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En el aire

19 09 2006 - 04:00

I

La radio es una adicción que no puedo dejar, como para otros el cigarrillo o el alcohol.

En el año 2001 dejé Filo en medio de una crisis vocacional y empecé a estudiar radio. Dios mío. Tenía 25 años, venía de estudiar Griego, Latín, de leer a Homero, a Horacio a Virgilio a Catulo, y de repente estaba ahí, en un instituto privado, rodeada de chicos que recién salían de la secundaria, pero que era cómo si jamás la hubieran empezado. No sabían ni redactar. En el taller de redacción de informativos, el profesor se agarraba la cabeza. Para entrar te tomaban algo así como una prueba de nivel. Te hacían nombrar a 15 escritores. Nadie puso siquiera uno sólo. Te pedían también los nombres de seis ministros, seis diputados, seis senadores, seis gobernadores y seis presidentes del exterior. Nadie puso nada.

Institucionalmente, el lugar era como hacer la secundaria de nuevo. Mientras en la UBA todo el mundo hace lo que quiere, si te querés levantar en el medio de una clase, te levantás, te vas, te tomás un café, volvés, te sentás de nuevo, etc; acá tenías que pedir permiso y decir a donde ibas. Los coordinadores te estaban todo el tiempo encima “miren que si no piden turno con tiempo para editar les va a pasar esto o aquello…”. Después de pasar por las clases de eminencias en filosofía, que con toda su humildad te pedían tu opinión sobre algo que acababan de escribir, tenía que soportar a productores de radio ignotos que te explicaban cómo producir como si fuera una ciencia dificilísima a la que sólo se puede acceder después de un sesudo estudio y mucha experiencia.

Cuando no aguanté más volví desesperada a Filo y juré no dejar la carrera hasta que me recibiera.

Habiendo intentado aprender radio llegué a comprender que la radio es linda, pero sólo para escucharla (no para hacerla yo). Y entonces empecé a grabar mensajes de oyentes y clasificarlos por rubro: mensajes xenófobos, mensajes boludos, mensajes así, mensajes asá. Con el tiempo se iban subdividiendo los rubros, por ejemplo: mensajes boludo-solidarios, mensajes boludo-caretas, mensajes boludo-idealistas, etc. La idea final era publicar un libro con las barbaridades y las idioteces que podía llegar a decir la gente que deja mensajes en la radio. Pero como intuí enseguida que no le interesaría a nadie más que a mí, quedaron ahí grabados nomás. No obstante, debo admitir que durante mucho tiempo, grabar mensajes y clasificarlos en géneros fue toda una obsesión para mí.

Normalmente los oyentes que llaman a las radios creen que están diciendo cosas súper trascendentes y hablan con un tono didáctico. Empiezan todos sus mensajes diciéndole al conductor “mirá Fulano, YO TE VOY A EXPLICAR por qué en este país no avanzamos. Porque acá tenés que ser amigo de tal o cual funcionario influyente para llegar a algún cargo público y entonces la gente que estudió y se preparó queda afuera ¿me entendés?” Uh, qué revelador. Bueno, esa persona cree que realmente está aportando algo cuando llama y que le está aclarando algo importantísimo al público. Es el típico tontorrón que te encontrás en la cola del banco y te empieza a hacer diagnósticos tan profundos como el citado acerca de las cosas que pasan en este país. En algunos casos, también aportan ideas de lo más originales, como por ejemplo “acá tiene que venir gente joven que no robe”.

Pero no sólo es odioso el tono didáctico de los oyentes sino también de los propios conductores. En el programa de Lanata, la primera media hora la dedican a pasar música. Entonces –supongamos– pasan tango, y hablan como si supieran un montón de tango y en realidad, saben como cualquier porteño común y silvestre. En un momento decían que estaban pasando un tango, y en realidad era una milonga. Al segundo escribe un oyente diciendo “che, lo que están pasando no es un tango, es una milonga, Lanata entonces dice “bue… sí... ehhh…sí.... es una milonga” (como si ya lo supiera) ¿A ver Fabi –en alusión a la locutora, que supuestamente es experta en música, pero que jamás puede terminar de explicar adecuadamente nada– qué diferencia hay entre el tango y la milonga?

Respuesta de Fabi “eh… bueno, sí... tengo entendido que no son lo mismo. Es una variación en el ritmo, no Reynaldo?

Sietecase responde: “eh…. sí... También creo que hay diferentes clases de milongas…”

Los tipos dedican esa media hora inicial para “explicarle música a la gente”, porque en ese programa top son todos de explicar mucho. Ellos te explican todo porque son top y progres y entonces tienen todo muy claro y le “explican” a la gente que no es top y no sabe mucho. Lanata es muy de explicar porque él sabe y los que saben explican.

Hace unos días, les pasó lo mismo, pero con la música clásica. La destinataria del papelón fue Fabi de nuevo.

Lanata: “A ver Fabi…explicanos qué es una sinfonía”

Fabi: “Eh… bueno… no, en realidad eso lo dejaría para un experto. Justo la semana que viene tenemos como invitado a un experto en música clásica. Que lo explique él mejor ¿no?”

Lanata tiene también una línea directa en la que el público llama sin filtro. El 99% de las veces, los que llaman dicen las taradeces de siempre. A veces me embolo mucho y lo saco. Yo pongo la radio para saber qué dice “Lanata” de tal o cual cosa, no para ver que piensa el tipo de acá a la vuelta. Para saber lo que opina el tipo de acá a la vuelta voy a la panadería, a la verdulería y la gente ahí habla y ya sabés lo que piensa. ¿Por qué tengo que oír a esa misma gente en la radio? Estoy un poco harta del abuso del oyente para rellenar minutos y minutos de aire diciendo: “Dotor Grondona, en la esquina de mi casa se junta un grupito de chicos a drogarse; yo me pregunto dónde está el estado. ¿Dónde está, eh? Acá, Dotor Grondona hace falta un estado presente, porque el estado está totalmente ausente, Dotor Grondona”.

Yo le preguntaría a la oyente a quién carajo votó en los últimos 15 años. Seguramente votó dos veces a Menem y después a De la Rúa. Tres gobiernos consecutivos que lo único qué tenían para proponerle a la gente era el achicamiento del Estado, reducción del gasto público, déficit cero, etc. Después de que lo concretaron, que achicaron el estado hasta hacerlo desaparecer ¡la pelotuda llama y se queja de que el estado está ausente!

Otra cosa que me exacerba los nervios, es cuando la gente habla como si supiera o repitiendo cosas que escucha, tipo: “Magdalena, acá lo que hace falta es E-DU-CA-CIÓN, la educación es FUN-DA-MEN-TAL”. ¿Y vos quién sos? ¿Vos qué carajo sabés de la vida? ¿De dónde saliste? A ver, justificá lo que decís. ¿Por qué la educación es fundamental en una sociedad? Claro, eso seguro que no lo sabe. Lo que sabe es repetir frases trilladas como un loro.

Hubo una que fue mortal. Estaban debatiendo en el programa de Lanata acerca de si debía haber educación sexual o no en las escuelas. En eso llama un tipo y le dice: “Jorge, habla Hugo de Carapachay, yo llamaba para decirte que no tengo postura al respecto, eh.” “Bueno, gracias por llamar”, le dice Lanata

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II

Hace algunos sábados, Aliverti en su programa saca al aire por teléfono a Rozitchner padre y le pregunta:

– ¿Qué se siente ser el mejor filósofo vivo de la Argentina?

Estoy a punto de convencerme de que si tenés una voz lo suficientemente gruesa, cualquier cosa que digas en este país suena profundísima.

¿Qué es esa pregunta? ¿Qué quiere decir “mejor filósofo”? ¿¿Mejor filósofo?? Me suena a Premios MTV: los “Philosophy Awards 2006”.

Entonces ahí sí, al otro día me imagino a los periodistas sacándolo al aire a Rozitchner y haciéndole esa pregunta:

–¿León, qué se siente ser el mejor filósofo vivo de la Argentina?

Además suena mal, porque si hay un “mejor filósofo vivo“, entonces debería haber también la categoría “mejor filósofo muerto” ¿o no? Y después le podemos ir agregando toda una cantidad de variables, por ejemplo: – Mejor filósofo judío gordo (vivo) – Mejor filósofo hijo de puta barbudo (muerto) – Mejor filósofo chanta roñoso (revivido después de un paro cardíaco)

Bueno, Rozitchner zafó bien de la extraña pregunta de Aliverti ¿qué se siente ser el mejor filósofo argentino vivo? Le contestó simplemente: “en principio, la alegría de estar vivo”. Ahora, los oyentes de Aliverti deben pensar que escuchan un programa súper intelectual, con un conductor que es un intelectual de primera, como Aliverti. Porque Aliverti debe saber mucho de filosofía. Tanto, que se atreve a sentenciar quién es el “mejor filósofo vivo de la Argentina”. Lo decretó él. Es Rozitchner.

Y yo debo ser una tarada total, porque jamás leí nada de “el mejor filósofo argentino vivo”. Seriamente pregunto ¿Cuál es el aporte tan grande de León Rozitchner a la filosofía? ¿Cuáles son sus escritos filosóficos? ¿Cuál es su legado teórico? ¿Qué gente formó? ¿Dónde están sus discípulos?

Otro capítulo aparte es la radio nueva de Hebe de Bonafini. Un rejunte de ridículos que practican la revolución. Pero “por radio”. Es re-valiente hacerse el revolucionario por radio. Incluso, una vez, de tan, tan pero tan valientes que son le organizaron un escrache a Chiche Gelblung por hacer declaraciones a favor de Israel en Radio 10. Un ejemplo de tolerancia democrática a la libre expresión. No como los militares del 70 que eran unos intolerantes. Además, el escrache lo hacían en conjunción con líderes islámicos locales como el Sheik Alí. El Sheik Alí no me suena muy de izquierda que digamos. Más bien me suena que el sheik Alí debe ser medio conservador, de esos que piensan que las mujeres tienen que ir con túnicas tapadas desde la cabeza hasta los pies. No sé si en el país ideal del Sheik Alí, Bonafini podría militar políticamente ni dirigir una radio (al menos no auténticamente). Pero bueno, se ve que a ellos hay conservadores que les caen bien y conservadores que le caen mal.

III.

Tuve una experiencia fugaz en Radio Cooperativa. Una amiga mía atendía los teléfonos en un programa que conducían Raúl Dellatorre y Mauro Federico. Un día la fui a visitar y justo era el día siguiente de lo de Cromañón, con lo cual los teléfonos estallaban. Me puse a darles una mano con eso y ahí terminé de redondear todos mis conceptos sobre los oyentes de radio. La gente llamaba y te decía: “Señorita, sáqueme al aire. Yo quiero hablar, pero al aire, no quiero dejar mensaje”. Yo le decía “Pero señor, no se puede, este programa tiene un guión que estableció la productora periodística con entrevistas, invitados, tandas, mensajes; no se puede parar todo para sacar a un oyente al aire. Dígame lo que quiere decir y yo paso su mensaje”.

Me contestaban “no, no, yo quiero hablar, sáqueme al aire” . Querían hablar porque supuestamente, tenían cosas importantísimas que decir.

Me llamó la atención todo esto de “sáqueme al aire porque tengo muchas cosas para decir”. Yo pensaba: Raúl es jefe de economía de Página 12, Mauro es periodista de investigación hace años, y con todo eso sólo pueden tener ese programa, en ese horario marginal, en esa radio chota. Y esos tipos que llamaban debían estar en camiseta en el patio de la casa tomando mate, querían que los saquemos al aire “porque tenían muchas cosas para decir”.

He aquí algunas de “las muchas cosas” que tenían para decir al aire:

–¡Qué barbaridad!

–¡Esto fue una masacre, un genocidio!

–¡Esto pasa porque no hay controles estatales!

Yo pensaba: si vos sentís que tenés “muchas cosas para decir” aflojá con el teléfono, juntáte con 4 ó 5 amigos que también sientan que tienen “muchas cosas para decir” y armen un programita, en alguna FM barrial o algo así. Pero no llames a otro programa de otra gente que también sintió –en su momento– que tenía muchas cosas para decir, pero que dejó el mate, se cambió la camiseta, salió del patio de la casa y golpeó puertas para tener su propio espacio. No llames ahí y digas “sáquenme al aire que tengo muchas cosas para decir” porque no tenés derecho.

Y es obvio que odio a todos los de la radio (oyentes y hacedores) porque yo quisiera estar ahí y nunca me animé. Pero por otro lado ¡no quiero estar ahí porque los odio!


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Del mismo autor:
Lenin & McCarthy
La filosofía del paper
Sajurb Ed Azac
La Resistencia
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