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Chau TP

17 10 2006 - 02:01

A mí no me disgustan las despedidas. No es que sean agradables, pero en las despedidas uno puede decir aquello que, si no larga ahí, quizá no tenga otra oportunidad para hacerlo. Y sin quizá, porque en las despedidas es mejor pensar que son para siempre, aunque pudieran no serlo; para qué sufrir si no será para siempre.

Mientras tanto me pregunto qué sucede con un sitio de internet cuando ya no existe. En lo material digo. Cuando se deja de hacer una revista, se sabe que no saldrán más números nuevos, pero quedan los viejos. Si bien ocupan un espacio que resulta inútil para otra función, también cumplen con la misión de estar allí. Se puede contar con que, si uno quedara atrapado por una tormenta de nostalgia, podría guarecerse en el techo de papel de esas revistas viejas. Están ahí, se pueden tocar. No me quiero hacer el Abraham metiéndome en cuestiones filosóficas que pudieran quedar grandes en mis letras, pero ¿qué sucederá con los sitios de internet cuando dejan de existir? Pregunto desde mi absoluta ignorancia. Si quedaran allí, estáticos, en el mismo lugar de siempre aunque sin renovarse, sería más o menos como con las revistas, ya que podríamos visitarlos en caso de lluvia; ¿pero si desapareciera? ¿Qué nos quedaría?

Mi aporte a TP ha sido mínimo en cantidad y seguramente también en calidad. Comencé como lector. Una noche, la piba que quiero me comentó que estaba leyendo un sitio. “Es bueno y a vos te va a gustar seguro, a mí me encantan los dibujitos y las secciones”, me dijo. Los dibujitos eran los de Huili y las secciones, entonces, solían tener a Schmidt, Quintín, Brener, Semán y al mismísimo Raffo como habituales protagonistas.

Cerca del verano decidieron abrir el juego y dijeron que aceptaban colaboraciones. Ahí me metí entonces. Desde allí, debo admitirlo, me publicaron algunas notas y me rebotaron otras, pero entiendo que eso tal vez tuviera que ver con cuidar que no decayera el nivel. Por supuesto que no estuve de acuerdo, pero el mundo sería una mierda sin subjetividades. Bueno, es una mierda igual, pero mejor con subjetividades que discutir y repensar.

En la primera nota que mandé, cuando tenía varicela, terminaba diciendo que por ahí no quedara otra que hacerme kirchnerista, como buena parte de la gente que me rodeaba, que se había ido cruzando de vereda paulatinamente. Pues bien, todavía no lo soy, pero el planteo continúa siendo el mismo. Si ya no sucede con tanta frecuencia que uno se entere que alguien se hizo kirchnerista, será sólo porque la mayoría ya se convirtió.

En realidad no estoy en contra de que alguien crea que puede cambiar algo desde el gobierno. Lo que se me complica es aceptar que tome ese camino gente que caminó conmigo muchas calles diciendo que no quedaba otra que terminar con la vieja política y eso, creo, incluía a los viejos políticos y sus maneras ortodoxas de manejar influencias, dinero y, por supuesto, pobres.

Insisto: creo que si uno siente que puede cambiar algo desde adentro, al menos debe intentarlo. El problema es cuando para eso tenés que empezar a ponerte del lado de la intervención (y la patota) del Hospital Francés, diciendo que el conflicto está manijeado por los aparatos de izquierda, cuando hace no tanto, ante una huelga de características similares, estuviste del lado de los trabajadores del Garrahan, que también contaban con cuadros de izquierda en sus asambleas. O cuando salís a asegurar que Jorge Julio López está perdido, que no es un militante, que vive en un barrio de policías, cuando hace dos años hubieras estado pidiendo su aparición con vida a los gritos. El problema sigue cuando pensás que el Banco Mundial va a ser justo y equilibrado para definir una situación entre el capital y el sentido común. Y si define para el lado del capital, vaya novedad, tenés que aceptarlo y dejar que te cambien la vida sin pelear para evitarlo. Eso te piden algunos luchadores de ayer: que no luches hoy, porque ahora ellos están en el poder.

Esa es la gran cuestión. Cuando para intentar cambiar algo desde adentro tenés que cambiar vos. Si uno está dispuesto a dejar de ser uno para pasar a ser otro, con una mayor concentración que le permita mirar a los costados y dejar pasar trastadas para seguir cumpliendo con su parte, que seguramente estará mejor resuelta que si allí estuviera un garca de tiempo completo. Es una elección más personal que política, aunque también, a la vez, sea efectivamente una opción política: si alguien está dispuesto a traicionar sus propios principios para seguir allí, seguramente lo esperarán más traiciones más adelante.

Y te van a decir que no cambiaron, se superaron. Y que vos no hacés nada y ellos están haciendo algo. Cuando en realidad, todos estamos en plena praxis. Ellos superándose y vos o yo plantados en los principios, pero a la vez moviéndonos desde esos mismos fundamentos. Ya se verá quién tiene razón. O tal vez todos tengamos razón y se puedan modificar cosas desde adentro y desde afuera. Porque los juicios a los genocidas están motorizados por el gobierno, desde adentro del sistema por supuesto, pero no serían posibles sin el aporte fundamental que realizaron los organismos de derechos humanos, ganando la batalla cultural, desde afuera y contra todos, tras años de pelea casi solitaria. Esa lucha no podría estar viéndose reflejada en la justicia si no hubiera un gobierno que la impulsa y viceversa.

Y mientras tanto nos despedimos de TP. Es una salida muy TP — cerrar la puerta así, avisando que se colocará pronto el candado, sin demasiadas explicaciones, casi invitando a pensar por qué será, es muy de este sitio. Ya sabrá Huili sus razones, pero por cierto que el paisaje que TP supo mostrar no se ve en muchas fotos.

Y despidámonos. Que no hay nada peor que los que odian las despedidas y, entonces, se van sin despedirse. No saben lo que se pierden.

  1. Jorge Dusso    Oct 17, 04:39 AM    #
  2. Cherno    Oct 17, 07:54 PM    #
  3. Lechuza    Oct 20, 10:30 AM    #

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