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Antiques

15 08 2006 - 07:57

Hablando vía Skype con Raffo tocamos, entre presentaciones personales y otros temas, la posibilidad de que TP genere más debates, de que más gente escriba sin ser periodista ni vivir del alquiler de la pluma. Le comentaba mi sensación de haber encontrado un espacio que saltea una lógica oficialismo-oposición que creo que no lleva a nada. Como a Raffo lo llamaron para cenar, me quedé rumiando algunas ideas, acordándome de una descripción del panorama anti-k que un par de semanas atrás leía en la columna de Caparrós.

Después de presentar a los diversos sectores que no ven la hora de saltarle en la yugular al presidente, su esposa o sus ministros de bigotes, Caparrós proponía que, para avanzar alguito en términos políticos, habría que comenzar por prescindir de la ecuación militar resumible en “el enemigo de mi enemigo, es mi amigo”. En castellano elemental: todos aquellos que quieren un país en el que yo la pasaría mal, están como gatos erizados con Néstor. Ergo, I love Néstor.

Repaso los factores que componen el antiK:

Primero tenemos a los empresarios y familias que, en los últimos treintaypico de años, idas y vueltas más o menos, gracias a fortunas patricias o diversos avatares de la transa contratista, están como locos con aspectos simbólicos de la administración Kirchner: control de precios, retenciones, algunas estatizaciones menores, inseguridad jurídica, autoritarismo.

Además de los ricos, en el frente antiK están los inseguros, gente bien que se pinta la cara con sangre de víctimas de delitos violentos para declararle la guerra a los que defienden los derechos humanos de los delincuentes, como dicen que hace este gobierno. Marchan con velas blancas o lloran en cámara, pasados de rivotril. Uno se deja llevar por una empatía con el dolor hasta que los escucha pidiendo taxistas parapoliciales, o la disminución de la imputabilidad porque un par de servicios y canas desocupados desarrollaron la franquicia Secuestros®, o porque a un grupo de conchetos aburridos les pinta moloko and ultraviolence.

El tercer socio antiK sería la prensa, bajo el rótulo por lo menos chistoso de “independiente”. Cargan sus editoriales y tuercen los titulares para que una realidad económica que los beneficia no opaque un contexto político que les trae ardores ahí abajo. Que la pauta oficial por un lado, que los tirones de oreja públicos por el otro, más diversas performances de terribles operarios del recontraespionaje, nos muestran las dos caras de la verdad. Desde el palco de los ricos en La Nación y el programa maniqueo de Grondona, hasta las editoriales del progretariado de Perfil, Noticias o la Veintitrés, se ponen a gritar como un cuerpo de vedettes a las que se les metió un degenerado en el camarín.

No sería justo omitir a los sectores clásicos de la iglesia y sus acólitos que, cada vez que se introduce en la agenda la necesidad de incluir educación sexual en la enseñanza básica, de repartir anticonceptivos y forros, pone el grito en el cielo. Esa iglesia que nos acostumbró a que el debate del aborto se abra en los medios sólo frente a violaciones de deficientes mentales y no como una discusión elemental en una realidad que pide a gritos, y no en el cielo precisamente, hacer algo en este tema.

Por último, y no por ello menos importante, la familia militar. Allí donde pueden, ponen el grito en el cielo por el revanchismo-de-este-gobierno-montonero. Hacen actos por la memoria completa y misas para homenajear a los héroes de la patria que murieron por culpa de la guerrilla-subversiva-que-perdió-la-guerra-pero-hoy-nos-gobierna.

Hasta acá, más o menos, los tipos que se brotan con la administración K.

Uno podría pararse enfrente de ese gran globo conceptual sin demasiadas dificultades. Pero creo que el álgebra de igualarnos a la administración Kirchner —o apoyarla— porque estamos en contra de todo lo que propone el antiK, no nos va a llevar mucho más lejos del deporte nacional por excelencia que es la creación de antinomias. De existir un libro que recorriera la historia de la cultura argentina, uno abriría cualquier página y podría encontrar unitarios o federales, peronistas o gorilas, river o boca, o alguna otra más futbolera que no domino.

Creo que lo peor que podemos hacer los que no estamos de acuerdo con ese amplio conjunto de ideas y propuestas que encierra el antiK es aceptar el eje de una nueva antinomia. Sobre todo porque la idea de hacerlo sobre un personaje como Kirchner es patético. No estamos frente a un estadista dorado, por más que es la figura más representativa en el proceso de salida de una crisis histórica. La falta de alternativas no es excusa para consolidar un proceso de construcción política cerrado, excluyente, personalista, que construye poder paseando por el outlet de intendentes y gobernadores. Por más que nos simpatice como ningunea a sujetos nefastos, por más que nos impresione ver como algunos trinan en actos reivindicando asesinos, torturadores, expropiadores de bebés, no podemos decir que está todo bien. Estamos bastante lejitos de ser “un país en serio”.

Cuando vemos que al final del día sólo somos soja y petróleo, que en lo que dura un tema en el iPod te cruzás con 10 personas pidiendo en la calle, que mientras tratamos de distinguir malbec de syrah cada vez más gente duerme en la calle, algo no es como nos cuentan.

O que mientras los clasemedios que quedan salen a conquistar la blogósfera y a escribir SMSs, hay pibes con siete hermanos a quienes les boletearon el padre por chorear, que salen a juntar una moneda cuando en realidad querrían estudiar y ser electricistas.

Que a la par del crecimiento de los barrios privados y las torres de lujo para que compren “inversores” y habite no se sabe quién, la ciudad de Buenos Aires ya tuvo dos episodios de gente con problemas de vivienda tomando espacios destinados para otra gente con problemas de vivienda.

Que ya hay un gran mercado nacional del miedo y la inseguridad que nos permite imaginar quiénes “bancan” la agenda de la manodura, construído sobre la existencia constatable del lumpen a quien le da igual matarte por un celular.

No es necesario ser un marxista dogmático ni un sensiblero lleno de clichés para no querer comprar gato por liebre. Y tampoco es cuestión de salir a comprar pingüino porque todavía no es temporada de liebres.


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Del mismo autor:
Presente
Combatiendo al capital
Oupen faier