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Big Band Revival

11 09 2006 - 14:00

From: Huili Raffo
Subject: Orquesta
Date: 11 September 2006 14:20:52 GMT+02:00

¿Qué tal es esto, Brener?

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From: Eliseo Brener
Subject: Re: Orquesta
Date: 11 September 2006 18:05:17 GMT+02:00

No lo escuché, aunque últimamente viene nombrándose mucho.

Vio que de un tiempo a esta parte (10 años or so) hay cierta moda de las big bands como subrubro del género ‘jazz’. Ya sabe, las big bands ‘intelectuales’, que manejan el contrapunto de manera que todas las voces tengan un sentido y con sistemas tonales no tan convencionales, a diferencia de las big bands bailables, que serían las que hacen chingui chingui con muchos instrumentos. Yo en cierto momento me hice fanático de Gil Evans, que es la referencia de toda esta gente. Y entonces me puse a escuchar otras big bands a tono. Los ejemplos más cercanos a la moda: Orchestre National de Jazz (de Paris, con sitio hecho en flash y cuyo último proyecto es un disco de canciones de Led Zeppelin, que me bajé y escuché unos segundos de algunos temas y no volví a ponerlo entero), Orange then Blue, Mingus big band. Últimamente, la referencia viene siendo la orquesta grande de Dave Holland, y también hizo unos proyectos parecidos Sam Rivers. Los que también vienen de esa tradición, pero de antes y siempre fueron outsiders: George Russell y George Gruntz. Pero el mismo tipo de ideas viene del primer Ellington, y se puede hacer con bandas no tan grandes, como era el ‘birth of the cool’ de Miles Davis (con algo así como 7 voces), los mejores grupos de Mingus (con tres o cuatro), los primeros grupos de George Russell (con cuatro) y hasta con solamente dos voces, como en el cuarteto de Gerry Mulligan y Chet Baker.

Lo que me termina pasando con esto (con el desfile de big bands cultas) es cierta saturación. Como el desafío parece estar en el tejido de las voces, uno empieza a escuchar todo ese trabajo de telar primero maravillándose, y luego como pasaba con los grandes solos de guitarra del rock pesado: ‘ah, si, ahora esto’.

Digo todo esto porque en la entrevista los tipos hacen referencia principalmente a dos cosas, tan políticamente correctas que alejan mi interés: una, la cuestión del financiamiento y que den los números. Siempre, here, there and everywhere (sobre todo everywhere), con estos proyectos el problema fue el financiamiento, porque los números nunca dan. No hay forma de juntar una cantidad de gente a la que le interese esa música como para pagar el esfuerzo de producción, que es tantísimo más grande que con un grupo chico. Lo más parecido a que den los números es hacer algo intermedio entre comercial e intelectual, venderlo y ya, pero es imposible de mantener. Cuando digo esto intermedio, me refiero a los proyectos como se hicieron en los noventa, con las orquestas del Carnegie Hall (dirigida por Jon Faddis, que vino acá, la vi y me gustó mucho) y la del Lincoln Center (dirigida por Wynton Marsalis, no la escuché porque ya me daba fiaca). Se arma la banda, un espectáculo, el disco, la gira y ya está. Creo que ninguna de estas dos se mantiene. La Orchestre National de Jazz francesa se mantiene porque el estado pone la guita (un ejemplo de apoyo a la identidad nacional en cultura y de acercamiento a la cultura para los que menos tienen) y creo que hacen una especie de juego de la política o compulsa porque los directores de la orquesta cambian, y nunca supe cómo se eligen. Pero en el caso de los tipos que en una situación así dicen ‘económicamente nos va mejor de lo que pensábamos’, me suena a ese muchacho cineasta que usted nombró no recuerdo en qué nota, que decía que con su película había empezado a ganar plata, mientras la mujer removía las brasas del asado y le recordaba que no le había pagado a nadie.

La otra cuestión es la de la escritura en el jazz. Que se supone que el jazz es improvisación, pero hay una corriente muy legítima de la escritura en el jazz, dando a entender con esto que adhieren al cuidado de los arreglos y a ese ‘tejido’ de voces tan puntilloso y exquisito que solamente se puede lograr mediante la escritura. Sí, es cierto todo eso. Pero es un discurso de molde, que viene preformateado desde los libros más viejos del jazz. Yo desde que escucho jazz que pienso que me aburro cuando una pieza consiste en ‘tema-solos-tema’, y entonces los tipos ya tienen la respuesta: “No nos interesa el modelo de ‘tema-solos-tema’ sino, más bien, encontrar formas donde la improvisación se integre a la escritura”. OK, todo bien con eso, pero aunque es verdad que me aburro con lo otro, también tengo la autocrítica: una forma del jazz es la de ‘tema-solos-tema’, y decir genéricamente que eso no me gusta es como despreciar en la música culta la forma ‘tema con variazioni’ porque me aburre. La cuestión es que hay millones de ‘tema-solos-tema’ que son dormitivos (entre los jazzeros nacionales la generalidad, pero entre los de afuera casi también la generalidad), pero hay muchas obras en ese formato que son maravillas, y cuando encuentro una respuesta tan inmediata a una inquietud así (‘más bien encontrar formas donde la improvisación se integre a la escritura’), que se parecen tanto a una expresión de deseos, sospecho. No es el formato lo aburrido, sino la mayoría de las interpretaciones que usan ese formato. ¿Y por qué utilizar otra fórmula en oposición a la primera va a dar un resultado mejor?

Pero todo esto tiene que ver con la dificultad de las entrevistas y textos sobre música (especialmente cuando las hace Diego Fischerman) y con la dificultad de los músicos (especialmente los argentinos que se identifican con música más o menos culta) de hablar de su experiencia en una entrevista de manera que a uno le interese lo que dicen y no de hacer una referencia complaciente al molde que uno tiene en la cabeza: ‘no nos interesan los tema-solo-tema’, ‘no queríamos ser una bandita rolinga, sino algo más elaborado’, ‘la música de salón es otra cosa’, ese tipo de statements.

Pero en una de esas los escucho, y en ese caso le comento.


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