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Arenero: Corrección Política (I)

9 10 2008 - 15:48


hernanii

Hay mucha gente nostálgica de la era pre-corrección política, cuando se podía decir “negro” y “puto” en voz alta y no ser acusado de racista o misógino. En mayo estuve en Madrid y escuché cómo uno de mis amigos de allá, un tipo muy gracioso, contaba una anécdota suya a las seis de la mañana de un domingo en el Metro, completamente borracho, en la que tenía un cruce de opiniones con un vagabundo marroquí. “El puto negro”, decía mi amigo, riéndose, y haciéndonos reír. “El puto negro de los cojones”. En fin, para no hacerlo tan largo, lo que quería preguntar era qué es mejor para una sociedad: si condenar el uso de “puto” y “negro” o si permitirlo porque, en el fondo, es sólo un chiste y ninguno de nosotros es racista ni homófobo. ¿Se entiende lo que digo? ¿Qué es mejor: una sociedad donde la gente cuida sus palabras para no herir a los que tiene al lado o una sociedad que se permite el sentido del humor de decir cosas a veces medio brutales porque sabe que en el fondo tiene ese problema solucionado? Es lindo tratar bien a la gente, pero a veces parece como si fuera algo inseguro, la sensación de que si digo “puto negro” se va todo a la mierda, como que hay un temita que no tenemos del todo solucionado. En cambio, una sociedad donde alguien le grita “puto” a otro y nadie se ofende —porque el aludido cree que hay que ser muy boludo para decir “puto” en serio, o porque sabe que no lo dice en serio, que hay algo de ironía en la acusación—, ¿es una sociedad más fuerte, más segura de sí misma? Les pregunto a los que tienen hijos: ¿cómo es mejor educarlos: diciéndoles que no hay que decir cosas feas de sus amiguitos o diciéndoles que en el mundo la gente dice cosas feas y que cuando te gritan algo o se burlan de ellos tienen que bancarselá? ¿Qué método cría pibes mejores: el que produce flaquitos y minitas que nunca en su vida van a ser cruel con otro o el que produce especímenes más urbanos y cancheros, que aprenden de chiquitos a no calentarse pero también se acostumbran a la crueldad? Díganme ustedes, yo no sé bien.


raffo

Bueno, la pregunta esa sobre la educación de los niños es casi imposible de contestar, por lo menos en esos términos, porque (como la vida entera) la educación es caso por caso, no creo que pueda haber reglas tan estrictas. Hay mil variables, mil motivos para cada instancia de conflicto, y si uno las encara siguiendo un menú está cantado que le va a salir mal. Ni crueles ni ángeles: personas, con todo lo que eso implica. Pero el ejemplo es bueno igual, porque hablando de este tema me parece fundamental esa distinción entre niños y gente grande: en contextos “adultos” la corrección política es una tontería, no tiene ningún sentido, y tal vez por eso tenga tan mala prensa en algunos círculos “adultos” (que están, curiosamente, compuestos más que nada por gente más joven que uno, gente que no tiene hijos ni niños a cargo). Digamos que si vas a un club a ver stand-up comedy, o a cenar con amigos y a ver una película, no puede haber lugar ahí para la corrección política. En los contextos adultos, justamente, vale todo, esa es la gracia, por eso te piden los documentos a la entrada, como método para establecer que tenés edad suficiente como para entender todo el espectro de significados que puede tener cualquiera de los términos que la corrección política condena.


brener

Yo creo en el egoísmo. Y esto tiene que ver con criar a los chicos para una determinada sociedad o con criar a los chicos para ellos mismos (claro que con la conciencia de vivir en una sociedad y que lo único que nos enriquece es el intercambio y etc etc). Me imagino (y los veo) a los progres que identifico como caricaturescos y recalcitrantes, de la vieja guardia, educando a sus hijos ‘para una sociedad mejor’, ‘para hacer El Bien’ y después veo a esos mismos pibes haciéndoles zancadillas a sus compañeritos para que se caigan y reírse o pegando y a estos padres progres reaccionando con un ‘y bueh, así son los chicos’ y hay algo que me parece raro, pero no sé al final cuáles pibes terminarán siendo más felices, o cuáles harán finalmente un lugarcito un poco mejor para vivir. Tiendo a ver a los padres que crian a sus hijos ‘en el altruismo’ como contradictorios en última instancia, cuando tienen que recurrir al ‘así son los chicos’.

Uno no tiene método para criar nenes. Cuando uno intenta algo parecido a un método prescriptivo (ante tal situación, tal solución) empieza a encontrarse con las excepciones y las contradicciones. ‘Vos no tenés que pegar’ le decís al nene, y al poco tiempo tenés la sensación de que estás criando un pobrecito que se va a ligar todos los bifes del mundo sin poder defenderse. Te enterás de que otro padre más derechoso no sólo le enseña a su hijo a defenderse, sino que le hace de sparring y lo pone a entrenar diciéndole “vamos, ahora yo soy tu compañero Martín y te acabo de pegar, a ver” y se lo comentás al psicólogo medio horrorizado porque no te animás a hacer una cosa así y el tipo te dice “perfecto, así es como se debe proceder con los chicos”.

Uno no quiere que el nene sea un excluído, y se encuentra con que los mecanismos de la exclusión son diversos. Es lo que diría el cliché, pero no sé cómo funciona esto en la realidad hoy. No sé si ahora es como en los 70, para el caso. De esa época vienen las historias de chicos que fueron a terapia familiar porque los criaban padres progres sin que vieran televisión, sin que hubiera televisor en la casa, y salían del consultorio con la prescripción de ir directo a una casa de electrodomésticos a comprar un televisor para que el nene abandonara el mundo de los excluídos. Pero en ese momento existía todavía algo parecido a una sociedad integrada, y ahora tengo la sensación de que no. ¿Entonces respecto de qué sería la exclusión? ¿del club de los coleccionistas de autitos de los años 50? Pero si no te aceptan ahí, te aceptarán en el club de criadores de hormigas en www.marabunta.org, o en algún otro. Ahora los nenes (al menos la mayoría de los que se juntan con el mío) miran Ben 10 en el Cartoon Network (aviso para padres que no estén enterados: detrás de casi todo nene que aprovecha cualquier situación para plantear que “¡No es justo!” hay muchos capítulos vistos de Ben 10, donde el protagonista se la pasa repitiendo ese yeite) y nosotros en casa no tenemos cable, pero entonces le bajo al nene los capítulos de Ben 10 y los ve ahí sin las propagandas. Y también le bajo capítulos de la Pantera Rosa, y otros nenes que tienen cable le piden si el papá no les puede hacer una copia del DVD de la pantera rosa, que a eso no lo pasan en Cartoon Network ¿Queda excluído de algo en ese caso? No sé, por ahí de las otras cosas que pasan ahí en el cable. De las propagandas, también. ¿Son importantes las propagandas para crecer en el mundo? No es una pregunta retórica, la verdad que no lo sé. ¿un chico tiene que estar acostumbrado a enfrentarse con las propagandas? Yo me sigo resistiendo (por ahora sin sentir traumatismos) a poner cable en casa. Muchas veces me siento yo mismo excluído por no tener cable, pero ese es otro asunto.


raffo

No, no pasa nada. Podés vivir sin cable y sin propagandas (aunque el cable no debería tener propagandas, ¿por qué tiene?). Nosotros volvimos a conectar nuestro televisor al mundo cuando llegamos a Inglaterra, hace dos años, y no vimos nunca, ni una vez, la tele. Películas sí, pero la tele no. No nos sale. Nos desacostumbramos. Pero nos fuimos por las ramas y esto era la aclaración inicial, lo de los chicos. Que es una obviedad, en realidad, pero hay que aclararlo — la corrección política sólo puede tener sentido en ámbitos en los cuales hay, efectivamente, una manera “correcta” de encarar las cosas. El arte, la vida privada, la gastronomía, qué se yo… son ámbitos en los cuales no tiene ninguna aplicación razonable.

Si aceptamos esto, la primera sorpresa es que la política y la vida pública no son ámbitos adultos; son “all audiences”, lo cual me parece bien. Partiendo de ese ejemplo de que ninguno de nosotros es racista, hay una cierta nobleza entonces en nivelar para abajo y despojar nuestro discurso de matices que tal vez lo enriquecerían pero también podrían complicar las cosas en nuestro diálogo con otras personas que no conocemos y tal vez sí sean racistas. Es un statement positivo, por partida doble: no aceptás la discriminación, y sí aceptás la existencia de personas con tendencias discriminadoras, a quienes invitás a participar de tu canon “aceptable”. O, mejor dicho, los extorsionás: si no aceptan el canon, se revelarán como racistas. Como con todo en la vida, se le puede dar un uso extremadamente pelotudo a esta estrategia, pero creo que en general está bien, es útil, y mucho mejor que la guerra civil, por citar otra estrategia posible para abordar los mismos problemas.

¿Los resuelve, los problemas? No a corto plazo. Y a largo plazo seguramente no del todo, tampoco, aunque no es lo mismo ser parte de una generación que naturaliza la discriminación en su lenguaje cotidiano que crecer en una sociedad que, sin dejar de ser injusta, por lo menos acepta esa injusticia como problema y no como condición natural. La corrección política supone un consenso, y presiona a quienes se quedaron afuera de ese consenso para que lo acepten (aunque sea a regañadientes), o bien declaren explícitamente que no lo aceptan. No está mal, en principio, sobre todo si el consenso está de nuestro lado.


hernanii

Entiendo, como dice Huili, que con los chicos es difícil es planificar y uno tiene que (supongo, no lo sé) ir viendo qué hacer y qué no. Y, como dice Eliseo, que padres idealistas o pacifistas pueden criar hijos cínicos o patoteros. Me lo pregunto entonces con un ejemplo distinto. Grupos de amigos, varones, grandes. He visto interactuar a grupos de amigos, generalmente amigos de amigos míos, donde la manera principal que tiene de relacionarse es gastarse. Si están hablando de una mina, siempre salta uno que dice: “¡Bueno, pero ni en pedo es más perra que la hermana del Turco!” Todos se cagan de risa y el Turco hace como que también se caga de risa. A mí esas situaciones siempre me dan un poco de vergüenza ajena, pero también me pregunto si estos pibes no tienen ya tanta confianza entre ellos, se conocen tan bien, que saben tener sentido del humor sin que nadie se lo tome demasiado personalmente.


raffo

Bueno, pero ahí yo no sé si el ejemplo tiene algo que ver con la corrección política. Lo que describís ahí es una relación patológica de gente que en realidad no se soporta, amigos residuales que sólo se toleran si hacen eso. O por lo menos a mí me suena así. Insisto en que si hablamos de corrección política tenemos que hablar de la arena pública, porque en privado las formas que toman las relaciones entre las personas son infinitas, y no hay canon que valga…


brener

De todos modos a la corrección política uno la percibe como un fenómeno “creciente”, ¿no? Da la sensación de que cada vez va un poco “más allá”, como si una suma de razonamientos hubiera llevado a establecer una cadena entre llamar “negro” a un negro y quemarlo en una hoguera. Como que las consecuencias de lo dicho son impredecibles y contagiosas, como cuando el Quijote “se volvió loco por leer libros de caballería”. Cualquier persona sensata diría que si alguien se vuelve loco, seguro que lo que menos tiene que ver es el libro que leyó. Pero este principio parece medio irradicable, al menos en lo masivo. Está en las propagandas de TyC sports que les dicen a los hinchas de fútbol “cuando ellos te dicen que cantes los vamos a matar, vos no cantes, porque después ellos van y matan”, como si ellos mataran porque vos cantás. Pero en fin, lo que parece establecido es lo de la corrección política como algo cimentado, construido “a partir de” y de adelante hacia atrás. En algún momento, por algún motivo, se empezó a considerar que estaba mal quemar a un negro en una hoguera. Quizá a partir de eso se decidió que azotarlo hasta dejarlo medio muerto también estaba mal, porque la gente que es capaz de hacer algo así, finalmente termina matando a la víctima. Y por extensión, se habrá decidido que estaba mal azotarlo a secas, porque un tipo que es capaz de empezar a azotar a otro porque sí, seguramente es capaz de azotarlo hasta dejarlo medio muerto, y así sucesivamente. Así debió haber pasado también con el cigarrillo.

Está el caso de cuando te parás en un semáforo y viene un pibe a limpiarte el parabrisas. No le decís “negro puto” primero porque no se lo dirías de ninguna manera, y segundo porque te da miedo. Le decís por ahí ‘padre, no tengo monedas’. El pibe entonces te dice ‘no importa, igual’ y ahí te empasta el vidrio y si lo dejás te hace quedarte ahí durante otro cambio de semáforo. Así que para que finalmente se vaya sacás nomás una moneda que no tenías y se la das, y el tipo no te va a venir a bravuconear con que “¿ah sí? ¿no era que no tenías monedas, puto?”. Te dice simplemente “gracias, maestro”, y vos te vas. Digo, que en la tensión del momento (en que estás apurado, te sentís prepoteado, te da cagazo porque no sabés si puede pasar otra cosa) es perfectamente factible que mientras esto se desarrolla pienses para tus adentros “negro puto”, pero justamente ahí te enfrentás con la diferencia de segmentos sociales y tratás de zafar elegantemente, porque si reaccionás con el instinto, el conflicto escala. Y el tipo ahí también es probable que tenga ganas de romperte la cara por mentiroso y porque seguramente tenés cosas que él no tiene cuando finalmente le das la moneda, pero él está ahí laburando unos manguitos, no armando escaramuzas, y mal que mal trata de mantener su código de customer satisfaction.

Bueno, creo que me fui contradiciendo, pero lo que intentaba plantear es que lo de la corrección política parece algo construído muy de a poco, reafirmado, en capas, y por otro lado un protocolo, una herramienta de precisión para enfrentarse a situaciones en las cuales uno desconoce el universo del que tiene delante (si lo conocés y pensás que no hay peligro, adelante, decile negro puto). Entonces ¿la sociedad en que uno puede gritarle puto al otro sin que se ofenda, es una utopía? ¿Es como si se pudiera tirar una bomba atómica contra la corrección política y sobreviniera el día después? ¿O una sociedad experimental? ¿Algo como un club con determinadas reglas de consorcio? ¿O una revolución? No entiendo si vos planteás una realidad paralela, una ucronía, un ‘qué pasaría si no se hubiera construido esto’ o si planteás la posibilidad de construir algo distinto dado lo que ya hay. Asumo por la descripción que hacés que no planteás ese hipotético universo como una vía para que los conflictos “estallen” o “se resuelvan”, sino que simplemente te hincha las pelotas la corrección política y te preguntás cómo podríamos sacárnosla de encima. Aclaro que a mí también me hincha las pelotas la corrección política, en todo caso.

¿Cómo sería una sociedad más fuerte o más segura de sí misma? Digo ¿las sociedades no tienden a atomizarse, a dividirse en fracciones de subsegmentos de segmentos, a compartimentarse con mayores diferencias? Entonces sería cada vez más difícil hablar de “una sociedad”, y todavía más difícil hablar de que sea fuerte y segura de sí misma, porque esto presupone que esté más integrada y no menos.


raffo

Es cierto eso que dice Brener. Hay un tipo que escribió un libro sobre eso hace poco, “The Big Sort”, se llama. Es bastante convincente, por lo menos en la denominación, que yo uso todo el tiempo ahora: “clustering”. Hay una relación entre el clustering y la corrección política, son temas que se tocan, aunque ya hablamos mucho hoy, es tarde y todavía me tengo que bañar y preparar las cosas para mañana y no me da la cabeza para intentar una aproximación a eso (y si no duermo mañana va a ser peor, voy a estar más pelotudo, y no se me va a ocurrir nunca, así que lo anoto ahora acá para seguir sobre el tema después).


hernanii

En 2001 hubo en Argentina un programa de televisión que se llamaba Políticamente incorrecto, conducido por Reynaldo Sietecase y Daniela Fernández, que tenía la particularidad de ser bastante políticamente correcto: frepasismo sentimental, contra el FMI, la corrupción y los obispos, a favor del cine independiente, nostalgia de los trenes perdidos. Todas opiniones mayoritarias, no sé si en la población pero sí por lo menos entre los que hablaban en voz alta y tenían un micrófono cerca. Me acordé de ese programa porque en Argentina muchísima gente cree que la corrección política es una cosa de derecha, que es algo que uno hace para fundirse en el sistema y hacerse indistinguible de sus congéneres: la definitiva adaptación. Y en realidad es todo lo contrario: la corrección política nació en las universidades gringas para reemplazar las palabras que los malvados white-heterosexual-christian-males habían usado durante siglos para referirse a todos los que no fueran white-heterosexual-christian-males. Es cierto que pronto todo eso derivó en una jerga, casi en una caricatura de qué decir y qué no decir, pero eso no quiere decir que su impulso inicial no haya sido progresista. Y en el fondo lo sigue siendo. La mayoría de los que sienten nostalgia por la incorrección política son white males, que putean contra las leyes de acoso sexual. El año pasado, en mi último laburo de oficina, dije un día la palabra maricón en voz alta y a los quince minutos estaba en la oficina de la jefa de mi jefe, dando explicaciones y aceptando ir a un curso de tres horas sobre convivencia en la oficina. Yo no soy muy white ni muy christian, pero al principio todo el proceso me pareció una exageración. Ahora no tanto.


raffo

A mí no me cabe ninguna duda de que los fundamentos a favor de la corrección política son “progresistas”, que en este contexto es lo mismo que decir “buenos”, ¿no? Mis problemas con la corrección política (que también los tengo) aparecen cuando se da vuelta y en vez de instalar un problema como tal, lo niega. Ejemplo: la actitud media del progresista medio bienpensante hacia fanatismos instaurados en culturas con las cuales (por ser más pobres, más sufridas, más temibles o más incomprensibles) mejor no meterse. “Es otra cultura” funciona perfectamente si estás hablando de los hábitos alimenticios del musulmán ortodoxo, pero no funciona en lo más mínimo si estás hablando de sus hábitos conyugales. Y ahí se complica, ¿no? ¿Qué pasa si el canon de la corrección política nos cae bien sólo cuando estamos de acuerdo? ¿En qué estamentos se discute? ¿Con qué criterios? Ah, qué se yo. Seguro que alguien nos manda buenas respuestas a esto último, como para ayudarnos a encarrilar la discusión.


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6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
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2. Matutinas
1. Residuo Nocturno
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