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Moros y cristianos

17 08 2006 - 12:55

De James Neilson a Tomás Abraham, a propósito de
esta nota.

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Tomás,

Gracias por los artículos y por tratarme bien. También preferiría un desenlace pacífico al embrollo medioriental, pero no lo veo posible. Aunque corrientes quietistas de inclinaciones místicas – entre ellas, la sufí – se han dado en el islam, nunca fueron dominantes. En los años sesenta del siglo pasado pareció que sí lograrían imponerse, pero aquella ilusión no tardó en evanecerse, quizás debido a la incapacidad del islam para conciliarse con las sociedades laicas, pluralistas, escépticas y dinámicas que florecieron después de la Segunda Guerra Mundial, y, sobre todo, después de la debacle comunista, problema éste que no resultó insuperable para otros pueblos como el chino y el hindú.

El renacimiento eurooccidental debió más a los bizantinos griegos que huyeron de los turcos que a los árabes cuya civilización fue en buena medida fruto de lo aprendido de Bizancio y Persia, lo que fue natural porque los conquistadores árabes (y turcos) eran nómadas. En cuanto al paraíso andalusí, no era tan agradable para los judíos y cristianos que eran vivían atemorizados, perseguidos, discriminados y humillados de manera sistemática, lo mismo que en el Pakistán actual donde de vez en cuanto ejecutan legalmente a un cristiano por blasfemia pour encourager les autres. En todo el Medio Oriente fuera de Israel, los judíos y cristianos son especies en vías de extinción. Casi la mitad de la población de Israel está conformada por refugiados procedentes del mundo islámico. (Lévi–Provençal escribió algunos buenos libros sobre la España musulmana antes de que se pusiera de moda hablar maravillas del Otro y atribuir todas sus deficiencias, si las había, a la maldad occidental.)

Puede que la mayoría de los árabes quiera vivir tranquilamente en una sociedad de consumo razonablemente equitativa, pero hay muchos que sienten simpatía por los sueños imperiales y totalitarios de Al–Qaeda, Hezbolá, Hamas y centenares de otras agrupaciones parecidas. En este sentido, no son nada distintos de los europeos antes de que los horrores de la Primera y la Segunda Guerra Mundial los convencieron de los méritos de la paz. Temo que su fervor bélico sólo se agote después de una larga serie de tragedias y que afecte de manera muy negativa a los países occidentales. Si demasiados europeos llegan a la conclusión de que la convivencia entre musulmanes y otros es imposible, podrían producirse expulsiones masivas similares a las que hace poco más de ochenta años pusieron fin a los conflictos entre los turcos y los griegos. En aquel entonces, los criterios no eran lingüísticos sino religiosos: los musulmanes grecohablantes fueron considerados turcos, los cristianos de idioma turco fueron tomados por griegos a menos que fueran armenios.

En cuanto a las perspectivas frente a Israel, no son nada promisorias. A menos que algo catastrófico, como una guerra con Irán, suceda antes, Israel seguirá bajo el ataque de Hezbolá, Hamas y otros que se harán cada vez más fuertes, y más populares, por muchos que sean los reveses militares que sufran. Es la modalidad musulmana tradicional: los ataques relámpago, los “gazi”, destinados a ablandar y desmoralizar al enemigo.

El islam sí es una religión guerrera. Es acaso el único credo importante que fuera fundado por un hombre violento – una suerte de mezcla de Cristo y Alejandro Magno – y todo musulmán piadoso quiere ser como Mahoma. Participar en la Jihad es un deber. Sería mejor que no fuera así, pero si lees el Corán (a mi entender, un libro bastante aburrido y farragoso), a los exégetas y a lo que dicen imanes actuales, considerados “moderados”, no tendrías muchas ilusiones en cuanto a la naturaleza de “la religión de la paz” cuyo nombre, el islam, quiere decir sumisión.

¿Civilización y barbarie? Depende de lo que uno tiene en mente. A mi juicio, se trata más bien de un conflicto entre quienes siguen pensando y actuando como casi todos los seres humanos desde hace vaya a saber cuántos milenios y una minoría que algunos años atrás se dió cuenta de que las personas de distintos credos y origenes podrían convivir respetándose mutuamente y tolerando las diferencias. Esto no significa que antes de 1945 el mundo fuera regido por bárbaros sino que la civilización es a lo sumo un archipiélago rodeado por la violencia y que defenderla contra sus enemigos para que haya algunos espacios en los que uno puede pensar es una tarea sin
duda ingrata pero no por eso inútil.

Un abrazo,

James


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