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Diccionario político argentino #2

25 09 2006 - 17:01

Fisura

Designa un corte. La fisura política se manifiesta en la configuración de una voluntad inerte. Aparentemente se trataría de una paradoja, ya que la volición se descompone en una sucesión de iniciativas que se aglutinan en un impulso único, mientras la inercia es la mecánica del seguimiento desnudo. Se sigue por seguir. Aquello que se torna imposible en el mundo de la física o en el de la psicología, conforma un hecho inédito en la instancia política.
La voluntad es más que la creencia. Se quiere para creer. La voluntad de querer insiste, no ceja ni cede en su deseo. Compele a la repetición y se regenera con una dureza matinal. La sobriedad y el frío son las condiciones ambientales del querer querer.
Llama la atención que en la angostura política el miedo se duplica en miedo al miedo, cuando en la fisura correspondiente la duplicación concierne al querer. No querer es dormir, y en el dormir si bien la realidad de los sueños lo separa de la muerte, no se puede ignorar que quien duerme puede ser mirado por un despierto. Es evidente que la situación entre ambos no es equivalente. El que duerme no quiere, desea. No quiere porque el sueño es la mínima acción vital concebible. Para querer hay que estar despierto.
El temor que inhibe a quien no se resigna a perder su voluntad de querer, es el de entrar en un sopor irremediable. Un sopor así nada tiene de beatífico. Implica un esfuerzo continuado de acomodamiento a situaciones desagradables. El sopor del no querer se convierte en un querer que nada cambie porque nada cambiará jamás. Es el querer débil ante el cual se rebela la voluntad de querer.
A pesar de las apariencias se quiere cuando no se puede. La voluntad de poder no es poder, mientras la voluntad de querer es parte del querer. Por eso ambas voluntades no son la misma voluntad. Se quiere cuando no se puede. Sin embargo, se quiere igual, porque la aceptación integral del impoder o impotencia se convierte en sopor.
La fisura se trasviste de varias maneras. Tiene un aspecto temporal. Entre el pasado y el presente se trama un ovillo enredado. Se parte del presente dividido según una nomenclatura que rige el ordenamiento de una tabla axiológica. Un punteo sincopado entre lo positivo y lo negativo dirige la búsqueda en los archivos de la memoria. Los personajes de la historia se ofrecen sin siquiera haberlo imaginado en su tiempo, como testigos de una gesta póstuma y desconocida. Son espectros con un rostro tallado en un sello que se estampa en cada página de una epopeya que se reescribe incesantemente. Los héroes de la patria nunca duermen, ni los traidores pueden descansar en paz. No reciben sepultura, ni los unos ni los otros. Cada vez que el presente pica, duele, cada vez que el presente se presenta con su rostro inasible, se lo captura con el lacre y la horma de una efigie ilustre que rescata un pasado y funda un futuro. La fisura es transversal, descompone el tiempo, los mezcla en el instante, y produce el aura de una eternidad deletérea. De la historia se pasa al mito. La República nunca se funda porque siempre renace.


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