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Brener, en situación cinco

20 08 2008 - 06:55

Hace unos días entrevistaron a Alfonsín en el diario Perfil y nos llamó la atención un pasaje

—¿Ese peronismo tiene diferencias sustanciales con el kirchnerismo?

—El kirchnerismo actúa en distintas condiciones y circunstancias para servir a una seudo revolución que no conocemos…

—¿Por qué habla de “seudo revolución”?

—Porque es una revolución que no está determinada, prefijada. ¡Entonces no hay revolución! ¡Eso no es revolución! (El Alfonsín proverbial, levanta un poco la voz, afirma con vigor).

En la redacción de tp alguien dijo:

Para mí es imposible saber exactamente qué quiso decir, pero es simpático, ¿no? La revolución sin manual.

¿Deliraba Alfonsín cuando dijo eso? ¿Es el empastillamiento? ¿Los enfermos de cáncer entran en psicodelia con la morfina?. En todo caso, lo gracioso de los delirios es que no son cualquier cosa. Bah, tampoco sé si es tanto delirio. ¿Qué es revolución para Alfonsín? Pareciera ser algo bueno, pero cuando uno dice “revolución” ya suena raro. “Revolución” como algo “bueno” hoy huele a kirchnerismo. Entonces, si supongo que no lo dijo ni como algo “bueno” ni como algo “malo”, sino sólo como algo que “es” o que “no es”, lo relaciono con algo que me quedó dando vueltas la otra semana con los primeros feedbacks de tp.

Me impactó en esos días algo en común, entre lo que decía Eugenia Mitchelstein de la Carta Magna, Pablo Semán con las leyes sociales en Suecia, e incluso Schmidt con la Revolución Francesa, todos remitiéndose al kirchnerismo. Mitchelstein, satirizando con un ejemplo la afirmación de Hernanii de que “a los gritos no se puede hacer ninguna contribución positiva”, hizo una caracterización muy graciosa:

–Barones: Hola, majestad, venimos a hacerle firmar la Magna Carta.

–King John: No, muchachos, mejor no. Siempre hicimos las cosas así, estamos bien así.

–Barones: Bueno, piénselo, eh. Nosotros creemos que restarle poder va a ser beneficioso para el reino, lo va a ayudar a tomar mejores decisiones.

–King John: Sí, lo pienso and I’ll get back to you.

Y más tarde Schmidt parafraseando Mao, que había dicho sobre la Revolución Francesa: “muy pronto para opinar”, agregó: Los Kirchner, relativamente nuevo, muy pronto para opinar.

Yo me quedé pensando que estos tipos (los K) lograron “posicionarse en la mente del consumidor” como encarnando un momento histórico importantísimo, un “momento bisagra” o qué se yo qué. Algo que va a “cambiar a la Argentina de manera estructural”, definitivamente. Una cosa así sostenía Moreno ante el congreso con cara de cemento (en aquellos días del “conflicto del campo”). Que es la primera vez que se logra un cambio estructural en la economía argentina, uno en que la balanza de pagos por las fuertes exportaciones no afecta a la economía doméstica, cosas por el estilo. Entonces, desde ese punto de vista, nadie puede quejarse de que se organicen actos que parecen payasadas, que se grite, que se hable de “oligarquía” y se caracterice a los oligarcas de manera grotesca, porque total los tipos están produciendo un cambio histórico de una magnitud tal que todas estas cosas son insignificantes en comparación.

¿Están produciendo un cambio histórico de tal magnitud? ¿Comparable con la Revolución Francesa? ¿Con la Carta Magna?

Entonces el sentido que le encuentro a lo que dijo Alfonsín no va por el lado del manual, sino de apreciación de la realidad. No de saber “qué tengo que hacer” sino de “qué aspecto de la realidad quiero modificar”. Ahí podría encajar lo de estar “determinada” o “prefijada”. La “supuesta revolución” a la que se refiere sería una puesta en escena con toda la liturgia de una revolución, con toda la iconografía de una revolución, pero una que no tiene sustento en una interpretación de la realidad que permita realizar un cambio “revolucionario”, porque para los “ejecutores de la revolución” las categorías que hay en la realidad son “terratenientes”, “oligarcas”, “pueblo”, “mesa de los argentinos”, “traidores” y otras cosas así. Y para llevar a cabo una “verdadera revolución”, en primer lugar tendrían que poder armar un cuadro de la realidad con figuritas que uno crea que representan algo. O mejor dicho, que las figuritas muestren algo de la complejidad con la que uno se enfrenta. Qué se yo, como si donde hay por lo menos un Tríptico de las Delicias, los tipos pudieran ver solamente a Juanito Laguna, o menos que eso.

Pero esto es bastante abstracto, también. Mejor buscar un ejemplo.

Hay un reporte en Página 12 de la última reunión del Espacio Carta Abierta, que es un emule de ejemplos de abstracciones incomprensibles: no sabés qué agarrar primero, y si te ponés con todo terminás amontonando dvds de abstracciones sin subtítulos en las que nunca te ponés a pensar. Así que me propuse elegir una abstracción cualquiera (o un par) de las que mencionan, ver qué atributos le ponen y qué entiendo al final.

La reina de las abstracciones cartabiertistas es “clima destituyente”. ¿Qué dice este nuevo reporte del clima destituyente? Que “se profundizó con nuevos mecanismos”. Ya el concepto de ese clima es difícil de comprender, a menos que se tome como un guiño: “vos sabés de qué estamos hablando”. Pero ahora apareció otro sobreentendido. No se aclara cuáles son esos nuevos mecanismos, pero todo parece estar relacionado con “la derecha”, porque se menciona una “estrategia destituyente” por parte de la derecha. La derecha, además, dicen los chicos de carta abierta, hace uso del “lenguaje de izquierda” cuando habla de no pagar la deuda de Aerolíneas. Habría que llamar a la RIAA para que le cobre royalties a la derecha por el uso de lenguaje de la izquierda. Si no fuera porque la RIAA es una institución de “la derecha”.

Los economistas que abrieron el plenario de la última reunión, cuestionaron a las calificadoras del riesgo país. Dicen: ”si se quiere condicionar la política interna y ya no se tiene al FMI, la derecha recurre a otras instituciones desarrolladas en la década del ‘90, como estas calificadoras de riesgo” . Yo no conozco nada del funcionamiento de las calificadoras que miden el riesgo país, pero supongo que son empresas que venden información para saber si conviene hacer un negocio o no. Una versión macro de, digamos, el Veraz. O sin ir más lejos (porque no faltará quien diga que “el Veraz pertenece a la derecha”), el Banco Central de la República Argentina. El Banco Central es una calificadora de riesgo de las personas físicas o jurídicas, que permite que cualquiera que accede a su página web se entere de la situación financiera de cualquier otra persona o empresa que esté dentro del país. Sirve sobre todo para que los que prestan plata puedan intuir si el tipo al que le prestan va a poder devolverla (aunque muchas empresas aprovechan esta información para ver si les conviene o no hacer un negocio con alguien). La operatoria es simple: ingresás cuit o cuil y el BCRA te dice por ejemplo “Fulano de tal, situación 5”. Situación 5 en la jerga del Banco Central significa que estás hasta las manos con tus deudas, que hace muchos meses que no pagás dentro del circuito financiero. Por ejemplo que libraste cheques sin fondos, o que no pagaste la tarjeta de crédito, o la hipoteca. Y que desde hace tiempo no conseguís (o no te interesa conseguir) una forma de pagar. Si alguien me dice que este es un “pensamiento de derecha”, le diría que averigüe con qué herramientas otorga sus créditos el banco Credicoop.

Algunos llaman a esto transparencia de la información, o si no “ventaja que nos brindan los avances tecnológicos”.

En todas las financieras del estilo “Plata ahora” o “Efectivo Instantáneo” o “Llevate plata right now”, caen todos los días un 95 % de personas en situación 5, que tratan de venderles a los que atienden el mostrador que son personas solventes y que por eso solicitan un crédito de dos mil pesos. Se frustran cuando, con mayor o menor sutileza les responden “tomátelas de acá, situacioncinco”. Resulta simpático imaginárselos congregados alrededor de un líder que les diga “los muy taimados recurren al Banco Central para no darnos el crédito. Quieren condicionar nuestras políticas internas. Quieren someternos a un ajuste” Pero los tipos esos que van a sacar el crédito de dos mil pesos no comen vidrio, o bien no tienen tiempo que perder: intentan por otro lado o se joden, pero no pasan mucho tiempo quejándose. Intuyen que su problema no es el Banco Central, ni el Veraz, aunque puedan achacarles la culpa durante un momento de bronca.

Ese cuadro de situación (el de los actores en torno a los créditos de dos mil pesos) puede sumar muchos matices de complejidad: hay quienes se arriesgan a prestarles plata a los situación 5 (cobrándoles un fangote). Hay quienes pagan y quedan igual en situación 5 y entonces tienen que armar un escándalo para que les saquen la calificación que pasó a ser injusta. Los que prestan averiguan para qué quieren la plata los que piden prestado, porque no es lo mismo que quieras plata para arreglar tu casa o que la pidas para pagar deudas, dicen. Y muchísimas cosas más.

Y sobre todo: si el BCRA o el Veraz se equivocan en sus calificaciones, todos los prestamistas dejan de llevarles el apunte.

Supongo que un cuadro de situación donde el escenario abarca la economía de países enteros será mucho más complejo. Sin embargo, el que pintan los economistas de Carta Abierta se parece al de la mesa de arena del Dr. Strangelove. Hay un “Satánico Señor Derecha” que mueve muñequitos en torno a un castillito donde se refugia, temeroso, “El Pueblo”. Afuera del Castillo están los otros muñequitos que son la oligarquía, que quieren ocupar el castillo para quedarse con sus fabulosos tesoros y le piden entonces ayuda al Sr. Derecha. El Sr. Derecha, con una mano lleva agitando al soldadito FMI que va y viene del Castillo llevándose sus riquezas con el consentimiento de la oligarquía (que se queda con una parte) y sometiendo al Castillo a penurias cada vez más grandes, pero del otro lado se dispara un cañoncito (que el propio Sr. Derecha le hizo disparar a otro muñequito de El Pueblo) y entonces el soldadito FMI cae gritando “Aaaargghh”. Pero entonces el Sr. Derecha agarra con su otra mano (la izquierda, para confundir) al soldadito Calificador de Riesgo, que tira algunos piedrazos y entonces tenemos un castillo sitiado por el clima destituyente que va creando el Sr. Derecha, que es super ocurrente y siempre encuentra algo para mantener sometido al Pueblo del Castillo.

Mi nene, que tiene seis años, arma todos los días unos juegos parecidos en el piso de su habitación. Se pone a berrear cuando le hacemos desarmar todo para ir a dormir, y de vez en cuando le concedemos que lo deje de un día para el otro.

Cuando se levanta y ve eso ahí, se aburre y se pone a armar otra cosa.


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Del mismo autor:
Correspondencia Escolar (02)
Pagliaccio
Big Band Revival
Las dos caras de la enfermera
Rewind
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Del orden de las verduras
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