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Zuazo, en el ala reformista

22 01 2009 - 15:37

Disculpen, no quería escribir sobre la asunción de Obama. Se supone que es tarea de los enviados especiales o “los de allá”. Me aguanté un día, ya es tarde. Pero tengo que hablar de eso, porque una nota de Atilio Borón en Página/12 no me deja irme a dormir.

Y también porque ayer, escucharlo a Obama me hizo sentirme, después de mucho tiempo, otra vez dentro de un algo. Llamémoslo idea del mundo, o compendio de valores generacionales que incluya el amor, el humanismo, la libertad y la diversidad. Llamémoslo ilusión de recrear otras viejas ilusiones, como la de que no es posible que las generaciones que vienen bajen sus horizontes, o que “ la esperanza le gane al miedo”, o que no es posible vivir eligiendo entre “seguridad e ideales”, o que no se puede seguir con “indiferencia ante el sufrimiento” mientras la pobreza se extiende. Llamémoslo hoy, por un solo día, algo de lo que aún no hay pruebas, pero que seguramente es un algo mucho más interesante y constructivo que la crítica que venimos escuchando desde siempre. Y lamento decirles, y si quieren hasta me disculpo otra vez (porque parece que es lo que Borón quiere) antes de decir que por ahora me esperanzo y sí, chicos, soy optimista, porque cuesta no ser optimista cuando te das cuenta de que volvés a creer en las palabras de alguien después de 25 años, aunque esas palabras estén lejos.

Lo que escribió Borón viene con unos argumentos que se parecen más a los de una izquierda de esos hijos de europeos millonarios que se van a poner una casa okupa a un país vecino y desde ahí creen que hacen la revolución, que a los de un tipo que fue un brillante profesor mío cuando estudié Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Podría decirles “me entristece que ahora tenga estos argumentos, cuando él solía alentarnos a cambiar las cosas”. Pero no, no me entristece nada, porque aún con mi carrera en la universidad pública y diez años de laburo sin parar —con quince días de vacaciones por año y sin comprarme ningún auto todavía— no le tengo miedo al éxito, ni al mío ni al colectivo. Es más, me parecería grandioso que lo hiciéramos.

Pero parece que Borón sí le tiene un miedo atroz al éxito. Porque para él, la hora de Obama “confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación”.

Bueno, profesor, si por “medios del establishment” entendemos a Internet, que fue el gran medio de la campaña de Barack, entonces tendremos que aggiornar en los manuales de izquierda la definición que decía que eran la “televisión estupidizante liderada por CNN”, ¿no? Si de repente lo que nos pide el progresismo de la facu es abandonar la propaganda y las ilusiones, entonces ya que estamos abandonemos la política, porque no podremos proponer nada, ni siquiera cambios en la propiedad de los medios de producción, tal vez la más hermosa de las ilusiones posibles, que sólo es posible de defender con pura política, bien y recontra profunda.

El argumento de Borón es que en Estados Unidos se necesita cambio, y Obama sólo propone continuidad. Dice además que Venezuela y Bolivia son mucho más democráticos que los Estados Unidos, basándose principalmente en la idea de que el colegio electoral es una institución tramposa.

¿Venezuela, más democrática que Estados Unidos? Dato: El 2 de febrero de 2009, Chávez va a cumplir diez años en el poder. Incluso estando de acuerdo con gran parte de sus medidas: ¿diez años, democracia? Y no, si hace falta, aclaro: nada me acerca a C5N, que seguro está preparando un especial sobre los “10 años de dictadura en Venezuela”. Y si hiciera más falta, aclaro: creo en la democracia, voto militantemente y voté a Kirchner en el 2003.

¿El colegio electoral como una institución tramposa? Por supuesto, hay mejores sistemas de traducción de votos en cargos, pero, dato: hasta la reforma de la Constitución argentina de 1994, el Presidente se elegía por ese sistema, y si quieren que lo pensemos todos juntos como en una clase de Sistemas Políticos Comparados, pensamos eso de si la Argentina ahora es más democrática, eh.

Borón también aplica los seis grados de separación ideológica para encontrarle el pariente facho a Obama:

“confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena“…”

Y, si de frases fallidas se trata, sigamos con Bush en el gobierno, total da lo mismo y nos va a proveer de una sarta de bushismos para cualquier noche de borrachera, o sostengamos que Chávez nunca las pronunció (aunque se demuestre lo contrario).

¿Cuál sería el argumento “de izquierda” entonces, si Obama se hubiera zarpado mucho y hubiera cambiado todo su gabinete con gente nueva y más allá, y hubiera puesto un defensor de Palestina, un gay casado en segundas nupcias y un ambientalista anti transgénicos? Lo que escribirían hoy sería: “Obama hace mal, porque en tiempos de crisis hay que ser cauteloso, porque cuando la izquierda hace grandes cambios la derecha siempre gana terreno con los votantes de centro”. Porque parece que uno se hace más de izquierda y más interesante si se pone pesimista, como si ser optimista fuera sólo prerrogativa de la derecha, como si tener esperanza nos convirtiera en ilusos que se compran buzones capitalistas y los pagan en euros.

Por ahora es cierto que todo recién empieza y no hay ninguna certeza. Tal vez tengamos que tener en cuenta un argumento muy interesante de Andrew Neil, que dice que un estilo de socialdemocracia europea a la Obama no sería muy practicable desde la Casa Blanca, donde seguramente se necesitará usar la fuerza. Tal vez, el mes que viene, Obama invade otro país, no hace nada con Guantánamo y se lava las manos con Gaza. Ahí volvamos a pensar, por supuesto.

Mientras tanto, el miedo al éxito nos tiene sin cuidado y nos gusta la imagen de Tina Brown sobre la asunción de Obama:

Era el 11 de septiembre al revés. La última vez que me di vuelta y vi tanta gente detrás de mí, fue aquel día terrible en New York, cuando las Torres Gemelas ardían y salíamos de las oficinas del centro y nos trepábamos a la Quinta Avenida. En ese momento las caras estaban perturbadas. Ahora están alegres”.

Y preferimos la contraparte en Página de la nota de Borón, firmada por Ernesto Semán, que dice que:

Para un país supuestamente dominado por la abulia y mayormente absorbido por el consumo, que la política se haya puesto de moda es una gran noticia.

Porque sino vamos a seguir pensando que lo único que se puede hacer para cambiar las cosas es la reforma agraria, y lo único que se puede anunciar en un discurso de asunción es la creación de soviets de producción, que nos aseguren buenos gabinetes formados con amigos con los que nos gusta ir a tomar unos vinos y criticar todo lo que otros no hacen y nosotros pensamos. De ahí a pensar que hay que demoler todas las casas mal construidas de la Villa 31 para que el problema se solucione, un paso. De ahí a pensar que si no tenemos 10 años seguidos de gobierno y control sobre el poder legislativo y la Justicia no se puede cambiar nada, otro paso. (En la clase de Borón esto me incluiría en el ala reformista).

Prefiero pensar, como dijo ayer Obama, que no es cierto que ya no se puedan hacer big plans. Los big plans se pueden hacer, y yo, disculpen, los prefiero con un poco de poesía y soul en los discursos, nadie que se inmole hasta la muerte y, sobre todo, sin romper tanto de lo anterior. Total, ¿ya vienen rompiendo mucho, no?

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Apenas termino de escribir esto y leo que Obama acaba de anunciar que cierra Guantánamo. Si quieren seguir siendo incrédulos, tal vez podrían inventar un análisis político contrafáctico, es decir, hablar de lo que tendría que haber hecho Obama, ignorando lo que efectivamente sí hizo. Es una idea. La tiro para discutirla en la facu.


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