Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Raffo, en Egipto

25 08 2008 - 11:04

“All the lonely people…
At least we know where
they come from: Surrey.”

Nick Hornby, How to be Good

—No, es que yo vivo lejos— dice el nene.

—Adónde?

—In Egypt.

Mierrrda. No va a dar para ir caminando.

Y sin embargo terminamos desayunando en Egypt, que queda mucho más cerca de lo que uno piensa y no se llama exactamente así. Es Esher, acá nomás, pasando Hinchley Wood y del otro lado del bosque. Mendigamos cajas para la mudanza en el supermercado local y cuando nos sentamos a tomar algo me acordé de que me tocaba daily hoy, así que acá estamos, a cincuenta metros de Kinfauns, y a cuarenta años del Album Blanco, que se cocinó ahí en el 4-track Ampex de George Harrison. Kinfauns no existe más. Ahora hay una casa gigante de aspecto victoriano (como todas), en medio de un jardín que cualquiera podría confundir con el que aparece en la tapa de All Things Must Pass. Ayuda a la confusión el hecho de que fans nostálgicos y ansiosos por retener el espíritu Beatle en Elmbridge señalan en internet el sitio actual como “George’s home 1965-70”. Pero no. La mansión tiene de victoriano sólo los ladrillitos y la proporción de las ventanas; fue construída sobre las ruinas de Kinfauns, a mediados de los ’70. Y el jardín de la tapa del disco con enanitos es en realidad el de Friar Park, bastante más al norte.

De Kinfauns, Harrison dijo: “Fue la primera casa que ví, y pensé que estaba bien.” Algo de razón tenía, si a esa casa le debemos el Album Blanco, pero no duró mucho ahí, porque como bien dice Hornby, el que se queda en Surrey pierde.

Hace dos años aterrizamos en Surrey de casualidad, porque nos gustó la casa y nos gustó la escuela, y porque los veinte kilómetros que nos separan del centro de Londres se zanjan en apenas 15 minutos gracias a que el Southern-Trains-service a Waterloo se transforma en tren bala a partir de Surbiton. Cruzando la calle está el río y cruzando el río están los ciervos, Hampton Court, lagunas con patos, cisnes y coots, unas gallinetas chillonas con patas mutantes. Y cruzando Hampton Court está el río otra vez, y más arriba Richmond Park, con más pájaros y plantas. La ecuación tiempo de viaje + escuela + supermercados + parques + cines – tráfico x precio de alquiler daba bien, pero lo que nadie te dice es que esos factores genéricos los maneja todo el mundo, y por lo tanto se convierten en lugares comunes que al final no quieren decir nada. Deberíamos haber hecho el cálculo de las disquerías de usado, que nunca falla. Pero ya no se puede, claro, porque no hay más disquerías.

Después de años saltando entre hemisferios y lados del Atlántico, para mí es todo lo mismo acá, no veo diferencia en cincuenta cuadras a la redonda, pero empecé a sospechar cuando noté que la reacción de la gente cambiaba de acuerdo al punto específico que elegía yo al revelarles mi domicilio, en el límite de tres barrios distintos. Kingston = OK. Kingston es grande, puede querer decir cualquier cosa, pero te compadezco un poco. Surbiton = Ooooh. So suburban… Thames Ditton = Yuck! Really?

Un amigo que vive en Oxford y es apenas más generoso que la media en sus comentarios, me dijo:

—Leafy, pleasant and convenient for London it certainly is, but also bourgeois in the extreme!

Y yo dije qué me importa, si no veo a nadie en todo el día. Con tener una buena panadería cerca y poder darle de comer a los ciervos y a los patos soy feliz. Bourgeois, boludo, quién sos, ¿D’elía? Y Oxford es Silverlake, ¿no? Pero dejáte de joder.

Una madre de la escuela local (también, apenas más generosa que la media) me dijo, en cuanto llegamos:

—¿Buenos Aires, Los Angeles, Madrid? ¿Realmente pensás que vas a sobrevivir acá, en Long Ditton?

Long Ditton tiene cuatro cuadras. Sí, yo pensaba que sí. Cuatro cuadras no son un lugar, no tienen ninguna entidad, son cuatro cuadras. Las caminás, te subís al tren y te vas al Barbican. ¿Qué problema hay?

El primer problema es que esta gente no va al Barbican. Quiero decir: no se aventuran más allá de las cuatro cuadras, se quedan en el pueblito como si el pueblito estuviera en el medio del campo. No le prohíben a uno que lo haga, claro, pero después de un tiempo es evidente que el shock cultural que produce esa diferencia entre vos y ellos es muy superior al que ya traías de antes, con la infancia argentina y el acento porteño. Y tenés que llevar a tu hija al colegio, y al playground, y escuchar las conversaciones de las madres sobre la renovación de su casa y la mejor manera de cocinar un ganso. Nada nuevo ahí: desperate housewives, gated community sin la gate, lo mismo te pasa si te vas a vivir a un country. Parecería que tampoco es tan grave si uno tiene un poco de paciencia y la tranquilidad de saber que la vida es otra cosa. Pero me estoy equivocando al describir el típico malestar de suburbia en el primer mundo, porque el cordón suburbano londinense es otra cosa. No tiene nada que ver con Orange County, ni con San isidro. Si querés, se parece más a lo que habría pasado con Bella Vista o San Miguel si Argentina no hubiera chocado con el meteorito que signó sus últimos treinta años.

“Cuando era joven juré que nunca iba a vivir en un lugar así”, me dice otra madre que creció en Kent, en el campo, estudió en Bath y después se internó diez años en la selva, en Tailandia, mientras hacía su doctorado en botánica. “Pero ahora que estoy acá veo las ventajas, no me parece tan grave.”

Mentira. Vos sabés que sería más feliz en Tailandia y ella también lo sabe, pero nadie dice nada porque así son las cosas acá, así que terminás hablando de las diferencias entre Kingston y Long Ditton, algo así como pelotear la vida entera entre Villa Devoto y Villa del Parque. La fuerte identidad cultural de cada uno de los microbarriecitos es inexistente, por supuesto, pero cuanto más se atomiza ese sense of community más te permite la ilusión de haber elegido. “Ah, no, cómo vas a vivir en X (cinco cuadras) si Y (seis cuadras) es tanto más cómodo, o interesante. Bueno, “interesante” tampoco dicen, porque en el fondo saben todo esto. Dicen “pleasant”, o alguno de esos eufemismos que advierten: no nombres Tailandia porque el esquema se te va a la mierda.

Y ese mundo agradable que describen no es el infierno que uno podría suponer, tampoco. Es cierto que es cómodo. Hay árboles. A la noche, zorros y erizos visitan tu jardín. Las clases sociales son siempre tres, con invariable representación en cada uno de los barrios, las tres claramente delimitadas por manzana, las tres coexistiendo en una armonía cuya estabilidad cuesta poner en duda incluso si uno cree que es insostenible.

El próximo lunes me mudo, bien lejos de Surrey, y no podría estar más contento.

La semana que viene explico por qué.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer