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La Familia Bilial

19 08 2008 - 07:10

Buen día. Qué lindo que va a ser cuando seamos legisladores de la ciudad y juremos un diez de diciembre por dios nuestro señor, por estos santos evangelios y por el pacto de Varsovia ejercer nuestros cargos con decoro. Nos vamos a cagar de risa. Va a hacer calor en el hemiciclo y vamos a estar en bermudas y en zapatillas con zoquetes. Y vamos a filmar la jura para los South Downs. Con el trípode apoyado en la mesa de la banca vamos a registrar a las diputadas entrantes, a las secretarias salientes de los secretarios parlamentarios muertos, y aprovecharemos el módico poder y la diez lucas de renta para boludear. Franco Rinaldi, un cuadro emergente del nuevo TP, va a ser jefe de despacho, siempre que no sea diputado, ministro o canciller. En el caso que esté disponible. Hagamos que sí: Franco, decile a las chicas que el diputado quiere hacer una reunión abierta de su flamante monobloque en el Bistró Petanque de la calle Defensa. Y andá a decirle que no a Franco. Y a un almuerzo de arriba. Treinta pesos que pueden destinarse a completar los trescientos que se necesitan para la cartera vintage de Adidas y saltar de rango. De pendeja abnegada a yegua que empieza a ñoquear en las alturas justicialistas, a volar en el Pulqui de las categorías dos, tres y cuatro con los loquitos que cambian de aparatito de celular cada tres meses. Y el almuerzo es con champagne, chicas, que acelera tanto la amistad. Que les cambia tanto las facciones parlamentarias. Qué lindo pedo de mediodía nos vamos a agarrar el día que asumamos. Felices de haber llegado, al fin, y convencidos desde el minuto cero de la inviabilidad del cargo.

Ya sabemos algunas cosas. Sólo vamos a ir al Concejo Deliberante los jueves a la tarde para las sesiones. No vamos a ir a reuniones de comisión y no vamos a ir a las reuniones de ningún bloque porque vamos a partir el bloque en cuanto asumamos, absolutamente disconformes con todo lo que el bloque tenga para decir, hacer y votar. Vamos a pedir a la autoridad de la casa la oficina más grande para que nos diga que no, para que nos deba, porque nos conformamos con la más chica, esa es la verdad, con la que esté más cerca del campanario. No queremos deberle nada al presidente de la casa, al titular del cuerpo. No vamos a negociar más contratos que los que nos toquen por el protocolo. Si son cuatro, cuatro, señor presidente, si son cinco, cinco, mister danger. Y listo. Un equipo de redactores es lo que vamos a tener, no de asesores. Los vamos a cagar hablando. ¡Qué discursos vamos a hacer! Los vamos a musicalizar. Vamos a llevar un coro a las galerías para que nos hagan la segunda voz. Haremos discursos con rimas, y sin rimas, y vamos meter palabritas en english, ¡camón!, y frases en spanglish, “¿se puede ser tan asshole, señor presidente?” En diez meses vamos a ser más famosos que los Kennedy.

Vamos a elegir seis víctimas, entre todos los legisladores, para el hostigamiento perpetuo, para el arte de la injuria. Al día de hoy: Diego Kravetz, del Bauen para el país, Eduardo el nabo Epszteyn, del país para él, la chica que es novia de Kravetz pero que es macrista y Guillermo Smith, del partido de Carrió, un diputado rellenito, hermoso, criado en vasijas de roble francés durante doce meses, redondo, largo en boca, larguísimo, y afecto a la siesta legislativa. Sé que faltan dos. Queremos elegirlos bien. In situ. A Ibarra que andará por ahí con los guardaespaldas que tendrá hasta su último día lo vamos a ignorar en forma absoluta. Vamos a hacer de cuenta que nunca habló de nada en las sesiones, y que nunca existió en la ciudad. Nada, nada. Por alto. Como no fue preso, ni inhabilitado de por vida, que era lo que pedíamos, su castigo será que el monobloque más extraordinario de toda la historia del parlamentarismo lo va a ignorar. Ni para hablar mal, ni para practicar palabrotas nos va a servir. No vamos a pasarnos cuatro años hablando de lo que pasó hace cuatro años. Ni olvido ni perdón. Ni vivir de eso. Si algo refiere a su período de gobierno en la ciudad, pues recaeremos en la figura de ministros comunales, de directores, pero nunca mencionaremos a quien fue la cabeza de todos ellos. Si tenemos que hablar de Vilma Ibarra, de sus años como senadora de la ciudad, diremos siempre la imperfecta Vilma. En tiempos de la imperfecta Vilma. Por ahí. Y vamos a inventarnos un enemigo grande, con mucha guita y futuro, alguien que represente un gran desafío: Diego Santilli. ¿Hay una mínima posibilidad de ser más pelotudo, Diego? No, no. Mirá.

No hay chance. Llegaste a tu techo. Diego estará en la mira hasta que lo agarremos de los huevos y le tiremos del escroto y lo arrastremos por Rivadavia hasta la avenida general Paz. Chau Santilli, chau, no vas a ser el campeón, sabés. Ponelo en tu actualización de estado. Dentro de lo posible vamos a evitarle a la ciudad nuevas tragedias. Tal vez cumplamos alguna función.

Una columna de nuestra gestión legislativa futura será, entonces, el discurso, los discursos; otra columna será comerles los despachos a los colegas. Vamos a hacer el padrón de todos los empleados de todas las oficinas y vamos a hacernos amigos de Facebook de todos los empleados de todos los diputados pero no vamos a ser amigos de Facebook de ninguno de sus jefes. Vamos a ignorar todas las solicitudes de amistad de todos los legisladores porteños. Ignorar, ignorar, ignorar.

Dentro de la columna discursos, habrá que diferenciar los discursos pour la gallerie, de los discursos non pour la gallerie. Hablamos concretamente de los off the records. Vamos a producir los off the records más lindos de toda la historia del periodismo mundial. Nuestro equipo de redactores va a escribir, a desarrollar tramas a partir de chismes mínimos. Y les vamos a hacer pagar los cafés y los almuerzos a los periodistas. Diputado me gustaría verte, te dice el chico de ClaríndeCríticadeLaNacióndel12, tuteándote porque, bueno, te habla de igual a igual. Arreglá con Emilia, le decimos al chico. Ponele, Emilia. Que le va a decir que el diputado come en el Vasco Francés y que sólo habla si paga el periodista. Emilia, nuestra secretaria, le va a explicar los términos, como lo hace la mina que te atiende en el call center de la embajada americana para sacar la visa. Con esa claridad. En caso que acepte le vamos a contar al chico un cuentito que incluya traiciones, encames y valijas. Y le vamos a pedir que no diga que nosotros se lo dijimos. No hay mejor negocio en esta vida que un off the record. ¿Algún periodista se creyó alguna vez importante por conseguir uno? Una lástima que el activo de jornalistas sea cada vez más lamentable porque se van a perder la mitad de las historias verdaderas que les contemos.

Ah, todo eso ocurrirá después. En otoño. Porque en cuanto solucionemos los temas administrativos, contratos, computadoras, cerramos el boliche hasta marzo. Dejamos un canario, con alpiste como para dos meses, en la oficina para dar la idea de que algo pasa y lo que va a pasar es que lo único vivo además del canario será el contestador automático. Laissez votre message après la tonalité. ¡Así la tenemos, papá! En abril vamos a hacernos amigos de seis diputados: tres delincuentes y tres boludos. Con los seis amigos vamos a obtener la materia prima de los off the records con los que vamos a cagar a los seis forros y al enemigo principal, al histórico, ese enemigo con el que nuestro proyecto estético funde con un renovado deseo de salvar a la patria. Salvarla, ahora, de Diego. El colorado de los labios de churrasco, el que hace la amistad con toda la dirigencia, sin distingos de credo, raza o religión, el que hace matchmaking y fundraising. El motherfucker. A los amigos los vamos a invitar a comer fideos a nuestra mesa de Broccolino, con Rinaldi, con Puricelli. Y los vamos a juntar con nuestros amigos importantes, con Llach, con Illa. Les vamos a hablar de Sivak. Ya lo van a conocer.

Para julio del primer año queremos estar al frente de las estadísticas en pedir minutos de silencio. Al frente de las estadísticas en pedir interrupciones. Vamos a pedirle al equipo de redactores que monitoree la sesión desde el despacho, con vista al campanario, con el reglamento en la mano y nos pasen por radio buenas razones para interrumpir, siempre de una manera nueva. Vamos a interrumpir tanto que nos van a chiflar, que nos van a pedir por lo bajo que nos dejemos de joder. Siempre habrá una diputada macha, viejo exponente de Intransigencia y Movilización Peronista, que nos va a decir, con voz de aguardiente, de Parisiennes, por qué no te dejás de romper los huevos, hermanito. Después nos van a pinchar los teléfonos, nos van a perseguir a las chicas y chicos del equipo de redacción de discursos, de off the records y de interrupciones, por la calle, los van a llamar para hostigarlos, para torturarlos. Van a inventar historias. Sobre ellos, sobre el diputado del monobloque. Pero con eso no va a haber problemas. Todo va a ser verdad y nada va a ser verdad. Se pueden tomar todo el laburo del mundo, pueden meter comments en Internet durante cinco años que no nos cagan en el rubro composición. Nos matan, muchachos, o nos dejan pasar. Esa es la oferta.

Vamos a ir en subte al Concejo, eso también lo queremos decir. Tomamos el D en Plaza Italia, tipo tres de la tarde los jueves, después de almorzar, por si alguien nos quiere cruzar. Pero si hay paro de subte no vamos a ir. Hacemos un turnito de laburo en Piacere y tratamos de cagarlos a la distancia.

Dieguitos: hemos redescubierto una vieja actividad, el tiro al pichón, el vapuleo de forros con chapa de bronce. Estamos descansados, tenemos fuerza y tenemos tiempo.


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