Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Fútbol por TV #4

30 08 2006 - 16:52

El glorioso 7 a 1 de Boca a San Lorenzo, una de las goleadas más importantes de la historia del fútbol argentino (recuerdo un 7 a 2 de River a Independiente con un fantástico gol del Beto Alonso gambeteando al arquero sin tocar la pelota), que sumió en el ridículo a Ruggeri y sus planteos, debería servir para cerrar algunas discusiones. El Boca de Basile es un equipo memorable y su ejemplar plenitud futbolística marca un estándar difícil de superar en el futuro inmediato. No es demasiado importante que este Boca gane un campeonato más o que bata el record de victorias. Se ha ganado un lugar entre los grandes. Sobre todo por el contraste entre su manera de jugar, abierta, inventiva y virtuosa frente a la que practica el resto. Entre lo que uno ha visto, sólo el Barcelona de sus grandes días puede jugar hoy en un nivel semejante al del mejor Boca, que no cuenta con las figuras rutilantes de los catalanes. El domingo fue de fiesta y hasta hubo algo de cómico, de grotesco en la goleada por el desaire de ese San Lorenzo famoso por tomar todas las precauciones y que, a cada rato, tenía que ir a buscar la pelota al fondo del arco. Lamento que Capello dirija al Real Madrid, porque Gago debería ser el número 5 de ese equipo durante los próximos quince años, cuando Boca lo venda por una fortuna. Pero el fútbol está tonto en el exterior también.

Racing es un espanto y no estaría nada mal que Boca, llegado el caso, le hiciera otros siete para terminar así con ese equipo absurdo, que intenta disputar un campeonato con un nivel de talento mínimo y una mística que no parte del juego sino de una ilusión delirante compartida por el técnico, la hinchada y el periodismo. Porque los jugadores cuentan aquí muy poco, tan poco como los de San Lorenzo. La ilusión consiste en que Merlo tiene una poción secreta para ganar al fútbol jugando muy mal. Hubiera bastado que el paraguayo Cardozo (¡qué jugador!) embocara ese gol de taco, para que Racing se volviera de Rosario humillado y todos le reclamaran al técnico que intente jugar seriamente en vez de reforzar en cada fecha su autoritarismo.

Otro horror fue Vélez. El espectáculo del viernes a la noche con Arsenal fue mortífero. Arsenal fue prolijo y chiquito, como se podía esperar, pero Velez tiene algo raro: sus jugadores parecen hábiles (Castromán, Zárate, Papa, Batalla, Escudero) pero no arriman el menor peligro, como si estuvieran demasiado contenidos, moviéndose en una quintita. Me temo que el campeonato pueda estabilizarse en partidos de este género, muy difíciles de soportar. El árbitro Baldassi, que venía amonestando en exceso al final de los partidos, esta vez fue más consistente: empezó de entrada y sacó nueve amarillas (dos se transformaron en rojas), en un partido tranquilísimo, en el que hubo menos de veinte faltas en total. Estamos hablando de una amarilla cada dos fouls. Un absurdo.

El viernes, Maradona estuvo en el programa de Perfumo y Víctor Hugo. En la primera parte anunció que se iba de Boca. Y, al final, se fue de boca. Maradona puede ser inteligente y generoso, pero puede ser también muy mezquino y hacer un derroche de pequeñez y mala fe. Cuando el programa concluía, le preguntaron por el caso Zidane. Empezó diciendo que no había sido la figura del mundial, pero después fue tomando impulso. Describió el famoso cabezazo a Materazzi como “injustificable desde todo punto de vista” y afirmó que el francés “cagó a sus compañeros”. Un poco antes había dicho con orgullo que cuando Ortega pegó un cabezazo similar en el mundial anterior él no le había caído encima, porque “no era de ese bando”. Nadie le preguntó por qué, entonces, le caía ahora a Zidane. Nadie le recordó tampoco que en el mundial de España, Maradona se había hecho expulsar por una patada descalificadora. ¿Había cagado a los compañeros él también? Después, el ataque tuvo un momento de comicidad que pasó inadvertido. Maradona le preguntó a Perfumo: “Decime, Roberto, ¿qué te podría haber dicho a vos Materazzi para hacerte engranar en una final?” El destinatario de la pregunta era la misma persona que en los sesenta (¿1968?), en un partido Estudiantes-Racing en La Plata por la Copa Libertadores, cuando empezó el partido lo fue a buscar a Carlos Salvador Bilardo para partirlo al medio y fue expulsado al minuto de juego. Se cuenta que Bilardo le había dicho algo ofensivo a un compañero de Perfumo. Hubiera sido fantástico que Perfumo respondiera algo así como: “Diego, yo no sé lo que dijo Materazzi, pero te puedo decir lo que dijo Bilardo el día que lo quise matar. Y yo ni siquiera tenía la excusa de que estaba agotado después de jugar 120 minutos.” Pero no, ambos periodistas sonreían y festejaban cómo un gran jugador se ensañaba con otro. Cuando Maradona decía que era una vergüenza que Zidane hubiera terminado así su carrera como futbolista, no se les ensombreció la cara pensando en cómo había terminado la suya el invitado.

Para desintoxicarme de tanta tarjeta y tanto diente apretado el viernes a la noche, el sábado a la mañana vi dos partidos de la Liga inglesa. Hace años, yo era un cliente asiduo del fútbol inglés, cuando todos los equipos jugaban igual: corrida, centro y cabezazo. No había mucha técnica pero sí un ida y vuelta constante, una entrega total y todos jugaban a ganar. Los árbitros no cobraban nada y era un fútbol espectacular, que no paraba nunca. Después vinieron los extranjeros y la técnica, los grandes años del Manchester United que introdujo el juego por abajo. Pero, poco a poco, un fútbol en el que no existía el medio campo se fue poblando de volantes y hoy se juega bastante mal. Pero algo queda de ese fuego sagrado, aunque haya equipos (Manchester U, Chelsea, Arsenal, el Liverpool algo menos) que se hicieron demasiado poderosos frente al resto, a favor de sus millones y sus estrellas. Hoy se especula demasiado, los grandes salen a cuidarse y los chicos a defenderse. Aun así, siempre se ve algo en los partidos que siguen siendo intensos pero distendidos (algo inconcebible en la Argentina), el número de faltas ronda las quince y el de amarillas es de apenas un par por partido. Para poner un ejemplo, este fin de semana hubo en Inglaterra 33 amonestados y 3 expulsados, contra 53 y 12 en la Argentina.

El primer partido inglés, Watford (1) – Manchester United (2), probó que el Manchester está volviendo, aunque esta vez no jugó tan bien como el domingo pasado. Sin Rooney, le faltó también juego en el medio aunque Cristiano Ronaldo parece estar madurando y Giggs, que definió el partido, volvió a brillar y definió el partido. Es molesto tener que escuchar al Bambino Pons, con sus jingles desafinados y sin gracia para relatar los goles. Peor es que uno de los periodistas a los que menos les gusta el fútbol bien jugado transmita, desde hace años, la liga con el juego más vistoso del mundo. Es como regalarle un cuadro a un ciego. Aunque parezca imposible, aun peor que Pons es Latorre, que comentó Manchester City (1) – Arsenal (0), un gran partido con un par de jugadas brillantes de Trevor Sinclair. Sin embargo, Latorre no elogió a uno solo de los jugadores y, en cambio, se dedicó noventa minutos a denostarlos, a repetir que no marcaban lo suficiente o que no sabían definir. Llegó incluso a afirmar que a Thierry Henry (que tuvo una mala tarde) habría que inculcarle dos o tres conceptos básicos del fútbol. ¿Por qué Fox Sports castiga a los espectadores con este infeliz arrogante cuyo discurso obtuso y malintencionado responde, evidentemente, a que se está candidateando como técnico? Pero más en general, ¿por qué no trasmite los partidos gente que quiera celebrar el juego y que sea capaz de contagiarles el goce a los espectadores? Una buena dicción, una vista decente, un poco de conocimiento y cariño por el juego y un tono amable es todo lo que se necesita. ¿Por qué los comentaristas argentinos son entonces tan amargos, tan pedantes y tan mezquinos? La dupla que transmite los partidos en nuestro medio suele estar compuesta por un relator que grita desaforadamente los goles y un comentarista que señala los errores y oculta los aciertos. ¿No podrían hacer al revés? Es decir, que el relator grite menos y que el comentarista disfrute más. Sería un avance importante.

River salió a cuidarse de Argentinos Juniors, lo que habla de lo mal que andan las cosas. Argentinos es uno de los equipos más flojos del torneo y su mejor arma ofensiva es un tal Niell, que mide uno cincuenta pero cabecea muy bien. Pero Pasarella hizo uso del doble cinco por las dudas contra un ataque inexistente. En el segundo tiempo se dio cuenta de que era un poco ridículo, adelantó más al equipo y River ganó bastante fácil, con Higuaín muy inspirado en el área y el Burrito Ortega en una noche más que interesante: pegó dos tiros (excelsos ambos) en el travesaño y participó de los dos goles. Pero la prensa policial deportiva (PPD) que domina el dial se sigue ensañando con los jugadores que demuestran cierta libertad en la cancha y cierta indisciplina fuera de ella. A Ortega lo odian como si fuera el demonio y se lo hacen pagar cada domingo. Esta vez, La Nación (donde el dominio de la PPD es enorme), le pusieron un 5. Un tal Souto, de TyC Sports (que creo que es el mismo que solía conducir un programa llamado El Aguante, en el que se recopilaban muestras de debilidad mental de los hinchas de fútbol), dijo con desprecio y altanería que Ortega había jugado mal. El y su colega Rodríguez (uno que antes era un chico alegre, que le gustaba el buen fútbol, pero que ahora aprendió cómo se hace), dedicaron un buen rato del programa a demostrar que San Lorenzo casi le gana a Boca. Pero bueno, River tuvo un rato de buen fútbol. Si Belluschi aprendiera a frenar antes de fin de año, podría ser un buen campeonato para River.

Además de Boca, se puede esperar algo en este campeonato de River, de Independiente y de Chicago, que le ganó muy bien a Quilmes. Tal vez de Lanús. En menor medida de Newell’s, de Gimnasia, de Estudiantes. Pero los que salen a jugar mal parecen amplia mayoría. Se fue otro técnico, Toresani, después de decir que lo iban a tener que matar para sacarlo (¡!). No lo mataron, pero fue reemplazado por Falcioni, un tipo aun más desagradable y autoritario. Le deseo un pronto fracaso, igual que a Merlo, Leeb, Russo y Ruggeri. Pero no es definitivo. En fechas sucesivas puede cambiar el cuadro de honor.

El asunto de los arbitrajes no tiene arreglo. En la fecha hubo nada menos que 12 expulsados, los consabidos penales dudosos de Giménez a favor del equipo grande y otro de Elizondo, que había tenido un partido tranquilo pero le salió el protagonismo al final. Hoy, leyendo Olé, me encontré con la nota de Raúl Chaves, un árbitro de básquet, que analiza el arbitraje del último partido de Argentina en el mundial. Procedo a copiar: “Es importante el criterio al inicio del juego: en el primer cuarto, una falta a Oberto pudo ser sancionada antideportiva. Inmediatamente le hicieron un foul a Nocioni que también pudo haber sido castigada igual. Las dos faltas se cobraron normales y lo bueno fue que utilizaron igual criterio en ambas situaciones. En el segundo, hubo un excesivo juego de manos del base que marcaba a Sánchez, pero lo controlaron. Sin embargo, es bueno pitar este tipo de acciones para evitar que el jugador defendido se irrite. (…) Pero lo más importante fue al comienzo del tercer cuarto, porque siempre el equipo que está perdiendo sale a presionar y, a veces, al límite. Pero lo manejaron muy bien, con una falta antideportiva y luego tres faltas consecutivas fuera del balón. Estos fallos hicieron que el equipo turco no incrementara los contactos.”

Es un párrafo muy interesante por la manera en que se habla del arbitraje. Este señor Chaves incluye conceptos como criterio, coherencia, prevención y conducción en su análisis, ideas que están totalmente ausentes de los comentarios de la Prensa Policial Deportiva (y, lo que es peor, de los propios árbitros) en el fútbol argentino. Allí, de lo único que se habla es de represión y se insta a los jueces a aplicar la sanción más severa en cada circunstancia. Con los despropósitos arbitrales del fin de semana, la PPD sólo se preocupó de que Baldassi no hubiera expulsado a Verón por colgarse del alambrado. Otra vez es: “Señorita, este niño dijo caca”. En cambio, pasó por alto las exageraciones con las tarjetas del mismo árbitro en otro partido (Baldassi dirigió dos por enfermedad de un colega). La filosofía que rige todo este disparate es que el fútbol se puede controlar como si fuera el tránsito, con tolerancia cero. Pero no es así. Por ejemplo, el reglamento dice que un jugador será amonestado por protestar con gestos o palabras. Aun en los arbitrajes más estrictos, esta cláusula no se aplica al pie de la letra: no es verdad que cada protesta de un jugador se sancione con una tarjeta amarilla. Un arbitraje que se ha salido de los cauces lógicos, que trata de impresionar a una prensa ignorante y que pierde de vista el sentido de la tarea referil no es la única razón por la que se juega tan mal al fútbol entre nosotros. Pero ayuda bastante.


————————————

Del mismo autor:
Ultimas obsesiones
Fútbol por TV #9
Fútbol por TV #8
Fútbol por TV #7
Fútbol por TV #6
Fútbol por TV #5
Fútbol por TV #3
Fútbol por TV #2
Fútbol por TV
Diario del Mundial # 31.1