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La Chica Eki

21 10 2006 - 15:30

Con varios kilos de más luego de la experiencia ekiana y de la partida del bombero a otros pagos con el bajo a cuestas, me encuentro laburando, desde junio, en la cocina de la política porteña. Específicamente, mi tarea radica en entregar la carta a los comensales massmediáticos y a los alternativos, chiquitos, amables, con un “¡Buen día señor!, ¿qué se va a servir?” pero más condimentado que la habitual y necesaria ingesta calórica. Ah, me olvidaba ( y perdón Puri por el afano): lo que ofrezco, precisamente, no es Coca Cola.

De lunes a viernes, además, y sobre todo, me encargo de verter el contenido de “La diputada tal afirmó o sentenció o señaló que…” Y también, lo que me divierte muchísimo, busco incansablemente el nuevo método para que ¿mis futuros colegas? del gran diario argentino o del de Mitre no me atiendan el teléfono como si tuvieran que salir corriendo al baño; coqueteo con productores televisivos y radiales de un ego delirante en la mayoría de los casos; aplico de vez en cuando la semiótica para no olvidarla, y no apago el celular por más reyerta amorosa que haya de por medio.

Asesora de prensa. Eso es todo.

Me muevo con la paciencia de una abuela, aprendo a serpentear en los vaivenes de la nueva política (política con C bien grande de Carrió). Y de su mano, la de la vertiente post-“Que se vayan todos”, absorbo como esponja nueva todo lo que me sirva. Mi concepción utilitaria me ayudó en unos meses, por ejemplo, a romper con la velocidad de mis dedos el teclado para entregar a tiempo la bendita gacetilla con las palabras justas, ni una más ni una menos, para después sí, pasar a la fase de venta, más espontánea.

La nueva política me enseñó, a su vez, la gran verdad que expuso Pierre Bourdieu en aquella frase que afirmaba que la política es el lugar por excelencia de la eficacia simbólica. Basta observar, en ocasión del recinto legislativo, las boludeces que muchas veces dicen nuestros señores diputados de la Ciudad, en términos de contenido, pero tan elocuentes en cuanto a su forma. Entonces, ahí voy de nuevo: además de producir y vender signos, soy una suerte de coach de mi jefa, una surtidora de pulenta comunicativa. Es que no importa lo que digas; sólo la potencia de las palabras llega al radar de los movileros y su pebete.

En eso estaba cuando me llegó la noticia del cierre de tp.

A casi un año de Formatos Eficientes y Recursos humanos, notas en las que relataba la alienación a la que estaba sujeta en Eki Discount, todavía me cruzo con gente que me dice: “Romina Sánchez… ¿vos eras?, ¡¿vos sos la chica Eki?! Y sí, asumí una identidad, porque ser la chica Eki no es lo mismo que el anonimato que imprime el ser una equis cualquiera. Ser una chica Eki es ser algo así como una sobreviviente, una luchadora.

Siguieron varias notas, una radiografía de mi barrio y su unidad básica, del partido que bien podría llamarse (no quiero pasar por gorila ni oportunista, por favor) “Perón, Perón que-grande-sos”, la cobertura del BAFICI 2005, entre otras. Ahora bien, lo que (me) importa de todo esto, es que TP siempre trató de mantenerse como un auténtico canal de disenso, lo que es muy saludable. Creo que lo logró con creces.

No voy a negar que putié bastante al principio, casi tanto como en tiempos de la cobertura del mundial de fútbol hecha por Quintín; y no porque no me gustara ese deporte, sino por la sencilla razón que no acordaba con la mayoría de las opiniones vertidas por Q respecto al desempeño de algunos jugadores. Bueh, por lo menos Riquelme ahora está tranquilo con su mami. Ni hablar de cuando el Profe Schmidt intentaba subsanar los caprichos de mi prosa. La cuestión es que al principio fue horrible, fue como que me dejaran.

Pero después, al enfriarte, te das cuenta de que no es tan grave, porque la mirada tepeana (acuñemos otro neologismo, ya que estamos) es algo que queda, así, latente, esperando el tiempo y más que nada, el espacio para resurgir. Entonces la sensación sería, más exactamente, la del novio que te deja pero al que no vas a extrañar tanto porque sabés que nada es definitivo.

Mientras, esta nueva gordita (les voy a pedir que no confundan mi aspecto con las implicancias partidarias, please… ¡y ¡encima me llamo Elisa!), seguirá por la vida sacando pecho en su Merlo querido, y estampando en el rostro de los miserables y mediocres el orgullo de su insignia, que es toda una declaración de principios: ser la chica Eki. Y eso se lo debo a TP.

  1. Mariano    Oct 23, 05:40 PM    #
  2. Chica Eki    Oct 23, 07:46 PM    #

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La biblioteca del Bodrio
El Amateur
Piazzolla y Anticipación
El Bombero
Fiasco-chagui
Un equilibrio primario
Recursos Humanos
Los Formatos Eficientes