Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Schmidt, pronto

6 08 2008 - 04:09

Tras el daily de Hernán se me imponen algunas aclaraciones importantes. No todos los integrantes de este yo qué sé colectivo que hoy se traduce como TP somos liberales igualitarios o, tantísimo peor, metrosexuales ideológicos. Con Puricelli, por ejemplo, decimos que tenemos buenas razones para el socialismo, robándole el libro a Gargarella. Y preferimos ir a la sustancia de las cosas en el caso que nos ocupemos de los asuntos públicos con seriedad. Cosa que Puricelli hace y que yo, casi no. Si vamos a jugar en serio, no convienen los adjetivos. Porque si no es que: ahora habla el liberal igualitario. Y no. Lo van a chiflar. Hablemos porque sí y, si es posible, resolvamos. Sin hacer de todo un San Lorenzo-Huracán. Hay que pavimentar avenida de La Plata, dice el orden del día. Porque yo como hincha de San Lorenzo. Y no, ahí el de Huracán sabés cómo se brota, no va a querer que pavimentes, va a querer que te mueras, va a querer que te corra la yuta con el changuito, ehehehe. Hernán, amigo, si querés hacemos comunicados conjuntos, pero nos ponemos de acuerdo, hacemos una reunión, sin problemas, y lo más barato de adjetivos posible porque ayuda a desbandar los bandos que, como bien decís, tanto mal nos hacen.

Listo, problema uno resuelto.

Punto dos. No es tan obligatorio como el anterior, pero el espíritu colectivista, de cuerpo, que exhibe el daily de Hernán de ayer me empuja a más aclaraciones, secundarias, pero que me muero de ganas de hacer, y yo me doy los gustos. Que vengan a reprimir.

Yo no laburo, ni gratis ni por plata, para tipos que ya comen con Mirtha Legrand, como los dos comunicadores citados y elogiados ayer por Hernán. Ya me comí el pijazo de compartir la etapa anterior con Abraham que le dice “negro” a González Oro, y lo hice en el nombre de la unidad del movimiento obrero que, en el caso de TP es más internacionalista que ninguna otra cosa. Cuando lo leí grité: ¡ehhhhhhhhhh, papá, de nuevo, no! Me sonaron las alarmas, Hernán. Sabelo. La gente que está en la tele, ya está en la tele, ya está, loco. Para qué les vas a reforzar la visibilidad. Hacé visible a algún amigo tuyo que no tenga un pacto diabólico celebrado con el grupo Clarín, o a alguien que, sin ser amigo, sea bueno, sea también honesto intelectualmente, como estos dos muchachos citados ayer, deeeentro de todo lo son, básicamente por el contraste con el ambiente ignorante y falso en que se mueven con tanta felicidad y éxito. Mirá si vas a hacer un sitio tan bonito, con diseño tan lindo, tan independiente, para tirarle centros al mainstream, a muchachos que se reían con Jorge Guinzburg. Que sigan con sus vidas y dentro de lo posible no quiero enterarme qué hacen. Van seis años sin tener televisión en casa, dos años sin leer diarios en forma sistematizada y uno sin escuchar estupideces en la radio. Después del gran daily terrorista de Llach del lunes, Hernán ayer guiñó a los mercados, y bueno, Hernán, yo le quiero poner un caño mental a todos los forros de este planeta. ¿Vos no sabés que están todos equivocados? Cuando comimos ravioles en casa hace cinco semanas pareció que si.

Si el mercado se quiere confundir y venir, Hernán, que venga, NO le presentaremos batalla. De entrada no, pero después sí, a empezar de nuevo con el quilombo, hasta el amargo final, y vamos a ser como el japonesito naufrago que le mea la sopa a los marines en alta mar. Claro, obvio que el japonés aceptó que le tiraran una soga. ¿Pero cuánto tiempo tendría que ser agradecido con unos guasos? En fin, creo que está. Igual es un daily, no una monografía. Ya volveremos sobre estos temas. Mi psicólogo dice: Estebitan, tenemos uno o dos temas, no mucho más.

Me da leche lo de Hernán, además, porque yo ya tenía escrito un daily introductorio y el licenciado Iglesias Illa llegó —Illa llegó con lluvia— antes y lo que hay que comprender, Hernán, posteridad, es que estas aclaraciones son inevitables. No se pueden parar. Uno se puede morir, si no aclara quién es. Dicho eso, digo también que Hernán es un gran pibe, muy inteligente, con un gran libro, Golden Boys, y una esposa rusa. ¿A ver quién tiene una esposa rusa? Raffo lo ama. Sivak lo ama. Puricelli lo ama. Llach lo ama. Yo quiero estar ahí.

De no haber tenido que decir esto que dije, sólo habría dicho que esta es una semana de práctica, de calentamiento de motores on line. De armar la red. De pronto, uno no está más solo en la casa, uno no tiene a Roberto, a Claudio y a Carrasco, los mozos de Piacere, o a Nigel, el barman australiano del Hotel Boutique Miravida, como únicos interlocutores diarios y sistemáticos, y se encuentra dando un espectáculo callejero, pero por Internet, para una audiencia compuesta de amigos, de profesionales y oficinistas, de asesores de diputados y excelencias de la nada. Me parece bien. Y me parece fácil. Grande Internet. Menos contagios, menos meningitis. ¿De qué hablar? De lo de siempre: del amor torcido que tenemos por esta tierra y de las dificultades que se nos presentan para entendernos con el resto de los gauchos que la habitan. Es así: empezamos a escribir cuando resulta que decimos te amo y no te aguanto más a la misma hora. Si no fuera así, así, al menos este humilde riojano no tendría de dónde sacar las piedritas. Cantaría, bailaría, viajaría en globo. En otra vida, comería menos habas.

Definido el qué, veamos el cómo. Yo digo que se entienda. Que entiendan los compañeros del consejo editorial, que entienda, al menos, el decil más alto de los alumnos de la UBA, todos las personas decentes que tienen vergüenza, con las que algunas vez hicimos algo colectivo y con las que todavía esperamos hacer, y que entiendan también los ibarristas, y Carlitos Raimundi, Gustavo López, Silvia Vázquez, y todos los que se levanten a lo Raimundi, a lo López y a lo Vázquez, cada día, para que comprendan, sin mediaciones, que lo de ellos ni fue ni será gratis. Que a lo mejor parece gratis, pero que no.

Una aclaración más: me gustan los personajes secundarios, me gustan Robert Duvall y el Enmascarado. Y no hago ciencias sociales ni espero que pase por verdad nada de lo que escriba. Me gustaba mucho Tarek Aziz, en su momento, por su estatura, por su inglés aprendido a los piedrazos, por su diplomacia para explicar la masacre de los kurdos, pero no por la masacre de los kurdos, cuando aparecía, me clavaba en la CNN. De chico me gustaba mucho Cyrus Vance, me gustaba por Cyrus, por el nombre. Porque tenía nombre de cometa, de software. ¿Ok? Ideales estéticos. Los únicos que hoy razonablemente se pueden tener, me justificó el profesor Sidicaro en el Establecimiento del Café de la avenida Pueyrredón, hace dos años, no hace mil. Todos los que le han llevado el bandoneón a Troilo son mis héroes y todos los que ofrecieron cometas Cyrus para que Aníbal no fuera depuesto son mis villanos.

No seremos universalmente comprendidos. A veces, la afinidad será por aproximación, y un gran número de lectores y merodeadores de blogs se sentirá en la necesidad de maltratarnos, más que de aplaudir, dejar una moneda en el estuche del saxo, o levantar simplemente el pulgar diciendo algo así como gracias por entretenerme de camino al trabajo. No hay problemas, son las reglas del juego de los espectáculos callejeros. En una hora por Florida todas las variantes psicopatológicas se pasean, llevando portafolios, bolsas de Falabella y paraguas. Y el gordito rubión de gorra de corderoy que canta Blackbird, la canta igual. Sí, aquel muchacho que cantaba las canciones de Los Beatles en Florida en 1985 sigue cantando las mismas canciones en la misma peatonal. Cambió la guitarra, el amplificador y ahora tiene presión alta, pero hace lo mismo para comer y quizás para divertirse. Se sienta en su banquito plegable, define el perímetro y espera que nadie lo interrumpa. Lo espera sin rogar. Como espera las cosas Kung Fu. En Internet todavía es más fácil. Los sitios web son impenetrables para el común de los peatones, por lo tanto, el mayor esfuerzo es el autocontrol. Los mandamientos: No me googlearé, no leeré comentarios de anónimos. Así, van a ver, compañeros de TP, como dura más la libertad. Así va a seguir uno escribiendo para complacerse y no para complacer. Sin renunciar, por eso, a gustarle a los demás, a que nos quieran, que es tan lindo.

Una más. Me quedé enganchado con la mención que hizo Santiago el lunes a los creyentes juveniles afiliados al kirchnerismo que sueñan sueños montoneros. Pienso mucho en ellos, porque los he visto. No los soñé. ¡Chicos, wake up! Son las seis am en California, el día está soleado, Schwarzenegger pidió nueve claras de huevo para el desayuno y las chicas se preparan para una jornada a todo roller en el área de Malibú. Y la conducción vive en Barcelona y no quiere conducir.

Lo otro, lo que resuena, lo que parece que, el largo como si de todos estos años, es un caldito Knorr. Es el olor de la sopa que inunda el living. Me haces bien, me haces bien, me haces bien. Los vecinos fachos dieron una mano a la confusión: ¿Este es el living de la sopa?, preguntaron embriagados por el olor, embriagados hasta tal punto que ni siquiera escucharon la respuesta. A caballito de si mismos, desde las alturas y con mayúsculas, dijeron: USTEDES SON LA FAMILIA SOPA. No, vecino, intervinimos nosotros, con nuestra pobre voz, ocurre que hoy, los compañeros, cocinaron sopa y cuando se calienta la olla, el aroma se distribuye por los cuartos, incluido el living. Pero mire que después abren la ventana y chau sopa, vecino. Huelen a sopa, pero no son sopa. Les dijimos con Godard: no es sangre, es rojo.

En otro meridiano de Ciudad Gótica, Emile Pérsico pone el disquito de la cantata montonera de Huerque Mapu y los pendejos que fueron a tomar… sopa de su barba, otra vez sopa, se arrodillan al borde de la pedofilia. Y el chantún les habla, les cuenta fábulas. Y los hace sudar con emociones prestadas. Say no more. Cuando los verdugos de ahora terminen, y hace dos semanas parecía que se iban a la casa y a Devoto, cuando el material del que están hechos fatigue, como fatigan los fierros aeronáuticos, o cuando ya no sepan dónde esconder los billetes y se les escapen por los bolsillos del saco y no se pueda ni en joda, ni por Canal Siete y para todo el país, sostener la postal romántica, los esperamos con mil abrazos, muchachos. Fue conmovedor que creyeran. Y una cagada tremenda también, porque dieron alas para el saqueo. Había que tomarse esto con más tranquilidad. Volveremos también sobre esto, si no de qué vamos a hablar.

En fin. Lo mejor es no conocer a la gente. O decir diez palabras por año. O tirar haikus como los de Luisito D’Elía. No quiero conocer Estados Unidos porque es un país relativamente nuevo. Medio parafraseado de Cuello Mao quien consultado por Radio Mitle dijo cierta vez sobre la Revolución Francesa: Muy pronto para opinar.

Yo digo:

Los Kirchner:
relativamente nuevo,
muy pronto para opinar.

Y coincido con Hernán: Que antes del juicio de la historia, si es que algo así existe, se puede reclamar que te hablen bien o que no secuestren a Pablito Miceli de ATE, porque es feo secuestrar gente, porque la gente debería poder caminar tranquila y tener sus ideas.

Volveremos, volveremos otra vez, volveremos sin Lorenzo, sin Herminio ni Isabel.


————————————

Del mismo autor:
La Familia Bilial
Sans camoufler
Corto
Diario del Bafici # 3.5
Diario del Bafici # 0.75
La estela que dejó Aníbal
El Chivo Necesario
Ni con un corazón de fantasia
Meteorología
"Most of them", said the VP