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Vivir en el Limbo

21 10 2006 - 15:25

El Vaticano tiene el ritmo de los glaciares, pero cuando toma una decisión el tiempo se detiene, el cielo se abre y los simples mortales, nos damos cuenta de la finitud de nuestra especie. Son decisiones medulares, decisiones que nos recuerdan que los misterios divinos son inaprensibles e inesperados, como los misterios de la policía Bonaerense o los de los laberintos mentales de Gastón Gaudio. Decisiones que producen sosiego y placer, que nos sorprenden por la revelación que provocan, como cuando nos enteramos que la ciencia le ha quitado el rango de planeta a Plutón o cuando el Indec dice que seguimos creciendo a ritmo escandinavo.

El asunto es que el limbo, como tal, ha dejado de existir.

Lo anunció hace dos semanas el Vaticano, quien resolvió, tras más de cinco años de estudio, que ese espacio gaseoso distante del cielo y del infierno, adonde iban a parar las almas de aquellos que no habían sido bautizados, no existe. El mismo Benedicto XVI, cuando aún era el cardenal Ratzinger, fue el encargado de llevar adelanto los estudios, tarea que le fuera encomendada por su antecesor, Juan Pablo II. Semejante determinación aún no fue anunciada oficialmente por el alemán que no simpatiza con el Islam, quien seguramente aprovechará las próximas Pascuas para decirle al mundo que el Limbo es una mentira.

Para el Vaticano no fue sencillo llegar a esta conclusión. No es un asunto menor. ¿O Santo Biasatti no tardó ocho para sonreír en cámara y Zulemita 20 en aprobar el secundario?

Es probable que la decisión de la Iglesia genere un efecto dominó en muchas otras manifestaciones de la ciencia y de la fe como la moda. Una comisión de expertos se tomará como máximo hasta octubre del 2008 para dictar el fin de la bocamanga y el ruedo. Y un Congreso de especialistas de la Universidad de Yale determinará la abolición de los calzoncillos largos. Las medibachas y las polainas no sé, como últimamente no sé muchas cosas. Ahora que no existe más TP, ahora que todos lo abandonamos y asistimos a su funeral y pedimos llevar el cajón y nos golpeamos el pecho y hoy nos da lástima y mañana nos chupa un huevo, tengo menos esperanza de la poca que tenía el mes pasado y más dudas de las que tenía cuando terminé el secundario.

No me refiero al futuro, ni siquiera al anhelo de que alguna vez alguien diga, por fin, que Pity Alvarez es la decadencia absoluta del rock, o de que tomemos conciencia de que algo no está funcionando bien si Fontevecchia y Morales Solá son los únicos periodistas amenazados en un país que no tiene aún sus instituciones consolidadas. A lo que me refiero es a otra cosa: ahora que no existe el limbo, ¿adónde irá a parar TP? ¿A dónde irán a parar sus post, sus textos, Vulgaria, los comentarios de Quintín sobre los árbitros, los niños melancólicos de Raffo?

El fin de TP, de todas formas, me parece una claudicación inevitable. Una abdicación mezquina, a la que se llega más por vagancia que por anemia, más por temor a la exposición que por convicción de su futilidad. Como si hubiéramos tenido miedo a equivocarnos y a ser libres. Como si nos diera temor mostrar nuestras debilidades.

  1. jAvier    Oct 21, 05:17 PM    #
  2. Huili Raffo    Oct 21, 05:27 PM    #
  3. Maria Laura    Oct 21, 08:24 PM    #

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