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El Surrealismo Italiano

24 10 2006 - 16:35

165 cajas. Dos mil CDs, y otro tanto en vinilo. Novecientos setenta y cinco dibujitos para TP, todos en papel. No quiero pensar cuántos libros y papeles, que tengo que volver a ordenar la semana que viene. Ahí fue mi vida. No tengo casa. Mañana empiezo a buscar, pero esta noche voy a celebrar que sobreviví a las dos cosas —a mi nueva mudanza y al final de TP— y lo voy a hacer acá con un último daily, porque si no escribo un daily no escribo nada.

No puedo hacer un balance de TP. Los quiero a todos y los quiero matar a todos, un día pienso una cosa y otro día pienso otra. O mejor dicho, lo que pienso no cambia tanto, pero cada vez tengo más dificultades para asignarle un valor determinado a esas conclusiones. Sé lo que me gusta y lo que no me gusta de todo lo que publicamos, creo saber cuándo la pifié y qué errores no debería repetir, pero tengo la sensación de que si empezáramos de nuevo cometería esos y otros peores, porque lo que hicimos es apenas una muestra tímida de lo que podríamos haber hecho con un poco menos de franela y un poco más de curiosidad genuina sobre los motivos de quienes piensan distinto de lo que piensa uno. O no, qué se yo. La verdad es que no tengo la menor idea. El llamado al civismo de Noriega me convence tanto como la diatriba de Quintín y el rant sarmientino de Schmidt, lo cual tal vez sugiera que el día que aprendés a conversar con todos no discutís más con ninguno y no escribís más porque no hace falta. Que no es lo que pasó acá, pero tampoco pasó lo contrario. Nadie sabe qué pasó. Pero el kirchnerismo no fue, y voy a cumplir en explicar por qué antes de pasar a algo más interesante.

Hace exactamente una década, Quintín volvía de Brasil entusiasmado, como es su costumbre. Nos comentaba lo siguiente en el contexto de una conversación de la cual también participaban Rosman y Puricelli:

—Che, veinte años no pasaron en vano. Es decir, pasaron en vano para nosotros y no para ellos. Hoy, nosotros somos mucho más mezquinos y provincianos. Corrijo: no sé como son ellos. Sólo sé que por la población del país y la potencia de la televisión la cantidad de telenoveladependientes es mayor que acá. Pero también que el presidente es un intelectual, que los directores de cine pueden pensar en términos culturales y que los críticos de cine son críticos de cine. Y La Folha de San Pablo se parece mucho más al New York Times que al Clarín. El grupo Estaçao Botafogo empezó con una sala de arte en Rio y ahora maneja más de 30. En esos lugares se da el cine de todo el mundo y la gente se junta a la salida de los cines para comentar la película como en los 60. Claro que no es todo así y claro también que tengo un trasnochado ataque de antiimperialismo. Pero también la fuerte sospecha de que los tiempos están a punto de cambiar otra vez y que la globalidad del planeta es un cuento chino y que los brasileños lo saben. O tal vez me volví loco del todo.

—Bueh, qué se yo, —dudaba yo, también en mi modo habitual—. El carácter tercermundista en Brasil está mucho menos disfrazado, mucho menos oculto bajo pátinas de civilidad o representaciones farsescas de estilo menemista, y creo que esa es una diferencia importante. Pero creo que el hecho de que “la gente se junte a la salida de los cines para comentar la película como en los 60” hay que tomarlo con pinzas. Yo estuve en Brasil en los ‘80 y recuerdo que entonces los brasileños la veían pasar olímpicamente. Mi sensación, hace diez años, era que el approach brasileño era terriblemente sesentista, demodée, como quieran llamarlo. Ahora que los sesenta han vuelto a ser glamorosos, puede parecer que los brasileños la tienen más clara que nosotros (lo cual tal vez sea cierto), pero estoy seguro de que esto obedece menos a una decantación atendible que a la comprobación de que si uno se queda siempre en el mismo sitio llegará un momento en que parece (otra vez) estar a la vanguardia. Quedarse quieto paga, en esos términos. No son los míos.

—Ah, interesante —respondía Quintín—. A mí siempre me pareció también que el carácter “suave” de la Argentina era más vivible que la excitación (verdadera o falsa) de allá. Pero, siempre en el terreno de la geopolítica (qué palabra monstruosa) de aficionado o turista, se me ocurren ahora algunas cosas. Una es que la Argentina se fue al descenso: es el cuarto mundo, descenso que corresponde a los países suaves frente a la ferocidad capitalista de los 80 y 90, justamente. Lo otro es que si bien lo de que los intelectuales tienen poder es muy relativo (por quiénes son esos intelectuales y por el poder que tienen) en el terreno cultural eso influye en términos reales. Ahora, no entiendo bien el supuesto glamour de los 60 más allá de manifestaciones tales como que el nuevo suplemento cultural de Página/12 (un monumento a la frivolidad dirigido por Juan Forn, especie que no tiene representantes en Brasil) hable del Ché. No veo tal sesentismo, por lo menos en términos de un mínimo interés por el futuro en términos políticos. No lo veo en el cine, por ejemplo. Digamos: hoy vi Underground y a Godard no se parece. Lo que me interesó es que, si bien en Brasil permanecieron efectivamente en el mismo lugar (también es cierto que no tuvieron a Videla ni a los Montoneros) hoy es como si la discusión de algunas cosas pudiera por fin retomarse con ideas nuevas. En ese sentido, es posible que quedarse quieto pague, como dice Raffo. Y también es cierto que los tipos practicaron siempre una especie de antiimperialismo trucho que por acá fue sustituido simplemente por el proimperialismo.

Los demás ni se deben acordar de estas charlas, pero es evidente ahora de que el germen de TP estaba ahí, cuando durante el menemismo tardío empezábamos a buscar formas más novedosas y eficaces de enfrentarnos a El Problema, sin saber todavía cuál era ni a qué extremos podía conducirnos. Menciono esto acá como evidencia de que El Problema no puede ser el kirchnerismo, que entonces no existía.

El Kirchnerismo apenas existía en 2004, cuando (otro momento fundacional del que me había olvidado cuando resumí la historia de este sitio) después de una cena tardía en Brick Lane concluímos, junto a Nieto y Puricelli, que el futuro pintaba de incierto gris oscuro y que era buen momento para un antídoto preventivo. El Kirchnerismo no existía cuando en 1989 De La Rúa y Avelino Porto (!) se presentaban como opciones antagónicas que nos producían idénticos escalofríos (De La Rua se hizo más palatable después, y así le fue). Y el kirchnerismo tampoco existe ahora, realmente, más que por la contingencia de que a K y a su mujer y a su cohorte les llegó la hora y la aprovechan bien. Es imposible encontrar una sola idea propia en su discurso y en la serie de voleas impactantes que ofrecen a modo de policy, como no sea la astucia de cooptar el Que Se Vayan Todos cambiándole solamente el signo. El Sandrarrusismo, sin ir más lejos, ha demostrado en estos dos últimos años una capacidad de producción intelectual muy superior a la del conjunto de “cuadros” (con perdón) kirchneristas, aunque sea en términos cuantitativos. Y si bien es cierto que se trata de un sector que el gobierno usa y recompensa, ahí están los archivos de Página para demostrar que el Sandrarrusismo llegó antes, que estaba ahí desde hace décadas, siempre diciendo lo mismo, esperando el momento en que quedarse quieto empezara a pagar, cuando los ciclos de la historia recompensaran la esclerosis rebautizándola como resistencia. La antipolítica son ellos, no uno. Y en eso son indistinguibles del menemismo, que también podía con nosotros y también cayó por su propio peso sin que nosotros hayamos tenido mucho que ver. Es verdad que el kirchnerismo tiene una vocación policíaca en lo intelectual que el menemismo nunca tuvo, pero si vivís pendiente de la reprimenda que Mario de Palermo te va a mandar por mail mañana, el problema no es él, sos vos.

En sintonía con su aliado táctico (el sandrarrusismo), el gobierno viene poniendo en escena una narración en marcha atrás que a mí me parece tan aburrida y tan tramposa como la de Memento, la película del nabo ese de Nolan. “¿Cuál es la frase más detestada de la democracia?”, pregunta Sandra Russo. “La casa está en orden”, responde el gobierno. Y ahí vamos con los juicios al Vampiro Negro. De a una se representan todas las frustraciones políticas de los últimos treinta años, con otro final. Ahora terminan bien. No importa que el republicanismo macartista del Dr. Mariano sea una grasada que no se cree nadie; no importa que el Hombre Más Peligroso para el gobierno sea un semianalfabeto experto en surrealismo italiano. Son detalles. Sabemos que es todo mentira. Es psicodrama. El problema del psicodrama (preguntále a Pavlovsky), es que con psicóticos se complica.




Babo diserta sobre el Surrealismo Italiano
Primera parte.

Hace unas horas llegó lo que será, mucho me temo, el último correo de lectores en la historia de TP, y como tal imposible de olvidar por más ganas que uno tenga. Decía esto:

soy periodista e hijo de una montonera de cordoba, estoy totalmente de acuerdo con esta reflexion.

pdta. donde puedo dirigirle un mail de firmenich? mi madre aun recuerda con afecto y admiracion al comandante.-

Venía firmado, pero supongo que es mejor ahorrarle al sender el bochorno o la vindicación que la historia le depare. ¿Qué reflexión? Ni idea. Le pregunté. También le dije que nos podía mandar el mail de Firmenich, si quería, sin darme cuenta de que en realidad el tipo quería mandarle un mail a Firmenich, aunque dijera lo contrario. Sí flaco, claro, nos carteamos con él todos los días. Contestó:

la reflexion a la que me referia era a la relacionada con la impertinencia de un periodista con Mario Firmenich en Cordoba cuando obtuvo la lógica respuesta de “te ganaste un reto a duelo”

A mí me había dado un poco de impresión esa nota de Schmidt, en su momento. No tanto por sus opiniones, que compartía a medias, sino por la absoluta ausencia de respuesta por parte del periodista impugnado. La nota le preguntaba casi directamente: ¿quién te creés que sos para hacerle esa pregunta al comandante? Y la respuesta era facilísima: “Uno que no mandó matar a nadie.” Pero la respuesta no llegó nunca. Para un país que produce tan pocas cosas interesantes, la acción parece estar sobrevaluada al punto del ridículo. Palito Ortega se hizo de abajo, qué vas a criticar a Palito Ortega.

“Lógica respuesta”, dice nuestro lector, y yo no me animo a coincidir con Hernanii en que las cosas se estén ablandando, en el buen sentido. Y tampoco me animo a decir lo que dice Sarlo en la nota que con increíblle sentido del timing me reenvía Puricelli, haciéndola entrar justo entre los dos mails del fan de Firmenich. Creo que Sarlo, esta vez, tiene toda la razón del mundo, y que argumenta con gran rigor y valentía, tal vez excesivos teniendo en cuenta a quién se dirige. En lo personal, además, me reconforta terminar el ciclo de TP contando a Sarlo como aliada involuntaria en mi cruzada por una mínima valorización del discurso. Porque la verdad es que ya me estaba cansando de tener siempre la misma conversación con Puricelli, Nieto et al:

—La derecha los acusa de montoneros. Es ridículo.

—Y bueno, ellos dicen que son montoneros.

—No dicen que son montoneros.

—Está bien, no dicen la palabra “montoneros”, pero reivindican todo aquello que pueda tener alguna relación con montoneros, y son ellos los que insisten con la romantización de las orgas, que genera a su vez el escándalo de los otros esperpentos…

—Pero no son montoneros. Ya no hay montoneros.

—Bueno, está bien, ya sé, pero como dicen que son montoneros…

Y así.

No hay motivo de alarma si viene un vecino y te empieza a hablar del fin del mundo, del Cristo Viviente, de cómo tu familia puede estar junta para siempre. Asumís que tu vecino es mormón y lo despachás amablemente. Pero si un amigo común te asegura que tu vecino no es mormón sino un escribano agnóstico, la pregunta es ineludible: ¿Por qué habla así? ¿Está loco?

En un país más o menos deseable, alguien de la estatura intelectual de Sarlo (quien me saca de quicio a menudo, pero ese es otro tema) merecería una respuesta punto por punto, de puño y letra del Presidente. Aunque en este caso no sé si quiero leer esa respuesta, y siento un cierto alivio al saber que tampoco va a llegar nunca. Es curioso que Sarlo termine su artículo reclamando algo que sirva, porque nada sirve menos que acorralar a la gente. Tal vez ella piense que puede desenmascarar a Kirchner (en el sentido de la fachada Memento que mencionaba antes). O tal vez ella esté dispuesta a cualquier cosa con tal de forzar el diálogo que nosotros buscamos tantas veces; dispuesta incluso a que Kirchner la muerda al verse acorralado.

Yo no sé. A veces me parece que la táctica Memento es inconsciente y que se creen lo que dicen —que son fanáticos, gente enferma. A veces pienso que no puede ser, pero entonces tienen que ser cínicos dispuestos a todo, incluso a rifar los peores horrores de la historia reciente. La mayor parte del tiempo las dos posibilidades se me funden en una, porque no consigo decidir cuál me parece peor, y al final me da lo mismo.

“La historia que relata Montecristo todavía no terminó”, cierra Sandra Russo su columna de hoy. No sé qué es eso sino una amenaza.

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Y sin embargo no es por nada de todo esto que nos vamos. Nos vamos porque sí, porque las cosas terminan, porque está bien que terminen y que empiecen otras. No es la muerte de nada —Gargarella me apoyaba hace un rato en mi resistencia ante tanta invocación escatológica—; no es una medida de fracaso ni de éxito. Hicimos los deberes, estuvo bien, aprendimos mucho.




Babo diserta sobre el Surrealismo Italiano
Segunda parte.

Los demás no sé, pero yo me estoy cagando de frío acá en este refugio suburbano de Madrid que por algún motivo siempre me acoge cuando me tocan los dailies de evaluación final. Llueve como si estuviéramos en Arizona, con truenos y nubes violetas, y hay un ratón ahí, huyendo del agua, a medio metro de mis zapatos, porque el perro está durmiendo adentro con las chicas y el resto de la familia que nos aloja. Ahora me voy a ir a dormir y después espero no tener motivos para leer los diarios por lo menos por seis meses. Espero que nadie se mate. Que no se maten entre ellos, digo, porque me cuesta decir “ustedes” y porque sería ridículo decir “ustedes” teniendo una cierta idea de quienes nos han leído hasta acá. Pero uno nunca sabe. Los archivos quedan ahí, you google “firmenich” and there you go, te ganaste un reto a duelo.

Portensé bien. No es física cuántica. Quién tiene razón no importa. O importa mucho menos que todo lo demás.




Babo diserta sobre el Surrealismo Italiano
Tercera parte.

  1. WG    Oct 26, 12:11 AM    #
  2. mp    Oct 26, 05:21 AM    #
  3. Ezequiel Baum    Oct 26, 06:54 AM    #
  4. Leo    Oct 26, 07:48 AM    #
  5. Boudu    Oct 26, 09:33 AM    #
  6. Bernardo    Oct 26, 10:23 AM    #
  7. clara    Oct 26, 05:08 PM    #
  8. Mariano    Oct 27, 05:00 AM    #
  9. palvis    Oct 28, 04:32 PM    #
  10. Huili Raffo    Oct 29, 01:38 PM    #

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