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Pasternak, en Rosario

18 09 2008 - 14:19

Encontré TP hace pocos días, a partir de una lectura rutinaria y silenciosa de blogs de gente que desprecio (el pedido que hace un lector, “no me detestes”, es preciso: uno lee también para detestar, para sentirse a gusto con lo que uno no es o no quiere ser). A partir del ejercicio de la indignación y la curiosidad aterricé, no sé cómo, en la primera parte del borrador sobre el fin del periodismo de Esteban Schmidt. Es emocionante descubrir a aquellos que saben que del otro lado hay un lector, y que alimentan esa sensibilidad con sus propias experiencias como lectores. Pasé muchas horas sin dormir recorriéndolo y leyendo, mirando, oyendo, envidiando, coincidiendo y disintiendo, admirando y criticando, no pudiendo ser indiferente a su contenido.

Ahora querría que subieran rápido la octava parte del borrador, querría que alguien les pagara por seguir haciendo TP, y también querría que Raffo no hubiese utilizado el ejemplo de la alfabetización en su afrenta contra los que usan las palabras como utensilios, en su texto contra la pretensión de la perocracia de usar las víctimas como manto de santidad del poder, a priori, porque a uno de pronto le conviene más que sea así, porque los muertos eran tus amigos, o los amigos de tus amigos, o los amigos de tus jefes, o los jefes de tus amigos, y eso los hace buenos, lo que convierte cualquier análisis de la realidad en un chiquero, un circo romano. Por eso digo querría, porque me gustó la nota, porque es estimulante leer a gente que no evade la obligación ética y estética de poner también en juego la verdad de las víctimas, o al menos cuestionar la verdad maniquea de los bandos, más allá que siempre sea más popular por estos lados que vuelva el cadáver de un campesino boliviano a pedirte que dispares contra un lobista norteamericano, y no a la inversa.

Y digo “querría” porque el concepto de “lesa humanidad”, en su esencia, puede habilitar a un significado que no incluya la participación del Estado, ya que eso dicen las enciclopedias y también la jurisprudencia internacional, y nadie tiene la obligación de partir de la jurisprudencia argentina para analizar un conflicto en Bolivia. Digo querría, entonces, porque ahora alguna gente se podrá sentir feliz de cuestionar el planteo de Raffo basándose en tecnicismos como los que acabo de mencionar y, peor aún, van a reducir sus palabras a un ejercicio snob por el hecho de afirmar que el otro debe ser alfabetizado, aleccionado, por el hecho de decir que el otro tiene un problema: que no se da cuenta, que debe ser iluminado. El exceso de confianza en la razón convierte a Raffo en Voltaire (“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, y bla). Y ser Voltaire puede ser bueno para entrenar robots, y para suscribir a las teorías de Habermas en un seminario de Filosofía de la Comunicación, pero muy poco útil para convencer a Fátima, la célebre abuela talibana, de que inmolarse en un colectivo hace del mundo un lugar menos habitable, y que en algún lugar debe haber un geriátrico musulmán a su medida para que disfrute del tiempo que le queda.

A Bernades, según se lee, a diferencia de Fátima, no le interesaba tener razón, porque no estaba dispuesto a afrontar las consecuencias de tener razón. Lo que violenta del peronismo triunfante es que sus promotores están muy interesados en tener razón, y en imponer su razón, pero sin estar dispuestos a afrontar nada: tienen razón porque su razón es la de las víctimas, dicen, porque otros ya murieron para salvar del pecado a este gobierno. ¿Quién puede contra Jesús? ¿A mí qué me vas a decir represor, si yo soy amigo de las Madres de Plaza de Mayo y ellas aparecen en todos mis actos en primera fila?

Fragmento final de una entrevista a Fogwill publicada por ADNcultura, el 15 de marzo de 2008:

–¿Cuando dejaste de ser peronista?
–Nunca fui peronista. No, perdón, me hice peronista el 30 de octubre de 1983, el día que ganó Alfonsín, ante la explosión de racismo antinegro que llenó la Avenida 9 de Julio con los radicales.
–¿Creés que el peronismo terminó derramándose sobre todas las prácticas políticas?
–Lo malo del peronismo está cada vez más fresco en el kirchnerismo. Mi papá y mis amigos de la FUBA no eran gorilas por la distribución de la riqueza ni por el antimilitarismo. Eran gorilas por el efecto antiestético que produce gente que te violenta en nombre de un discurso en el que no cree. Y eso es el peronismo.

Digo “querría” porque el desliz iluminista del final de Raffo parece reducir un texto escrito con las vísceras a un acto de beneficencia, y lo puede convertir en una inversión de la operación discursiva que ataca. Y lo que me molesta de esto es que ahora un montón de pelotudos se puedan abocar a desplazar el planteo de fondo a un antagonismo entre las mayorías silenciosas y las minorías iluminadas. Y a mí me aterra, también, la posibilidad que prefigura el texto de Raffo: que disentir, en “un país peronista”, con aquellos que dirigen los destinos subidos a una montaña de víctimas (“los muertos son nuestros”, “los pobres son nuestros”), pueda ser considerado un crimen de lesa humanidad. Paredón, paredón.

Hace años, en Entre Ríos, cuando el periodista Tirso Fiorotto acusó al gobernador Jorge Busti de autócrata y manipulador, y lo acusó —entre otras cosas— de ubicarse al frente de la fila de víctimas que había producido su propio gobierno, el mandatario salió a acusarlo de “burgués mediático”. Sic, sí, sic. La columna que envió a los medios el entonces director de Información Pública de la provincia, firmada por el gobernador, consideraba despreciable la formación universitaria del periodista. Y lo atacaba por eso. Tal vez sería más preciso decir: consideraba despreciable la formación. Punto. Alpargatas. Los burgueses mediáticos, decía el texto, “no tienen pertenencia a su pueblo, no lo conocen, jamás sufrieron, ni sufrirán las penurias de los que menos tienen, por que ellos nacieron a la intelectualidad desde la soberbia áulica que les proporcionó permanentemente una educación basada en una colonización pedagógica que nunca advirtieron”. Casi al final del texto, una verdad revelada por el oráculo oficial: “Muchas veces en mi vida de militante político me quisieron matar con mentiras o causas fabricadas que el pueblo nunca creyó. A esos homicidas, les recuerdo hoy, que esta victima aun respira”.

Las víctimas que ya no respiran, en cambio, no han dicho nada por ahora. Cosa que parece muy prudente. Me gustó la nota, y por eso querría que Raffo no intente convencer a nadie, ni en público ni en privado, porque eso sí suena un poco canchero. Querría que se limite a preguntar a aquellos que pretenden tener razón si al menos están convencidos de lo que dicen, si están dispuestos a afrontar las consecuencias de tener razón. Querría que eso fuese suficiente para disentir y convivir en paz. Aunque pensándolo bien, o pensándolo mal hasta el extremo, esto también es un poco ingenuo. ¿Y si el otro es Fátima, qué hago yo con mis buenas intenciones? A mí no me interesa tener razón a cualquier precio. “No se puede tener conciencia y corazón”, dice una canción del último podcast de TP, que habla del amor. Y uno quisiera, pero ah, las pasiones. No se puede morir en la coherencia.


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