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El obsesivo de Brener

19 09 2008 - 12:02

Acá el cielo no se enteró del plan de salvataje, y sigue nublado.

Hay por lo menos dos ventajas de entrar en crisis global. Una es que se suspende toda angustia ecológica y, por un rato, a nadie le preocupa si las fuentes de energía van a agotarse dentro de muy poco o no, o si desaparecerá la atmósfera, o si el mundo tendrá un solo océano con algunos islotes desérticos. El petróleo baja y vamos a quemar todo el que sea necesario para poner todo en marcha, otra vez. Si el nene tiene convulsiones, te gastás lo que tengas en el taxi para llegar al hospital. Después vemos cómo nos recuperamos.

La otra es que te convertís en espectador de los acontecimientos con un poco de justificación. ¿Qué vas a ponerte a hacer ahora, si el mundo se está derrumbando? Sentate en el living, preparate un cafecito con melbas y mirá el noticiero non-stop. Como hace justo siete años, cuando tantos compatriotas se reían socarrones y decían “mirá lo que les pasa a ellos por una vez. No es que que me ponga contento pero el que siembra tormentas cosecha tempestades” y resultó que después, en un par de meses, bueno, en fin. Ya en ese momento hacía varios años que uno venía encontrando rastros de encono antrigringo en personas insospechadas, y esos sentimientos siguieron creciendo hasta hoy en tantísima gente.

BUSH, ENTREGÁ AL PROFUGO DE ANTONINI WILSON

dicen unos afiches de JP Evita. Que puesto así suena tenebroso, de pelea de camorras. Como que si me encolumno con tu reclamo entonces tengo tu protección (y estoy dispuesto a que me hagan boleta porque así son las reglas de la mafia) y si no me encolumno me atengo a las consecuencias. Pero nada es tan terrible porque nadie hace boleta a nadie. Es como si jugáramos a la escaramuza. Como Bush no lee esos carteles, nos están diciendo a los que sí los leemos que tenemos que pensar esto, que esto es lo correcto. Bush, entregalo. Todos podríamos ir caminando por la calle y repitiendo como un mantra entregalo bush entregalo en voz más o menos alta, y que el resultado fuera una obra musical contemporánea, mezcla de John Cage y Juan Carlos Baglietto, que nunca componía y la vez que compuso una obra, la letra repetía desde el principio hasta el final “la censura no existe mi amor la censura no existe no la censura no” y así. Una puesta teatral callejera, de época, en la que unos jóvenes soñadores sueñan el sueño de la Juventud Maravillosa y reviven la historia como farsa. Ningún problema con eso.

Ahora la gráfica, uf. Porque hay una mezcla de rojo, blanco y azul con estrellas que es feo feo. Sólo recuerdo una cosa parecida, y son los antiguos locales del BsAs Pantry, una mezcla de minimarkets y vinerías à la menemismo, que en la primavera de nuestro descontento te encandilaban en avenida Santa Fe cerca del centro, o en avenida Pueyrredón cerca del once, con los mismos resplandores de free shop en una y en otra. Aquellos también vendían americanismo con la misma simbología grotesca. Sería gracioso si el antiguo dueño del Bs As Pantry fuera el mismo que hoy conduce la JP Evita, y ya me estoy anotando en la agenda preguntarle esto a Schmidt, que me va a contestar con precisión si sí o si no, y en todo caso los vínculos entre uno y otro.

El americanismo de la JP Evita y el de Bs As Pantry tienen algo en común. Creo que fue en el año 81 que escuché por primera vez Los Americanos de Piero, y me llamó la atención que eso se considerara música de protesta.

[Aclaración para las nuevas generaciones: hasta hace aproximadamente 25 años y desde antes de que yo fuera chiquito, pero no sé cuánto antes, había canciones que se llamaban de protesta y tenían esa identificación para saber que cantarlas o escucharlas eran actos punibles. La música en ese entonces se escuchaba sólo en discos o cassettes, y se supone que la posesión de estos discos o cassettes también era punible. Esto era un fenómeno latinoamericano, y en efecto recuerdo una noche de verano en 1978 en el parquecito del fondo de la casa de mi tío Nacho en Montevideo, cuando de repente se empezó a escuchar una música indistinguible que venía del otro lado de la medianera y la tía Magela se sonreía pícara porque ella identificaba esa música y nos decía no pasa nada, pero a partir de ahí todos conversaron más alto para no convertirse en cómplices.]

Ya hace rato que no se los llama americanos, y quizá en esto hayan tenido éxito tantos años de campaña evangelizadora de los artesanos que fabrican velas perfumadas, lámparas de papel y portasahumerios con motivos indigenistas, que desde hace tanto tiempo y con el Galeano en la mano repiten que “¿por qué se van a llamar ellos americanos, como si nosotros no fuéramos americanos también?”. Pero yo me acuerdo de muchas conversaciones en que a los yanquis se les decía así. Papá, que era contador especializado en comercio exterior les decía a los fabricantes de zapatos que soñaban conquistar el Gran Mercado: “Al americano no le interesan los problemas que tengas. Sólo le interesa si la mercadería está o no está”, y los fabricantes siempre se encontraban con que les habían subido el precio del cuero, o les habían bajado el dólar, o les habían aumentado los impuestos, y reclamaban comprensión. Había una idea de que “el americano” era de una determinada manera, que respondía a un estereotipo. Y los estereotipos no tenían tan mala prensa como ahora. Permitían establecer una relación con el mundo. Ellos son así. Nosotros somos así. Nadie te iba a venir a correr con “¿ellos quiénes?” o “¿nosotros quiénes?” o “en todo caso los que vos conocés”, y tal vez la misión de la JP Evita (y también en su momento la de BsAs Pantry, por qué no) sea la de restituir a la sociedad los estereotipos como paraísos perdidos.

Ahora ¿por qué “al prófugo DE Antonini Wilson” en lugar de “al prófugo Antonini Wilson” a secas?

Ese uso del “de” no sé si estará aceptado por la Real Academia, pero es reconocible en tantas conversaciones familiares o más bien coloquiales de comedias viejas como las de Darío Vittori, o tiras cómicas como las de Dante Quinterno, en las que el Coronel Cañones decía “el botarate de mi sobrino” para referirse a Isidoro. [Nuevas generaciones: googleen estos nombres propios para enterarse de qué estoy hablando.] Se usa el de para enfatizar la condición del adjetivo aplicado, o más bien para hacerlo inmutable. Algo de prejuicio o de posición tomada, pero también algo de eternización del apelativo: ya decidí que sos esto y jamás dejarás de serlo para mí. En ese sentido, si la campaña jotapevitista parece manifestar el deseo de que Antonini vuelva, por otro lado su discurso lo eterniza en su condición de prófugo, como si en nuestro mantra repitiéramos en realidad no vuelve no vuelve, es prófugo y no vuelve y necesitáramos hacernos a la idea de algo que ya sabíamos de entrada (y quién sabe, también, expresar un deseo íntimo de que siga siendo prófugo por siempre). Pero entonces ¿para qué los afiches? ¿y por qué en este momento, cuando el reflotar de este tema ya lleva varias semanas?

El empapelado con estos afiches de JP Evita apareció en medio del derrumbe de los mercados, y me parece que el mensaje termina siendo ahora te tenemos entre las cuerdas, Bush, estás rodeado, o más bien “¿viste lo que te pasa por jodernos?” o directamente ja ja ustedes se hunden y nosotros no.

Un retorno a el que siembra tormentas cosecha tempestades, al mismo tiempo que la presidente se derrite de placer diciendo El primer mundo se derrumba como una burbuja, y huele a euforia el lapsus, porque las burbujas no se derrumban. Caen, como cuando escupís para arriba.


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