viejito y su heredero en las sombras, una Europa Central liberada de la opresión soviética que ve resurgir los atavismos nacionalistas que expresan más de un afán antijudío, ya sea en Polonia, Rumania, Ucrania, y por supuesto Austria y Rusia, y un mundo árabe que se la tiene jurada hace rato. Este mundo justo para muchos, parece que no es posible.

Pensemos ahora que Israel sí tiene derecho a la existencia. Entonces se debe exigir el reconocimiento de su Estado y el derecho político y jurídico de su gente a habitar y administrar su territorio. Es decir, no se habla más del 48, no se pone más en tela de juicio la creación de la nación judía.

Por lo que las amenazas de Irán, como la de otros países árabes antes y ahora, son agresiones de las que debe tomarse debida cuenta, y los veinte mil cohetes de la hezbollah almacenados en la frontera y financiados por potencias extranjeras, constituyen un peligro nacional.

Si el trio revolucionario que despliega sus escritos periodísticos justicieros piensa que Israel es la avanzada del imperialismo yanqui en una Arabia oprimida, entonces se la debe destruir en términos de guerra revolucionaria. Salvo que se piense que un gobierno no es un Estado, menos una nación, y mucho menos un pueblo.

Intelectuales argentinos de izquierda han firmado una solicitada denunciando la agresión israelí, no son los únicos que piensan así, no hay que ser de “izquierda” para pedir un cese el fuego o dos estados en paz, y piden firmas que deben remitirse a la siguiente dirección: noalgenocidio@gmail.com.

La palabra genocidio lamentablemente ha sido stockeada en un outlet, está de oferta. Más de un millón de árabes en Israel, un partido político árabe con sus diputados en la legislatura israelí, no es precisamente eso lo que tuvimos los judíos con Hitler. Nos buscaban hasta el no sé cuanto ascendiente para cremarnos. No basta por lo visto que se mate, que se asesinen inocentes, si no se usa la palabra genocidio da la sensación de que baja el rating.

Ahora citaré a Verbitsky:

“La necedad de la dirigencia judía argentina, que ofreció su tribuna al embajador de Israel para que justificara la brutal violación de su país al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos la emparenta con el lobby judío de los Estados Unidos, que ha contribuído a impedir cualquier acuerdo negociado entre los pueblos de Israel y Palestina. Para mayor irrisión ese acto provocativo se realizó a pocos metros de la esquina de Palestina y Estado de Israel, que simboliza la afectuosa convivencia entre las colectividades árabe y judía, sin igual en el mundo. Todos deberíamos cuidarla como el precioso capital que es y que el menemismo malversó como tantos otros bienes sociales. En el aniversario de atentado contra la AMIA, esa misma conducción no tuvo mejor idea que reclamar la ruptura de relaciones con Irán, como si los dos bombazos de la década anterior no le hubieran bastado para aprender la virtud de la prudencia”
(Página 12, ibid).

El judío yanqui de izquierda Noam Chomsky dijo que ni la administración Bush ni ninguna otra necesitan del lobby judío para sentir el olor al petróleo. Respecto de la maraña con la que actúa este lobby se pueden seguir los trabajos en el New York Review of Books de este mes. Pero son incompletos ya que les falta la seguridad del periodista argentino que es taxativo y despacha el tema con la verdad subordinada a la estafa ideológica.

Que este lobby sea el obstáculo para una paz que las organizaciones como Hezbollah, Al Fatah, OLP, Hamás, el estado Sirio, Irán, antes Saddam Hussein, y sigue la nómina, siempre quisieron, digamos que es información incompleta.

Que la culpa la tenga nuevamente Menem, el antiguo jefe adorado por el jefe de Verbitsky, no me cabe duda. He publicado al respecto varias notas desde el mismo año 1994, culpa de corrupción e irresponsabilidad, pero que haya dañado las relaciones entre las comunidades judeoárabes, no me di cuenta.

Como tampoco se dio cuenta Abel Made, el presidente ya fallecido de la asociación islámica, en la que tantos encuentros hemos compartido hasta hoy. Puede estar tranquilo el periodista que mientras haya dirigentes en ambas comunidades que no hagan del odio la bandera que él sí sabe enarbolar cuando las situaciones se lo requieren, seguiremos viviendo en paz.

Lo asombroso es que Verbitsky nos pida silencio para que la Hezbollah no nos ponga una tercera bomba. Supongo que su jefe, o no sé quien, sabrá imponerlo.


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Del mismo autor:
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #5
Diccionario político argentino #4
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