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Baum hace amigos

29 08 2006 - 08:57

Para Ezequiel Baum:

Muy interesante tu artículo, Combatiendo al capital, no sé si desde el socialismo están haciendo o pensando algo al respecto, pero esto lo escuché en Salto, en un encuentro de Jovenes del ARI:

Si el problema es el sujeto y es la libertad, en consecuencia en este capitalismo, al sujeto pueblo le fue enajenado todo el tiempo.

¿Qué es, en consecuencia, la lucha por la libertad de un sistema de dominación, que entraña una lucha por la emancipación real en términos de categorías universales? Es recuperar libertad en relación con el tiempo, porque esta es la libertad del sujeto. Hay que construir otra epísteme y otra cultura, y también el tiempo el trabajo que tiene que ser cada vez menos enajenante…..

Cecilia

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Brillante, la nota de Baum. Como empleado de un importante banco multinacional, músico e intelectual aficionado, siento que esa nota la podría haber escrito yo. Curiosa posición la nuestra. Laburamos en un entorno que saca lo peor de cada persona, pero presentado en un envoltorio que cita a los más altos valores humanos. Una práctica militante de la esquizofrenia. Inútil echarle la culpa a los gerentes o directores, ellos están en la misma, por más de que ganen 50 lucas por mes más jugosos bonus. Ya no sé si se creen la farsa o son conscientes de la farsa y la siguen porque les conviene y compiten para el mundial del cinismo. El eslabón final es el que dice Baum, el tipo de las amarras en Saint Tropez, pero que también podría ser un humilde pensionista uzbeko: el accionista. Oscurísimo ente individual o colectivo, comete el pecado mortal de perseguir un sólo interés, absolutamente legítimo por otra parte, como es el de ganar guita. Pero debajo de él empieza la carnicería, y a él qué coñazo le importa. La globalización y las modernas técnicas de management hacen el resto. Loquísimo. Y eso que yo hace rato que dejé de ser zurdito.

¿Se puede parar esa fiebre? Parece que es imposible, al menos hasta que la próxima generación de chinos e indios no esté dispuesta a laburar por un plato de arroz. La única solución que se me ocurre es pasarse del otro lado del mostrador. Guita para invertir no tengo, es un problema, claro. ¿Me salvará el arte, la música, la literatura? Difícil, por supuesto, aunque no imposible. Después de todo, mis standards de exigencia son bastante bajos.

Me entero de lo que gana gente recibida en otras empresas y me quiero morir. La mitad de lo que gano yo, y mi sueldo es apenas aceptable. A mí me sirve, al menos. Lástima que el laburo es un embole. Hace ya varios años que este malentendido continúa, pero no puede ser eterno, claro. Alguien en algún momento se va a dar cuenta de que salgo muy caro, y linda patada en el culo me darán. Salvo que alguna fusión milagrosa anticipe ese momento, pero no creo que eso pase en lo inmediato. Mientras, hay que juntar poder de negociación (y años, y rogar que las leyes laborales no sean drásticamente recortadas) para que mi indemnización sea lo suficientemente suculenta como para permitirme el ansiado pase al otro lado de la barra.

Eugenio Palopoli


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