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4. Tardecita

4 11 2008 - 13:28

Empieza a caer el sol en la Costa Este. pero todavía falta un poco para los primeros resultados y las exit polls. Nosotros esperando, rumiando, mirando.




21:35 BUE – Rinaldi, prendido a la Fox

Estoy desde la mañana prendido al Fox y a la CNN en español. La cadena que apoya a McCain armó un programa que se llama Strategy Room donde el técnico se mete en cámara y arregla la conexión de un monitor y los panelistas cambian en vivo. Pero esta tarde vi, en América 24, que la conductora de la tarde le preguntaba desde el piso a su corresponsal, después de un informe al menos prolijo:

—Obama, ¿tiene alguna cábala?

No me digan que eso no es divertido. Después, Oppenheimer dijo que los tres temas importantes de esta elección eran: “la economía, la economía, la economía”. Es menos gracioso me parece, pero en un contexto en el cual nadie se permite una sonrisa en cámara de más de dos segundos, fue bastante gracioso, porque a la mina que hacía la maratón hasta ahora (porque ya está Patri Janiot) no le quedó otra que sonreírse.




21:22 BUE – Morris, Juan mira Ezeiza por la tele

“Me atrevería a decir que esto mañana va a ser la tapa de todos los diarios del mundo”, dice el movilero de TN, un chico morochito, el pelo brilloso por el gel y traje oscuro, en un arranque de intuición periodística desbocada. En el piso hacen uno, dos, tres, cuatro segundos de silencio, cuatro segundos de silencio en una transmisión en vivo de un canal de noticias de la tarde, una pequeña eternidad insoportable para los espectadores acostumbrados a la fiebre de los choques y los tiroteos en vivo.

El movilero no está ni en Washington ni en Nueva York y no está hablando de Obama ni de McCain: el muchachito está en Ezeiza, en la sala de prensa del predio de la AFA. En la pantalla se ve a Bilardo, Maradona y Grondona, los tres de traje, muy serios, paraditos contra un fondo con muchas marcas, mientras los fotógrafos se pelean para sacarles una foto que de cualquier ángulo será igual de fea. Es la presentación oficial de Diego Armando en la selección y el movilero de TN está convencido de que el mundo está pendiente de esta conferencia de prensa al costado de la Autopista Ricchieri. Lo dice así: “El mejor jugador de todos los tiempos no solo genera expectativas en la Argentina. La expectativa es mundial”.

Diego no sonríe, pone una cara seria que no le sale y tiene un traje oscuro que le queda mal. Al Diego le quedan mal los trajes y cuando quiere ponerse serio hace una mueca horrible, doblando la boca para abajo, que no hace falta. Reíte, Diego, no vamos a pensar que te seguís drogando en el baño cuando nadie te ve. Sonreí, tenés que estar contento, sos el nuevo técnico de la selección, no tenes por qué estar serio. Un rato después, Diego agarra la listita y lee los nombres de los jugadores convocados. Lee como un maestro de escuela, como si estuviera haciendo una joda para que sólo se rían los intelectuales de izquierda: “Romero, Sergio; Coloccini, Fabricio; Díaz, Daniel…”. ¿Y Messi, Lionel? Messi, Lionel, no.

No me digas, Diego, que ya transaste con el Barça y con los arreglos de Don Julio. No me digas que vas a aceptar los términos del establishment. ¿Y el tatuaje del Che? ¿Y la amistad con Fidel? ¿Y esa reivindicación patriótica en la que las Malvinas volvieron a ser por un rato nuestras otra vez cuando le hiciste el gol con la mano a los ingleses? No me digas que sólo fue pura picardía de potrero, no me digas que era sólo hacer el gol, sólo eso. No me digas que sólo nos queda creer en Obama.




20:44 BUE – Matías Maciel, desde Queens

Me desconozco. Acostumbrado a ser optimista, debería –y desearía– estar fascinado, ansioso por ir a cualquiera de las decenas de fiestas que habrá esta noche por toda la ciudad para celebrar la victoria de Obama. Me levanté temprano, leí todos los diarios y tengo la tele encendida. Ahora, ya un poco aburrido, busco sin demasiada esperanza al Artemio López gringo para que me diga en su blog qué dicen las encuestas a boca de urna.

Empujado por Hernanii, este mediodía, me fui a dar una vuelta por el barrio. Me daba un poco de fiaca, pero después pensé que podía servir de inyección anímica, que las colas de gente con ganas de cambiar el mundo podían hacer el milagro de convertirme en el joven entusiasta que en Argentina vivía cada elección como si fuera para gobernar el universo.

Me puse las zapatillas y me colgué la cámara de fotos al hombro. Vivo en una calle que sirve de límite entre Woodside y Sunnyside, dos barrios de clase media de Queens, en Nueva York, donde predominan los edificios pre-war –moles de ladrillo colorado– antes que las brownstones de barrios más señoriales. Creo que pifié la hora, porque más que jóvenes fervorosos me crucé con ancianos anesteciados. Como si fuera poco, el sol que vio Hernanii en Brooklyn ni siquiera se asomó en Queens.

Hace dos años y medio, antes de venir a vivir a Nueva York, me entusiasmaba saber que viviría este momento desde adentro, y eso que todavía ni siquiera se insinuaba tan bisagra histórica. En aquellos días hasta fantaseaba con sumarme a algún equipo demócrata para experimentar en carne propia una campaña electoral gringa. Y ahora, nada. O mejor dicho, en palabras de Gustavo Noriega, un perfecto aguafiestas, mucho más cerca de Caparrós que del amigo Semán.

Quiero que gane el negro, pero no me emociona. Incluso, si estuviera habilitado ni siquiera lo votaría. Igual que Schmidt, mi candidata era Hillary y, antes de ella, Bill Richardson. Ahora le daría mi voto a Nader. Estoy casi seguro, el contexto me condiciona. La mayoría de los jóvenes que hoy lucen el botón con la foto de Obama en la solapa son los mismos que la semana que viene volverán a saltearse las páginas de política de los diarios.

Pero qué bronca, cómo no estar más entusiasmado.




19:44 BUE – Gargarella, viviendo en el subway

Me reunía a almorzar con un profesor amigo, lejos, por allá abajo. Él llegaría cansado: había ido a votar a las 5:30 de la mañana; repito, 5:30 de la mañana, y había hecho una hora de cola, repito, una hora de cola, a las 5:30 de la mañana. Buenas noticias. Yo llegaría de lejos, desde acá arriba, lo que implica casi una hora de viaje, entre subte y caminata. La caminata me gusta, sobre todo cuando voy con la cámara, sobre todo en un día como hoy. (Ahí fui recogiendo algunas postalcitas: tres violinistas con máscaras de Sarah Palin, ejecutando canciones de despedida a Bush; un policía gordo argumentando por qué no Obama; las caras insatisfechas de alguna gente yendo a votar al _Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender Community Center”; un poster de Condolezza Rice con dientes de Drácula, sobre una bolsa de basura, y pegado contra un árbol transformado en bruja de Halloween con ametralladora. Es lo que ví, lo juro.)

Iba a encontrarme con el profesor éste, decía, así que hube de tomarme el subte. Ésta –la de tomarse el subte- es de las experiencias que más me gustan y espantan, en los días por acá. Para trayectos largos, como el de hoy, voy preparado como para campamento. Llevo, sobre todo, mis propios papeles (cosa de evitar la lectura de avisos irritantes, especialmente los que vienen con fotos de abogados con peluquín o cirugía plástica, dirigidos a captar litigios de los amigos hispanos), y llevo mi
iPod (cosa de evitar los gritos de el/la conductor/a del subte, que indefectiblemente dice cosas que, o no entiendo, o –en lo poco que entiendo- involucran mensajes apocalípticos, del tipo “el subte no sigue, y no sabemos por cuánto tiempo podremos estar aquí parados”). El problema es que a la contaminación auditiva y visual se suma la olfativa y que yo cada vez tengo menos tolerancia hacia los panchos con ketchup, mostaza y napalm. Una pena. Por suerte me quedan los viajantes, diversos, multirraciales, amontonados, fascinantes y temibles, todo sin orden, abrumadoramente. Un festival de rostros, historias y expresiones, todo para mí, todo gratis, sin feriados, para cada momento, para cada vez que lo quiera ver.

La promesa de una felicidad sin fin, en continuado. El subte es esta ciudad, para mí, cada día.




19:31 BUE – Schmidt desconfía de Baley

Para mí la verdad que no es muy divertido el tema. Mi candidata, Hillary, perdió. Y mi sensación es que este grone me caga arriba de un palo. A juzgar por cómo vive el hermano que tiene en Kenya, ¡el hermano, loco!, y por el hecho de que no pudo mandar a la abuela a hacer una interconsulta con el doctor Chacón en el Fleming de Buenos Aires no doy dos dólares por lo que me puede esperar a mí. No es el triunfo de Alfonsín que hizo feliz a mucha gente querida, entonces me hizo feliz a mí, además de cambiar el entorno un poquito: los debates en el Congreso y todo eso, Casella, Pugliese, tiene la palabra el diputado Radonjic. Esto aburre a la gente sensible, Billy The Raffus. Y en algún sentido me preocupa que la gente que no ve un mango con esto le ponga tanta pasión a la elección americana. La cuestión racial sé que no es menor, atençao, pero los negros ya hemos avanzado tanto –ya hicimos la tormenta del desierto con Powell, la búsqueda de armas jodidas en Bagdad con Condolezza– que la llegada del Black Power a la Casa Blanca será más power contra los blacks, contra todos los tipos de negritud que hay en el mundo. Ojo, no quiero ser antiyanqui, que queda tan mal, Raffo. You feel me? Sólo quiero decirte que para escribir hay que sacar de las zonas cálidas de la memoria. A menos que escribas para figurar. Que no está mal. Hay una sola vida, lo que decimos siempre. Pero en la Argentina ya no se figura por escribir. Lleva tanto tiempo que en ese lapso hiciste diez cafés con Capaccioli y mejoraste tu espacio, compraste más farolitos para la básica. We want change, Raffo. Yo quiero tener auto, Raffo. Quiero que Llach tenga auto. ¿Te parece normal que dos tipos tan bien parecidos, tan entrenaditos, tengamos que seguir en colectivo a esta altura de la soirée? En fin. Igual estoy contento. Cirilo presidente. Chocolate Baley, técnico de la selección. Deja de haber diferencias raciales en la cima. Bien. Que no se corte la onda, que siga para abajo. Pero la veo difícil.




19:22 BUE – Sebastián Alonso Dorola,
aún esclavo de Télam

El lugar común de cada elección yanqui es decir que no cambia nada. Cada cuatro años sufrimos la opinión de expertos, que se la pasan comparando nuestro patológico comportamiento pendular, esa obsesión por el borrón y cuenta nueva ante cada cambio de mando, con el continuismo de los EEUU, donde las reglas de juego son claras y sólo queda el fine-tuning para demócratas o republicanos. Los hombres pasan, las instituciones quedan.

Esta vez, en cambio, el consenso es otro. Nos dicen y escuchamos que votar BO o JMcC va a modificar de manera radical a los EE.UU. en particular y al mundo en general. Por eso me llama la atención que el estado de Mitch en su perfil de facebook no haya tenido referencias a su voto. Ni links a páginas de Barack ni ningún aviso del tipo Mitch had joined the group “we deserve Obama cause we deserve a change”.

Para que tengan una idea sobre lo que les hablo, les cuento que Mitch es un joven neoyorquino, licenciado en Letras y escritor, que podría perfectamente ser el personaje liberal de un capítulo de los Simpsons.

Cuando estuvo en mi departamento de Balvanera hace varios años, casi se emociona hasta las lágrimas por los techos de 4.60m y los pisos de pinotea circa 1910 y no pudo contener el llanto cuando vio en la biblioteca de su contacto en el Tercer Mundo un libro de Franzen anterior a Las Correcciones y una versión original de In The Aeroplane Over The Sea.

Ojo que un tipo cosmopolita como él, muy lejos del redneck ignorante de todo lo que ocurre fuera de su condado, venía acá con bastante data de Buenos Aires, Argentina y toda la historieta de auge y decadencia de la capital sin imperio. Igual parece que la realidad lo superó. Mitch, que había llegado a mandar mails para tantear el mercado inmobiliario en Buenos Aires después del segundo triunfo de George W. –en una versión Northern Hemisphere del “si gana el Turco me voy del país” que, como es una persona inteligente, nunca concretó–, no está prendido en la movida del progresismo born in the USA sobre lo trascendental de esta elección.

No se lo pregunté directamente, porque prefiero la especulación cuando es gratis e indolora como en este caso, pero por aproximaciones asintóticas al asunto creo entender que Mitch da el triunfo por descontado. Le parece imposible que un partido que sufrió el peor atentado de la historia de su país, inició guerras con escaso apoyo internacional y de incierto resultado final, más allá de la muy concreta muerte de miles de personas, y que encima ha generado, por acción u omisión, la crisis financiera más importante de los últimos 80 años, tenga chance de pelear esta elección.

Mientras tanto, acá seguimos enterándonos por uno de los miembros del holding noticioso del SPN de todas las cosas que chequearemos al llegar a casa. .


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