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Creer o reventar

10 10 2006 - 10:35

A Esteban Schmidt
A Marcelo Birmajer

Yo no creo en muchas cosas pero sobre todo creo en algo y ese algo es que no creo en usted. Y usted podrá acusarme de resentido o de fronterizo y tendrá tal vez sus justificaciones o no. No importa, no se gaste porque no le creeré. Con ese criterio como base yo le recomiendo que no me crea porque yo soy como usted, soy humano. Eso implica que como usted tengo mi visión y mis argumentos para defender alguna posición en una discusión, generando estratagemas para vencer en una disputa, más no sea a veces por capricho u orgullo. En ese sentido creo que el creer inocentemente en el discurso del otro es peligroso y contraproducente para con la propia supervivencia. Simplificado quiero decir que lo que digo hoy puedo sostenerlo cuanto quiera o cuanto pueda y estoy seguro que a usted le pasa lo mismo. O mejor dicho me va a decir que no, lo va a negar; avalando así lo que yo digo.

Hay ciertos dogmas con los que fuimos criados que rigen nuestra moral y que tienen que ver con el comportamiento social con el prójimo. Pero hay tipos que no se ajustan a eso o bien porque la bajada ética no es la misma que en su cultura, porque deciden rebelarse contra el “orden establecido” o por alguna otra razón. No justifico ciertas conductas extremas. Nunca lo haré en el caso de asesinatos, violaciones, corrupción de menores u otros desórdenes que lastiman el alma y el cuerpo ajenos. Usted tampoco. O sí. No le creo. Pero creo que todos nos empeñamos, en un código común, en fustigar comportamientos negativos que realmente utilizamos a diario en beneficio propio como herramientas de interacción con el otro. Viendo la paja ajena.

Yo no soy cínico pero a veces miento por conveniencia propia y no tanto en favor del otro, aunque en ciertas oportunidades falseo a la verdad justificándome a mí mismo, como en el caso de las mentiras piadosas. Y a usted le vi hacer lo mismo. Esto, pienso, no es más que un ejercicio alimenticio del ego y creo que su ego compite con el mío y con el de aquél en una guerra mundial de egoísmo.

Sé cuándo usted me está engañando o cuándo alguno está utilizando un recurso discursivo con el que desnuda lo que realmente quiere decir. Solamente que me hago el boludo para no hacerlo quedar mal. En definitiva, le miento por piedad. Si usted me quiere vender gato por liebre es probable que yo no le compre nada porque no gasto dotes en adquirir segunda mano de algo procesado por usted.

Increíble pero real

Y hablando de vender pescado podrido, quiero analizar y hacerle ver a usted algo que a mí me pareció, créame, revelador. En los últimos tiempos de mi vida en Buenos Aires había comenzado a mitificarse el programa de TV Los Simuladores, una idea de Damián Szifrón. Como yo a usted no le creo, me encargué de castigar con dureza aquello que usted pontificaba. A veces por deporte, en otros casos porque sí.

Un día, ya acá en Tel Aviv, me puse a pensar en nada y en el medio de la nada me apareció uno de los dos capítulos —por suerte fueron sólo un par— que vi de Los Simuladores. Era uno en el que los cuatro simuladores armaban una fiesta onda seventies para que la familia mersa de la novia (creo que era de la novia y no del novio) no quedara tan mal ante sus consuegros porque el padre tenía un Torino hecho mierda y ropa del año del pedo.

Se me ocurrió definir el rol de cada uno de los simuladores:

a) Un piola inteligente, dandy y de buena labia (D’elía).
b) Un fachero seductor, canchero y eficaz en la conquista (Seefeld).
c) Un simpático loco, inteligente pero a veces desbordado (Peretti).
d) Un gruñón técnico, semiforzudo, con manejo de la tecnología y los fierros (Fiore).

Inmediatamente se me vino a la cabeza un espectacular y descarado paralelismo:

a) Un tipo entrador, con personalidad, estrategia y sibaritismo (John “Hannibal” Smith).
b) Un carilindo movedizo, parlador e irresistible (“Fast” Templeton).
c) Un loco de remate, border, brillante a la hora de la acción (Murdock).
d) Un ermitaño musculoso, negro, fóbico y ducho para tareas pesadas y de ensamble (B.A. “Mario” Barakus).

Si usted me dice que Los Simuladores no es Brigada A, no le creo. Y si me agrega que esto que yo describo ya lo pensó alguien y lo difundió, podría quizás creerle porque es muy factible. No puede haber tantos ingenuos. Usted me dirá que los Magníficos eran veteranos de Vietnam y que estos argentinos no. Bueno, lo único que faltaba es que nos quisieran empaquetar como que eran ex combatientes de Malvinas o de la Guerra de la Triple Alianza. O los que secuestraron a Julio López. Las estrategias y las formas de pago, por supuesto, eran muy similares en ambos ciclos y el hecho de que no muriera nadie en Brigada A quizás se replicó también en Simuladores. No lo sé porque sólo vi dos capítulos, le dije. En los dos programas, los casos guardaban, notoriamente o en el fondo, la justicia de estar resolviendo una situación humana, una causa justa.

Ahora, si Szifrón viene y me dice que los Simuladores son tipos que quieren simular que no se parecen a los de Brigada A pero no lo logran, yo le doy la derecha y me retiro del juego. Sería como algún capítulo inexistente del Chavo en el que en una fiesta de disfraces aparece vestido de Chapulín. O viceversa.

A todo esto, ¿ve que no hay que creer en nada?

Szifrón y Telefé y nos quieren hacer creer que inventaron la pólvora. Pero la pólvora ya está inventada y yo no la gasto en chimangos, en usted. Y usted debería hacer lo mismo.

  1. Jaramillo    Oct 10, 04:06 PM    #
  2. Damian    Oct 10, 04:46 PM    #
  3. Manuel Farovsky    Oct 13, 09:53 AM    #

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