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24 10 2004 - 04:34

Buen día.

Tal vez, para variar, deberíamos abandonar el tono de eterna impugnación y aceptar que el universo, o al menos la limitadísima porción del universo que tiene que ver con el devenir de la política en Argentina, sería probablemente peor sin la existencia de Página/12. Aunque lo inverso, por supuesto, también es cierto — hoy, sin ir más lejos, tenemos otra contratapa de LGF, ignominiosa como de costumbre y tentadora en cuanto ofrece una buena oportunidad para enrostrarle a Feinmann su propia corrupción, pero nah, dejá, no vale la pena. Es fácil señalar con el dedito las múltiples deficiencias de la intellligentsia mogólica que definiría, aparentemente, lo “editorial” en Página/12. Más persistencia, y cierta humildad, hace falta para reconocer que tipos como Wainfeld o Nudler (o incluso Verbitsky en un buen día, y hoy es un buen día para él en términos de su producción) son los únicos que pueden procesar lo que pasa o deja de pasar con algo parecido a lo que podría (evito “debería”) ser el periodismo.

Discrepo con lo escrito por Semán días atrás acerca del periodismo. Decía él que se trata de “uno de los enemigos de la expansión del pensamiento crítico”, bajo el influjo del trauma que habrá significado su pasaje por el mundo infinitamente sórdido de la prensa escrita. Y tiene razón en los hechos, pero con el mismo criterio deberíamos desterrar áreas tan diversas como el cine y la industria alimenticia. El grueso de la producción in any given sector, con escasas excepciones (la música anda bien, últimamente), es un desastre; eso no quiere decir que podamos vivir sin ellos. Y por eso saludamos con alivio el análisis dominical de Wainfeld: confirma lo que ya sabemos, nuestras peores intuiciones respecto de Nación vs. Provincia y nuestras mejores intuiciones respecto de Wainfeld himself. Wainfeld tiene que escribir para nosotros. Es tarea expiatoria de Semán convencerlo de que lo haga.

Y hasta ahí llega nuestra generosidad matutina. Todo lo demás es aberrante, incluso la verdad (obvia, ineluctable) volviéndose chisme banal en el trayecto que separa el verbo de Carrió y su versión escrita en el peor diario del mundo (aunque las declaraciones eran banales de antes, porque el tono de Carrió y su contexto deslegitiman cualquier cosa que salga de ahí).

Los treinta y siete años que pasaron desde la muerte del Che son los mismos treinta y siete años que tiene uno; hace treinta y siete años, la relación que había entonces entre la cobertura en el Guardian (sorry, no link) y la de la prensa argentina era la misma que hay hoy entre una y otra. No es cierto que no haya pasado nada en el medio: el White Album, Vineland, la Internet, qué se yo — miles de indicadores sugieren que las cosas están mejor. Y otros tantos sugieren que cuanto más localizado, más específicamente argentino (o africano, o ruso) el radio de acción, más desolador el panorama. Fuck local. Let’s plunge into the global void and be rewarded by uncertainty as lifestyle. There is such a thing as good uncertainty. Por ejemplo, ahora, en vez de leer Clarín, vayan acá.


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