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Llach, con los Ramones en el Colón

16 10 2008 - 07:18

La canción que vamos a tocar ahora se llama: 23 Vendimiario del Año V de la Era de la Redistribución Kirchnera. Uhmn, doj, trej, va.

Esto que vamos a contar no lo soñamos, esto nos pasó ayer. Estábamos en el Teatro Colón, con nuestras Penalty 99 rotosas, haciendo pogo, abrazados al presidente de una conocida marca global de zapatillas. En el escenario estaban Los Ramones, o lo que queda de ellos. Lo que queda de ellos es lo que queda de uno sus bateristas, Marky, sus restos mortales. Un señor que rozando los 60 se hace llamar Marky Ramone, acompañado por instrumentistas de la banda local Expulsados.

El presidente de la conocida marca global de zapatillas pospunk es un gomía de la infancia, y no es un hijo de puta, todo lo contrario. Es un pibe que se rompió el locu, que cargaba cajas en el Tanti todos los veranos desde los 14, que recorrió Centroamérica con muestras de zapatillas, y a fuerza de trabajo y viveza llegó adonde está. Un homenaje desde acá al Tiburón, ese self-made man.

Vuelvo a repetir: señores de treinta y largos, modelitos rozando los veinte, gente de la noche, actorzuelos, noteros de la tele, boludos en general. Repito: 23 Vendimiario del Año V de la Era de la Redistribución Kirchnera. Llegó la Redistribución Kirchnera, pero la historia no se detuvo. La historia es eso: una productora insaciable de hechos. Y ahí estábamos: en un evento; un hecho, un acontecimiento. Estábamos en medio del pogo de “El KKK se llevó a mi mujer”, cuando el presi nos sugirió al oído que escribiéramos lo que estaba pasando. Y por un segundo, mientras el cantante (que era una imitación ligera, juvenil y argenta de Joey Ramone) apuntaba con el micrófono hacia el público, sentimos por un segundo que éramos Estanislao. Que éramos del Campo. Hace 142 años, en la versión mitrista del Teatro Colón, en el Hueco de las Ánimas (hoy Bartolomé, precisamente, Mitre, y 25 de Mayo), Ricardo Gutiérrez, médico, poeta, y guerrero del Paraguay como todos los machos de su generación, le sugirió a su amigo Estanislao del Campo que escribiera la historia cómica de un gaucho que iba a ver la representación del Fausto de Gounod (un francés que compuso también el Ave María con un preludio que le afanó a Bach). Era la ópera que Gutiérrez y del Campo estaban viendo en ese momento en el viejo Colón. Cuando volvió a su casa, Estanislao le hizo caso a su amigo y escribió un poema genial, que se puede leer acá.

Pero ahora, en el Año V de la Era de la Redistribución Kirchnera, solamente podemos contar lo que vemos, en formato canción de tres minutos.

Y lo que vimos fue esto: un evento, un acontecimiento, un hecho. Organizado por la conocida marca global de zapatillas vintage que preside nuestro amigo del secundario. Los dos puntos altos del hecho, que tuvo lugar ayer, 23 Vendimiario, en el edificio actual del Teatro Colón, eran estos: un recital de los Ramones, o lo que queda de ellos, y un desfile con modelos famosas. O lo que queda de ellas.

Todo contextuado por una muestra museal de vestidos de época, vestuario de ópera del Colón, con zapatillas pospunk rendidas a sus pies. Y morfi de una chica Narda Lepes, y Dom Perignon.

Primero vino el desfile, y estábamos en el primer asiento, primera fila, con los culos de las modelos a centímetros de nuestras narices. Era el primer desfile de modas de nuestra vida intelectual, sin contar la vez que a los dos años vimos desfilar el cadáver del General por la Avenida Libertador.

La primera en aparecer fue Dolores, que hizo sólo dos pasadas, esa y la final. Atrás, una manager de algún tipo relataba el desfile vía handy. Dolores, Dolo Barreiro, entró con su cara de pos-reventada, de soy la diosa del olimpo, fumo porro, estoy más allá. Con sus patitas de pollo, pobre Dolo, y su infinita tristeza remarcada por los pómulos salientes y los labios desproporcionados. Y después siguieron las demás, con sus culitos, sus tetitas, sus patitas, su tragedia, su tristeza. Era angustiante. La pornografía, dice alguien por ahí, no es un tema reservado para hombres solitarios frente a las pantallas de sus televisores y sus computadoras. Es la estética dominante. La que hace que chicas de once años vayan por ahí con panties que dicen SABROSO (juicy) a lo ancho de su culito. Una técnica de ventas que refuerza la desgracia y los mandatos.

Sí, loco, el mercado de la carne cruda nos puso moralistas. Las chicas iban y venían y al final de la pasada se paraban, y le ponían su mejor cara de reventadas al fotógrafo rubio que estaba al lado nuestro. Pasaron Jazmín, la imitadora de Kate Moss, la chica paraguaya que en los pasillos cotizaba en pesos, el chico gay, el chico lindo, el chico sacado de una de Tim Burton, las viejas estrellas Lara y Catalina (a Catalina la conocíamos, porque a Natalia un día le llegó un mail de un guionista anunciando una feria americana, y fuimos a un departamento de Charcas pintado de naranja, decorado con motivos aztecas, a comprarle ropa a Cata). Chicas imitando a personas destruidas por la heroína. Alguna tropezó con su capa, las otras se reían a la vuelta de la pasada, desde el público les hacían chistes internos.

El desfile terminó rápido, y vimos en el backstage a las chicas tirarse al piso. Pasamos por al lado de ellas y fuimos a otro salón a ver a los Ramones. Un security se puso heavy, y tuvimos a Marky a centímetros, también, demacrado, la caricatura de lo que uno piensa que es un músico de los Ramones. Un señor dedicado a cuidar su corte Rubber Soul, esperando en una peluquería de Los Angeles o Nueva York que lo llamen a tocar en un evento de zapatillas en el ortin del mundo.
Pero antes, con los Monra ya en el escenario, un tenor con traje y zapatillas de las estrellas cantó Needles & Pins acompañado por un pianista. Eso estuvo bien. El evento, el hecho, el acontecimiento estaba bien pensado. Abajo, la monada (toda gente con las necesidades suntuarias más que satisfechas) arrancaba con el pogo a ritmo de ópera.

Y después uhmn, doj, trej, va. Pet Cemetery, Sha-la-la-la, I Wanna Be Sedated, Blietzkrieg Bop, etcétera etcétera. Los chicos de Expulsados también tenían zapatillas nuevas (le pregunté a mi amigo si al menos les habían pagado el remise a Temperley). El bajista tenía una musculosa nueva de Los Violadores. Con ustedes, entonces, Los Ramones: un jingle demacrado al servicio de la explotación sexual, un número para entretener a la juventud tardía.

Pero igual nos metimos en el medio del pogo, con el Tiburón, con Natalia, con Emilio, con Daniel. A recordar las fiestas en los patios suburbanos acomodados. Los Ramones: energía controlada para chicos satisfechos.

Pero bueno. El recital terminó, le dimos un poco más a los sandwichitos de crudo, rúcula y queso de Narda y nos fuimos. El verdadero terror es bajar a un estacionamiento subterráneo y ver que todos los propietarios de autos son más chicos que vos. Después soñamos esto:

Los voy a matar a todos, dijo el Vasco.

No creo que lleguemos tan lejos, todo lo contrario. Pero tanta autoayuda de distintos tipos nos está destruyendo.

Vamos a empezar por los amplificadores. Un día vamos a empezar a romper las máquinas. Vamos a tirar todos los celulares al río. Vamos a presionar para sacar una ley que cierre todos los kioscos de la industria simbólica, incluyendo el de tipos de 60 años que necesitan ir a la peluquería para parecer Ramones. El punk está acabado, pero es una técnica más que sigue asegurando la explotación del ser humano por el ser humano. Vamos a prohibir que las modelos pongan cara de puta.

Vamos a prohibir que Dolores esté triste.

Vamos a destruir todas las máquinas y después la industria de los símbolos. Vamos a juntarnos todos en un último pogo del desamparo. Todos: los pendejitos que se juntan los sábados enfrente del Palacio Pizzurno, las modelos, los músicos punk, todos los de los grupos yahoo, los del grupo yahoo de estudiosos de Niklas Luhmann, que estuvo en silencio por meses y ahora arde en polémicas por la intervención financiera, los del grupo yahoo de padres de compañeros de la escuela de los chicos, los del grupo yahoo de pornografía casera.

Ya boicoteamos a mcdonalds y a coca cola por alimentarnos durante años con ácido corrosivo y deshechos genéticos. Ahora vamos a boicotear a google y a facebook por vaciar nuestras facultades cerebrales.

Vamos a ir todos haciendo el último pogo. El Tiburón, Emilio, Daniel, Natalia, Dolores, Mariel, Cabeto, Cecilia, Juan, Malena, Gonzo, Tomás, Sandra, Sebastián, Francis, León y Benita.

Marky Ramone va ir adelante tocando en la flauta la versión ramonera de What a wonderful world. Cuando lleguemos al río, vamos a ver si lo seguimos y nos hundimos con él, o si dejamos todo y nos vamos al campo a cultivar la tierra, porque esto ya no da para más.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo bolcheviques.

Gabba gabba hey!


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